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Política

Aznar y González sueñan con la vuelta al bipartidismo

El expresidente del PP sabe bien que tres partidos españoles de derechas con expectativas electorales son demasiados, teniendo en cuenta la ley electoral vigente

Aznar y González sueñan con la vuelta a los viejos tiempos
Felipe González y José María Aznar

Durante más de la mitad del régimen del 78 –de 1982 a 2004, de los GAL a Irak– encabezaron el turnismo bipartidista de las políticas económicas indistinguibles, y ahora encabezan un nuevo intento de neutralizar la profundización democrática, el tercero tras los impulsos primero de Ciudadanos y después de Vox. Y es que el ex secretario general del PSOE Felipe González y el expresidente del PP José María Aznar se han puesto al frente del intento de recomposición del statu quo anterior al 15M (2011), la irrupción de Podemos (2015) y el acceso de la formación morada al primer Gobierno de coalición, a nivel estatal, del régimen del 78 (2019).

La esperpéntica moción de censura de Vox –puesta en marcha a pesar de sus 52 diputados de 350 y de su estigma de partido ultraderechista–, que acabó dejándole más solo que la una en el hemiciclo, olió a chamusquina prácticamente desde su presentación. Se ha dicho que, más que contra el Gobierno de coalición, iba dirigida contra el PP –cuyos gobiernos autonómicos y municipales, sin embargo, apoya–, pero el PP, gracias a un estudiado giro discursivo y a una cuidada puesta en escena, no sólo salió vivo de ella, sino que acabó siendo presentado por la prensa de derechas como la formación que mejor la aprovechó. De socio de la ultraderecha a partido “de centro” y “de Estado” en una mañana… y sin dejar de ser socio de la ultraderecha.

Tanto Pablo Casado como Santiago Abascal crecieron políticamente a la sombra de Aznar, que un día llegó a ejercer su capacidad de influencia no sólo sobre el PP de Casado y el Vox de Abascal, sino también sobre Ciudadanos; es decir sobre todo el denominado trío de Colón. Pero Aznar sabe bien que tres partidos españoles de derechas con expectativas electorales son demasiados, teniendo en cuenta la ley electoral vigente. Por eso –al contrario que sus correligionarias Esperanza Aguirre o Cayetana Álvarez de Toledo– animó públicamente al PP a votar en contra de la moción de censura del partido ultraderechista.

Aquel primer acto, en el que Vox se escoró de la ultraderecha a la ultraultraderecha –llegó a reivindicar el franquismo sin vergüenza– y el PP no dudó en presentarse como un partido “de centro” y “de Estado”, marcó un antes y un después para el trío de Colón, incluido Ciudadanos, que sigue buscando su sitio a base de lanzar cantos de sirena al PSOE para desplazar al bloque de investidura.

Dos fracasos

Tanto Ciudadanos primero como Vox después fueron impulsados contra Podemos y contra las formaciones que hoy integran el bloque de investidura, pero tanto Ciudadanos como Vox fracasaron en sus intentos de evitar primero que Podemos accediera al Gobierno y después que el Gobierno se apoye en el bloque de investidura. Ciudadanos y Vox seguirán interpretando sus papeles –el de los ultraderechistas, presentarse como la “única oposición” al Gobierno de coalición e incluso al ‘establishment’, al tiempo que sostienen gobiernos autonómicos y municipales de PP y Cs–, pero serán papeles cada vez más secundarios.

El segundo acto de la sobreactuada –por parte de Abascal pero también por parte de Casado, cada uno en su papel– moción de censura de Vox se ha producido esta semana, cuando Aznar ha instado a forjar una alianza entre “moderados y modernizadores”, frente al “radicalismo”. En la misma línea, González –que nunca pierde ocasión de cargar frontalmente contra el Gobierno de coalición– viene apostando abiertamente por un Ejecutivo del PSOE, en solitario, con el apoyo del PP. Es el enésimo intento, de los dos representantes más genuinos del turnismo bipartidista que caracterizó el reinado de Juan Carlos I, de neutralizar la profundización democrática en lo político, en lo económico y en lo social y volver a los viejos tiempos. Habrá más actos. Y todo ello, en nombre de una supuesta moderación.

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