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Entrevista

Berta Cáceres: la guardiana de los ríos que dignificó al pueblo lenca

Esta semana se cumplen cinco años del brutal asesinato a la activista hondureña cuyos autores intelectuales aún siguen sin juzgar

Asesinada por defender el derecho a la tierra, el agua y la vida. Galardonada con le mayor premio que se da en el mundo a la defensa del medio ambiente, The Goldman Environmental Prize. Berta captó la atención internacional hacia los derechos del pueblo indígena hondureño denunciando la explotación forestal, la presencia de bases estadounidenses en tierras indígenas y fue una firme feminista defensora de los derechos LGTB. Cofundó el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) desde donde durante más de diez años lideró al pueblo lenca organizado en manifestaciones y bloques contra la construcción de la presa Agua Zarca, de la empresa DESA.

Desde el golpe de Estado perpetrado por ejército en 2009 más del 30% del territorio del país se asignó a concesiones para minería. Megaproyectos de construcción (y destrucción) que conllevan el desplazamiento de comunidades indígenas y la privatización de ríos y territorios. Entre estas, se le entregó por un periodo de veinte años el río  Gualcarque a la empresa DESA "un río sagrado para el pueblo lenca".

En 2006 un grupo de indígenas lencas de la región indígena de Río Blanco, pidió ayuda al COPINH tras haber presenciado la llegada de maquinaria y material de construcción en su área. Se trataba de un macroproyecto para construir cuatro represas hidroeléctricas en el río Gualcarque. Los actores implicados eran la compañía china Sinohydro, la Corporación Financiera Internacional (CFI) del Banco Mundial y la compañía hondureña Desarrollos Energéticos S. A. (DESA). Según el Derecho Internacional, el pueblo indígena debe ser informado sobre cómo se usarán las tierras en las que viven y al no suceder esto, el desarrollo del proyecto y las empresas habían violado la Ley Internacional y puesto en peligro el modo y medios de vida del pueblo lenca.

A partir del 2013, Berta Cáceres dirigió al COPINH en esta campaña de protesta. Una de sus principales acciones fue el bloqueo del acceso al área de construcción por más de un año. El 15 de julio de 2013, los militares de Honduras abrieron fuego contra algunos miembros del COPINH, quienes realizaban una protesta pacífica, causando varios muertos y heridos. A partir de ahí comenzó el acoso, las amenazas y el hostigamiento por parte de las compañías constructoras, la policía y los militares activistas locales y grupos indígenas, a la vez que se les criminalizaba y se les presentaba en los medios de comunicación como violentos, peligrosos y terroristas. Las presiones del COPINH, consiguieron que a finales del 2013 Sinohydro y la CFI se retiraran del proyecto pero trasladaron el área de construcción al otro lado del río con la intención de evitar bloqueos de los activistas.

Persecución hasta la muerte

Según la organización Global Witness, Honduras es el país más peligroso para ser activista medioambiental. La gran impunidad de las agresiones, desapariciones y asesinatos a los ecologistas preocupa a organizaciones de todo el mundo como Amnistía Internacional o Greenpeace. La propia Berta sabía desde hace tiempo que su nombre figuraba en la lista de personas amenazadas de muerte en el país, pero nunca quiso aceptar la ayuda gubernamental debido a su desconfianza en las "medidas" de precaución del Estado pero si empezó a tomar sus propias medidas de seguridad como no dormir dos noches en el mismo lugar o utilizar el teléfono móvil para que no pudieran localizarla. Una semana antes de su muerte la activista denunció amenazas de la empresa DESA. La noche de su asesinato, Berta se encontraba con con el también activista Gustavo Castro Soto (Amigos de la Tierra) él se salvó haciéndose el muerto tras el tiroteo y es el único testigo del asesinato de Berta Cáceres.

¿Dónde están los autores intelectuales del crimen?

Es la pregunta que se hace su familia, COPINH, el pueblo lenca, las organizaciones y la Comunidad Internacional. En el juicio celebrado en 2018 se juzgó a siete personas pero siguen estando muy lejos los autores intelectuales del asesinato. Desde LÚH hemos querido hablar con Juantxo López de Uralde, activista medioambiental, fue presidente de Greenpeace durante diez años y actualmente es diputado de Unidas Podemos en el Congreso. Él recuerda cómo los días posteriores al asesinado de Berta, sus compañeros de grupo parlamentario sostuvieron un cartel que exigía justicia para su causa. Hoy, cinco años después, charlamos con él sobre la impunidad que existe sobre los crímenes sobre activistas medioambientales de todo el mundo y cómo el caso de Berta sirvió para visibilizarlo

Pregunta: ¿Por qué esta impunidad con los asesinados por activismo climático?

Respuesta: Como suele pasar con estos crímenes, desgraciadamente si existe presión internacional se investiga con más celeridad. Pero es un patrón que se repite en estos casos: las investigaciones siempre van con pies de plomo en contra del esfuerzo que habría que hacer y cuando realmente hay presión social e internacional, como en este caso, se acaba juzgando a los autores materiales pero nunca se sabe realmente quién está detrás porque obviamente hay alguien más detrás

P:¿Se seguirá investigando el asesinato de Berta Cáceres?

R: Se han presentado recursos y se está intentando que la investigación continúe, otra cosa es que haya voluntad real para llevarlo adelante. Este es el problema.

"Chico Méndez o Berta Cáceres son la excepciones en un continuo goteo de asesinatos donde no hay ni esa presión internacional  ni presión para investigar"

P:¿Por existe en Honduras tanta impunidad en la persecución y atentado a los activistas medioambientales?

R: Desgraciadamente asistimos a una situación, no solo en Honduras sino también en Colombia, por ejemplo, en el cual el asesinato de activistas medioambientales es cada vez más frecuente y más impune. Ocurre porque la presión sobre los recursos naturales es cada vez es mayor y la impunidad con la que actúan aquellos que están detrás de los intereses económicos es absoluta. Nos encontramos no solo con asesinatos como el de Chico Méndez en su día, de personajes que tienen una trayectoria de acción larga y reconocida sino de personas que están actuando en defensa del medio ambiente en acciones incluso de pequeñas en el sentido de que no son grandes proyectos pero se les elimina de forma impune: personas civiles, activistas, sin demasiado apoyo político y no hay presión para que esos crímenes se investiguen.

P:  Recuerdo que el día que asesinaron a Berta, su grupo parlamentario no dudó en pedir justicia formando así parte de esa exigencia internacional que significó el caso de la activista ¿Cómo lo recuerda?

R: En el caso de Berta Cáceres, como lo fue en su día el de Chico Méndez quizá son la excepción en las que se consigue, gracias a la presión internacional, una exigencia de responsabilidad pero son la excepciones en un continuo goteo de asesinatos donde no hay ni esa presión ni ese interés. Por eso las iniciativas que tomamos en ese momento fueron necesarias y quizá lo más importante para impedir que estos asesinatos se sigan produciendo. Eso es lo más importante más allá de la reclamación de justicia y castigo a los culpables, que se sepa que no se puede acabar impunemente con la vida de un activista por más que se piense desde los poderes económicos que son personas débiles ejerciendo ese abuso del fuerte contra el débil.

Juantxo López de Uralde pidiendo justicia para Berta Cáceres desde el Congreso de los Diputados. FOTO: Dani Gago

"Berta vive, la lucha sigue"

Berta se ha convertido en un símbolo para la resistencia indígena y la lucha medioambiental y feminista en todo el mundo. A mí siempre me ha llamado la atención cómo en el centro y el sur de América conjugan la palabra desaparición en primera persona del plural.  "Que te desaparezcan" es el castigo más cruel porque es morir, es marcharte sin justicia, es dejar aún algo por decir, algo que gritar y una estela de miedo queda entre los que se quedan. Pero en el entorno de Berta Cáceres no hay ninguna intención de cesar la lucha. "Los asesinos se equivocaron, no la mataron. Ella continúa viviendo en los miles y millones de mujeres y hombres jóvenes de todo el mundo" afirma en unas declaraciones a la televisión hace unos años la madre de Berta, desde una mecedora con la mirada muy triste pero firme.

 

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