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Breve historia de los antivacunas

La desconfianza hacia los médicos y el gobierno que alimenta el movimiento antivacunas puede parecer un fenómeno moderno, pero las raíces del activismo actual se plantaron hace más de un siglo.

Breve historia de los antivacunas

La oposición a las vacunas es tan antigua como las mismas vacunas. La​ historia comienza en en siglo XVIII cuando un médico rural de Inglaterra, Edward Jenner, llamado padre de la inmunología, descubrió la vacuna contra la viruela o antivariólica. Él probó con éxito lo que hasta ese entonces era una creencia: inocular, o sea, contagiar a una persona sana con una dosis leve de la enfermedad, y esa persona quedaba protegida contra esta.

Cinco años más tarde, el descubrimiento de Jenner se estaba utilizando en toda Europa y una década después se había vuelto global.

En Reino Unido en la segunda mitad del siglo XIX se promulgaron diferentes leyes que obligaban a vacunarse de la viruela en las que se llegaba a sancionar a los padres que no vacunasen a sus hijos con multas o incluso cárcel.

La oposición fue rápida y salvaje: miles de personas salieron a las calles en oposición a las vacunas obligatorias. Hubo arrestos, multas y algunas personas incluso fueron enviadas a la cárcel.

Se leían pancartas que exigían "Revocar las leyes de vacunación, la maldición de nuestra nación" y aseguraban que era "Mejor celda de prisión que bebé envenenado".

Transcripciones de las leyes odiadas fueron quemadas en las calles y se linchó la efigie del humilde médico rural al que se atribuyó el programa de prevención de la viruela.

Finalmente, ante estas leyes se constituye primero la Liga Antivacunación en Londres y más tarde la Liga contra la vacunación obligatoria.

Así fue como nacieron los antivacunas.​ 

Con argumentos en contra que van desde lo sanitario, pasando por lo religioso, lo científico y hasta lo político.

Algunos se oponían a que se usara material obtenido de las vacas, pero muchos otros simplemente se opusieron a que se les dijera lo que era bueno para ellos. - Las vacunas no eran tan seguras como lo son ahora: algunas personas se enfermaron gravemente e incluso murieron.

Pasaron décadas para darse cuenta de que la vacuna no proporcionaba inmunidad de por vida, mientras que los procedimientos torpes podrían provocar infecciones secundarias, como la sífilis, hepatitis y tuberculosis.

Lo que siguió a continuación fue una batalla de 100 años entre las autoridades y un público que a menudo era escéptico y a veces era agresivo.

Situación actual

A la fecha, continúa la oposición a las vacunas, con cuestionamientos sobre su eficiencia y seguridad. De hecho, a principios del 2020, justo antes de que el covid se volviera pandemia, la OMS declaró "las dudas y el rechazo a las vacunas" como una de las 10 principales amenazas para la salud mundial.

De modo que los antivacunas creen que las vacunas, y en definitiva el acto de vacunarse, supone un mayor perjuicio para su salud que el posible beneficio que puedan aportar.

Si bien las dudas que se planteaban décadas atrás eran válidas, en la actualidad estos grupos sólo aportan información no contrastada y acientífica pero que ya han conseguido que las coberturas vacunales en algunos países se hayan visto afectadas.

Consecuencias

La consecuencia de la creciente resistencia a la vacunación es el aumento de la morbilidad y la mortalidad por el incremento de infecciones producidas por enfermedades casi erradicadas como los brotes epidémicos aparecidos en diversos lugares del mundo.

Ejemplos: 

En Holanda, en los años 1999-2000 aparece un brote de sarampión en una escuela perteneciente a una comunidad religiosa que no acepta las vacunas.

En Nigeria, a partir del año 2003 líderes religiosos que rechazan la medicina occidental recomiendan que se suspenda la vacunación frente a la polio y el sarampión. Como consecuencia de esto Nigeria acumula más de la mitad de casos mundiales de polio y, además, en los países limítrofes libres de enfermedad, hasta ese momento, aumentaron los brotes de polio.

En Estados Unidos, en el estado de Indiana, se produjo un brote epidémico de sarampión en 2005 debido a que una niña que no estaba vacunada regreso de un viaje a Rumania produciéndose el contagio de otros niños que no habían sido vacunados, ya que sus padres creían que la vacuna era peligrosa para sus hijos.

Más recientemente, a inicios del 2019, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en los Estados Unidos de América confirmaron 839 casos de sarampión alrededor del mundo.

Pese a que las vacunas salvan entre 2 y 3 millones de vidas cada año, todavía la quinta parte de niños en el mundo sigue sin recibir las vacunas básicas.

La proporción de padres que optan por no vacunar a sus hijos es más alta en hogares que tienen un mayor poder adquisitivo; en cambio, en hogares con menores ingresos económicos, es menos común porque los padres aprovechan más las oportunidades de atención que el sistema de salud pública ofrece a sus hijos.

Las bajas tasas de vacunación en muchos países promovidas en ocasiones por estos movimientos antivacunas (otras veces por la disminución de las coberturas vacunales), han hecho que se reaccione desde el punto de vista legislativo para poder paliar el problema. Por ello, hasta en 14 países de la Unión Europea han optado por declarar obligatoria la vacunación en la población infantil.

 

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