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Opinión

Antifascismo como responsabilidad democrática

Un artículo de Censored Jules.

Antifascismo como responsabilidad democrática

La democracia vuelve a peligrar. En ningún momento, desde su regreso tras el franquismo, ha gozado de unos cimientos excesivamente sólidos, pero la irrupción de la ultraderecha en la vida política está poniendo de manifiesto su debilidad.

Ayer asistimos a un espectáculo absolutamente bochornoso. Durante el debate electoral dirigido por Àngels Barceló en la Cadena Ser, Rocío Monasterio, candidata de Vox a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, frivolizó sobre la amenaza de muerte recibida por Pablo Iglesias y cuestionó su autenticidad. Una amenaza de muerte que incluía cuatro balas de Cetme, una para cada miembro de su familia, y que se sumó a las recibidas por el ministro del Interior y por la directora de la Guardia Civil. Tanto Pablo Iglesias como su familia han recibido innumerables amenazas por distintas vías desde su irrupción en política, impidiendo incluso que pudiesen disfrutar de una salida vacacional. Durante esta campaña, además de la citada amenaza de muerte, ha tenido que sufrir el acoso de un grupo nazi durante un acto público y ha visto cómo una de las sedes de Podemos era atacada con un cóctel molotov.

Los principales medios de comunicación han banalizado el acoso que ha sufrido en su propia casa la familia de Pablo Iglesias, utilizando con sorna la expresión ‘jarabe democrático’ para describir lo que en realidad eran comportamientos de acoso tipificados como delito en el código penal. La ultraderecha se siente impune, porque hasta ahora ha sido tratada con impunidad. Sin echar demasiado la vista atrás, podemos recordar cómo un exmilitar disparó en una galería de tiro contra fotos de miembros del Gobierno, y cómo la causa fue archivada. Poco después, un grupo de exmilitares llamaba a una “purga de rojos” y pedía “aniquilar a 26 millones de rojos, niños incluidos”, y de nuevo la investigación era archivada. Ante todo este elenco de ataques, los partidos democráticos se han venido pronunciado, con mayor o menor contundencia, para condenar los hechos. Vox jamás ha sido capaz de condenar de manera explícita ninguno de ellos.

Desde sus orígenes, Vox ha dirigido su acción política, con la colaboración necesaria de los citados medios de comunicación, a difundir el odio contra quienes consideraba “enemigos de España”, aunque en realidad simplemente fuesen enemigos de sus intereses. Los dirigentes ultraderechistas han negado la existencia de las mujeres asesinadas por violencia machista -siete en lo que llevamos de 2021-, han criminalizado a menores no acompañados por su lugar de procedencia, han amenazado con deportar a ciudadanos españoles por su color de piel, se han fotografiado con estatuas vandalizadas y han manifestado abiertamente su preferencia por la dictadura franquista frente a la democracia actual. Todo esto es absolutamente intolerable en una democracia.

Angela Merkel, líder del principal partido de la derecha en Alemania, pronunció en 2019 las siguientes palabras: “La libertad de expresión tiene sus límites. Esos límites comienzan cuando se propaga el odio. Empiezan cuando la dignidad de otra persona es violada. Esta cámara debe oponerse al discurso extremista. De lo contrario, nuestra sociedad no volverá a ser la sociedad libre que es”. Con este discurso, la canciller alemana quiso marcar distancias con la extrema derecha y dio una lección de democracia a sus colegas europeos que compadrean e incluso gobiernan con la extrema derecha de sus respectivos países.

El fascismo es un peligro real en España. En este momento, el eje político que tanto se ha reconfigurado en los últimos años vuelve a presentar nuevas dimensiones: antifascismo o fascismo. La contraposición tradicional entre izquierda y derecha queda diluida ante la presencia de esta amenaza para la democracia que viene envuelta en una bandera rojigualda con un águila de San Juan camuflada. No existen posiciones intermedias. O estás con quienes luchan contra los fascistas, o estás con los fascistas. No hay lugar para la equidistancia, la neutralidad ante las dinámicas de opresión de un grupo hacia otro supone la legitimación del grupo opresor y, de facto, el posicionamiento junto a éste. Cuando la democracia está en juego, combatir el fascismo no es una opción política, es una responsabilidad democrática.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Siurellet Mallorquín

    24 de abril de 2021 23:13 at 23:13

    Ya lo dijo Durruti hace mucho tiempo: «Ningún gobierno lucha en contra del fascismo para destruirlo. Cuando la burguesía ve que el poder se les escapa de sus manos, alzan el fascismo para defender sus privilegios.»
    Y si añadimos lo que dijo Lenin «El fascismo es el capitalismo en decadencia» podemos entender lo que sucede en España y concretamente en Madrid.

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