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Política

Juan Carlos I y Pujol comparten gestor y fiscal suizo

Juan Carlos I y Pujol, el principal sostén del turnismo bipartidista que marcó el reinado del anterior jefe del Estado, comparten gestor suizo y fiscal suizo

¿Caerán todos?
Jordi Pujol y Juan Carlos I

“¡Si vas segando la rama de un árbol, al final caen todos los nidos que hay en ella! ¡‘No, es que después caerá aquel de allí, aquel de allí que…!’. ¡No, no! ¡Es que después caerán todos!”. Las palabras pronunciadas –en catalán: “¡Cauran tots!”– por Jordi Pujol, padre, en 2015 en el Parlament de Catalunya sonaron a amenaza. Juan Carlos I ya había tenido que abdicar en su hijo, Felipe VI, el año anterior.

Pujol, president de la Generalitat de Catalunya de 1980 a 2003, fue, como líder de Convergència i Unió, el principal sostén del turnismo bipartidista que marcó el reinado y la Jefatura del Estado de Juan Carlos I, sobre todo en la última parte del periodo de gobierno del PSOE de Felipe González y en la primera del periodo de gobierno del PP de José María Aznar. Pero es que, más allá de la política parlamentaria, la “complicidad” –en palabras de Rebeca Quintáns, autora de ‘Un rey golpe a golpe. Biografía no autorizada de Juan Carlos de Borbón’– de Juan Carlos I tanto con González como con Pujol llegó a ser prácticamente total.

En una nota fechada el 21 de diciembre de 2014 –es decir entre la abdicación de Juan Carlos I y la agitada declaración de Pujol en el Parlament de Catalunya por su fortuna en Andorra–, el excomisario de Policía José Manuel Villarejo, vinculado a las ‘cloacas del Estado’, escribió que “algunos responsables del CNI negociarían con el propio Pujol ayudarle a cambio de que no revelara las relaciones de altas personalidades del Estado español con la cuenta SOLEADO, manejada por Arturo Fasana”. SOLEADO es una cuenta suiza, y Arturo Fasana, un gestor, también suizo, de grandes fortunas.

Las cuentas suizas de Juan Carlos I ya no son ningún secreto, y –tenga o no relación con esto– el juez de la Audiencia Nacional José de la Mata propuso este jueves enviar a juicio a Pujol, a su mujer, Marta Ferrusola, y a sus siete hijos por presuntamente haber formado e integrado una organización criminal para acumular “un patrimonio desmedido directamente relacionado con percepciones económicas derivadas de actividades corruptas” aprovechando “su posición privilegiada de ascendencia en la vida política, social y económica catalana durante décadas”. De la Mata ha tomado esta decisión después de siete largos años de investigación y justo cuando Juan Carlos I copa portadas de periódicos y programas de radio y televisión, lo que ha disparado las conjeturas y han devuelto los ecos del “¡cauran tots!” de Pujol.

Juan Carlos I y Pujol comparten gestor suizo: Arturo Fasana. Pero es que el exjefe del Estado y el expresident de la Generalitat de Catalunya también comparten fiscal suizo: Yves Bertossa, que ahora investiga a Juan Carlos I y antes investigó a los Pujol. Bertossa la información de los Pujol se la trasladó a la Audiencia Nacional, y la de Juan Carlos I tendría que trasladársela al Tribunal Supremo, pues el anterior jefe del Estado, inviolable hasta su abdicación, está aforado en el Supremo desde ésta.

Preparando el terreno

A Juan Carlos de Borbón y a Jordi Pujol los presentó el diplomático José Joaquín Puig de la Bellacasa –secretario particular del primero– cuando Borbón aún era un príncipe a la espera de la muerte de Franco para sucederlo como jefe del Estado pero que ya preparaba el terreno de la transición política a lo que acabaría siendo el actual régimen del 78. Puig de la Bellacasa, que antes había estado al servicio de Manuel Fraga durante su etapa como embajador de la España franquista en Londres, recibió el encargo de presentar a Borbón a ciertos dirigentes de la oposición al franquismo. Así llegó Pujol al Palacio de la Zarzuela.

Veinte años después –en 1994–, dos de los tres destinatarios de los telegramas que el financiero Javier de la Rosa hizo enviar desde la cárcel en la que llevaba un mes preso por el ‘caso KIO’ fueron Juan Carlos I y Pujol. De la Rosa se quejaba de que pasado ese tiempo “todavía” seguía allí. Al año siguiente salió con veinte kilos y 1.000 millones de las antiguas pesetas –los que tuvo que depositar para satisfacer la fianza– menos. “Lo que han hecho conmigo no tiene nombre: les he convertido en ricos a todos y el que acaba en el talego soy yo, ¡¿no te jode…?!”. Aquella vez sólo cayó De la Rosa. Esta vez ¿caerán todos?

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