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Opinión

Antes de votar, conoce la diferencia entre ganancias y beneficios

“El que tiene mucho desea más, lo cual demuestra que no tiene bastante; pero el que tiene bastante ha llegado a un punto al que el rico no llega jamás.” Séneca

Los patriotas tratan de explicarle a la sociedad civil que las cosas son como son. Que no hay más remedio que resignarse y no votar. Que es inútil. Inclusive te amenazan con una legislación a medida de la represión de los “inquietos”. Los tribunales nos demuestran que eso es así para mal de la mayoría. Los parlamentarios, por su parte, no legislan para corregir esa situación. Ese es el Statu Quo de la Transición.

Desde el 2010, los ingresos de la mitad de la población mundial se han reducido en un billón de dólares, lo que supone una caída del 41%. Mientras, la riqueza de las 62 personas más ricas del planeta ha aumentado en más de 500.000 millones de dólares. La inversión mundial hacia paraísos fiscales ha aumentado un 45% en menos de 10 años. Un hecho que tiene mucho que ver con el espectacular aumento de la desigualdad global en este periodo. El aumento descontrolado de la desigualdad ha creado un mundo en el que tan solo 62 individuos poseen tanta riqueza como 3.600 millones de personas, la mitad de la población mundial.

La inversión empresarial en paraísos fiscales se había multiplicado casi por cuatro entre el 2000 y el 2014, y supuso unas pérdidas de al menos 100.000 millones de dólares al año para los países en desarrollo. La utilización de los paraísos fiscales por parte de grandes empresas para reducir su contribución fiscal se ha venido convirtiendo en un problema sistémico. “No son solo unas pocas manzanas podridas, sino una práctica generalizada”, denunciaba Oxfam en 2018. Aquí ya habían aplicado la Amnistía Fiscal de Montoro. El gran “elusionador” de las obligaciones fiscales de los grandes patrimonios y corporaciones.

Nuestra Unión Europea, en plena pandemia, está protegiendo ese estado de cosas. Defienden el derecho a que las corporaciones tengan “ganancias” mientras recortan los “beneficios” de las personas directamente afectadas por el modelo neoliberal. Beneficios como la sanidad pública, la educación pública, la dependencia pública, las pensiones públicas. Hecho éste, argumentan, con la lógica de la pura ganancia si no fuese por lo desmedido de sus magnitudes. Es decir, los ministros que son promotores de las políticas restrictivas en materia de salarios o pensiones, no actúan en el sentido de limitar también las “ganancias” de los oligopolios y demás cárteles empresariales. Tal vez porque fueron designados para esa finalidad. Es probable. Antes de la Pandemia el mismo Banco Mundial advertía, en 2018, del empobrecimiento global:

El progreso económico en el mundo muestra que, si bien hay menos personas que viven en la pobreza extrema, casi la mitad de la población mundial, es decir, 3400 millones de personas, aún tiene grandes dificultades para satisfacer necesidades básicas, según el Banco Mundial. Vivir con menos de USD 3,20 al día reflejaba las líneas de pobreza en los países de ingreso mediano bajo, mientras que USD 5,50 al día representan el parámetro en los países de ingreso mediano alto, según lo señalado por el Banco Mundial en su informe bienal titulado “Poverty and Shared Prosperity 2018: Piecing Together the Poverty Puzzle” (La pobreza y la prosperidad compartida 2018: Armando el rompecabezas de la pobreza).”

Para los que se preocupan por el fenómeno migratorio deben saber que la pobreza y la pobreza extrema alcanzaron en 2020 en América Latina, niveles que no se han observado en los últimos 12 y 20 años, respectivamente. Así como un empeoramiento de los índices de desigualdad en la región y en las tasas de ocupación y participación laboral, sobre todo en las mujeres, debido a la pandemia del COVID-19 y pese a las medidas de protección social de emergencia que los países han adoptado para frenarla, informó estos días la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Me permito vaticinar otra ola de migración desde allí. Lógico. Son las víctimas de este modelo económico global.

La brecha de la desigualdad también se agrava en España. Las consecuencias de la pandemia incrementaron la tasa de pobreza severa. Es decir, personas con ingresos inferiores al 40% de la renta mediana. Ello significa con menos de 5.826 euros al año, o 16 euros al día. La pobreza severa subió desde el 9,2% precovid, hasta el 10,86% de la población. Estas son casi 790.000 personas adicionales, que ahora viven por debajo de este umbral de subsistencia, elevando el total de personas en pobreza severa hasta los 5,1 millones.

Como contrapartida, los milmillonarios españoles, desde que se declaró la pandemia en marzo de 2020, incrementaron su riqueza en unos 26.500 millones de euros. Cifra que es superior al coste de una de las principales herramientas de contención de la pandemia: los ERTE. Según informa Oxfam, considerando tanto las prestaciones como las exenciones en las cotizaciones a la Seguridad Social, entre los meses de marzo y septiembre de 2020, el monto de este “beneficio” ascendió hasta los 24.000 millones de euros. Un reparto equitativo de la carga fiscal es rechazado por los ministros amables con ese grupo. Se trataría de limitar sus “ganancias” para el “beneficio” de una gran mayoría de españoles y españolas. Para que mencionar al IMV que tanto cuestionó Nadia Calviño.

El fundador de Davos, Klaus Schwab, acaba de exponer en su libro “Stakeholder Capitalism” que:

“Tras el estallido de la covid no podemos continuar con un sistema económico impulsado por valores egoístas, como la maximización de ganancias a corto plazo, la elusión de impuestos y regulaciones, o la externalización del daño ambiental”. Para añadir: “nuestras economías nunca han estado tan desarrolladas, sin embargo, la desigualdad rara vez ha sido peor”.

En este punto, el concepto de “beneficio” debe precisarse. El término debe vincularse con la calidad de vida de los ciudadanos, no con las ganancias empresarias. No dejes que te engañen.

Ahora, ve y vota.

 

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