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Cultura

Carlos Bardem "No hace falta imaginarse cómo habría sido la gestión de la pandemia con la derecha"

Carlos Bardem es historiador, actor y escritor. Hace unos días pudo atenderme por teléfono para hablar de cultura y también de política. Ahora en plena pandemia, se ha tenido que adaptar para seguir presentando su nueva novela "Mongo Blanco" que está teniendo muy buena acogida entre los lectores. Se trata de una novela histórica bien documentada que investiga el pasado colonial y esclavista de España a través de un personaje poco conocido aquí -y eso a pesar de ser de Málaga-, Pedro Blanco. Pudimos también hablar de actualidad política y de cómo estamos enfrentando una crisis sin precedente. Y finalmente también nos dejó alguna que otra recomendación literaria.

Hace poco recibiste el Premio Espartaco de novela histórica de la Semana Negra de Gijón, un importante premio. ¿Estás contento?

Muy contento. La Semana Negra es una de las grandes citas literarias y el Premio Espartaco me llena de orgullo y satisfacción, que diría el señor ese. No, en serio, siempre es hermoso que lectores, escritores y críticos se pongan de acuerdo en destacar la calidad de tu novela. Significa que el acto íntimo de escribir, los años de trabajo, han creado algo con lo que conecta mucha otra gente. Es hermoso. Además, estos premios ayudan a que el libro siga vivo y navegando en las librerías.

El libro está teniendo muy buena acogida, en España va por su 6º edición, en América Latina se acaba de lanzar a través de Fondo de Cultura Económica y el 8 de agosto lo presentas en México vía Facebook y Youtube. ¿Es importante que se lea en América Latina?

Bueno, para mi es emocionante que ‘MONGO BLANCO’ ponga ahora proa, cruzando el Atlántico, hacia toda Latinoamérica. Siento que, de alguna manera, es cumplir una parte de su destino. Me hace muy feliz la edición de Fondo de Cultura Económica, una editorial de referencia, prestigiosa en toda América. Es llevar mi novela a países que conozco, que amo, entregarla al juicio de miles de nuevos lectores y lectoras. ¡Una maravilla!

Yo don Pedro Blanco, negrero. Un loco. Gigante o monstruo. El Mongo Blanco. El gran Mago-Espejo-Sol. ¿Quién es Mongo Blanco?

Un rey negrero, los Mongos fueron los reyes de la trata trasatlántica en la primera mitad del XIX, la época en que la trata de esclavos vive una edad de oro al coincidir las revoluciones industriales, sus demandas de materias primas, con las dos economías de plantación esclavistas: el algodón y el azúcar. Hubo tres grandes Mongos. El Mongo John Ormond, mulato de inglés y africana, el Mongo Cha-Chá Da Souza, mulato de brasileño y africana, y nuestro malagueño, el perchelero Pedro Blanco. Aprendió los trucos de la trata con los dos anteriores y acabó superándolos en todo.

No se habla mucho del pasado colonial y negrero de España, que en parte explica cómo el racismo es algo estructural en nuestro país, si bien cada día está la sociedad más concienciada para combatirlo. ¿Por qué decides escribir e investigar sobre este tema?

Porque soy historiador, y me especialicé en historia moderna y contemporánea de España y al toparme con este tema me di cuenta de que yo mismo, que había dedicado años de mi vida estudiar la historia de mi país, no sabía mucho de personajes como Pedro Blanco, no sabía que el último gran rey de la trata de esclavos, en la primera mitad del siglo XIX, era un señor de Málaga. Todo esto te lleva a investigar por qué en España no sabemos estas cosas.

España tuvo un pasado esclavista de siglos y, concretamente, el periodo que abarca mi novela es precisamente la última edad de oro del esclavismo. Es cuando España tuvo una participación más intensa. Cuando el esclavismo empezó a ser perseguido en el mundo, España lo mantuvo y lo perfeccionó en las Antillas.

Yo tuve la oportunidad de presentar esta novela y la gente se sorprende, y cuando hablas de esclavos, negreros, se sorprenden mucho al conocer que hubo propiedades españolas, plantaciones dotadas de esclavos, enormes cañaverales de Cuba y Puerto Rico. La Revolución Industrial se nutrió de 2 economías de plantación, y las dos son esclavistas: la del algodón y la del azúcar, y en esta última es donde España tuvo un papel protagonista.

¿La historia la escriben siempre los vencedores?

La historia la escriben los vencedores y los perdedores, pero la historia que llega a los libros de texto, a los colegios y a las aulas es la de los vencedores. Porque las élites de poder son los que conforman las ideologías, y hay esa máxima que yo suscribo siempre, y es que el sentido común de cada época no es mas que la ideología de la clase dominante de cada época. Lo que se traslada a la sociedad como de sentido común, la versión de la historia es la de la clase dominante en cada momento.

Lo que yo he escrito es una novela, y debe leerse como una novela, aunque me he esmerado mucho en investigar y en aportar la mayor cantidad de datos históricos verídicos sobre quiénes, cómo, cuándo y dónde se hacía la trata de esclavos.

Creo que los historiadores tenemos un deber de combatir las visiones mitológicas que siempre se crean en la historia, para apuntar ideologías políticas en cada momento, la historia se escribe siempre a posteriori y con una intención. Por eso es importante hacer una labor rigurosa de investigación sobre el hecho que estudiemos, de lo contrario caemos en los “cuentitos”, que no es otra cosa que la creación de una imagen idílica y nacionalista de tu historia.

La esclavitud es parte inherente del capitalismo. ¿Se ha ido perfeccionado con el paso de los años?

A mi me gusta decir que la esclavitud ni se destruye ni desaparece, sólo se transforma. Es curioso, y en la novela lo cuento: hay teorias –y yo las comparto– que la abolición de la esclavitud a nivel global fue un proceso más en el perfeccionamiento del capitalismo, esto quiere decir que los esclavos dejan de ser agentes económicos eficientes en la economía global. Es curioso cómo las grandes economías capitalistas, en especial Inglaterra y EEUU, las mismas que encabezan el comercio a nivel mundial, son las primeras que persiguen la trata de esclavos ya que creen que es mucho más eficiente apostar por el lumpenproletariado, que es gente que trabaja en semiesclavitud, pero sobre todo por el hecho de que se les va a pagar poco y son ellos mismos los responsables de su propia miseria. Esa transición entre ser dueño o no de tu miseria y su relación con el sistema económico capitalista es la que explica para muchos la abolición de la esclavitud.

Enlazando con lo actual, evidentemente la definición canónica de un esclavo es alguien que carece de derechos, cuanto más cerca estemos de la falta de derechos más cerca estamos de la esclavitud. En la actualidad, cuando al trabajador se le niega derechos y sufre precariedad, es una forma también de esclavitud, por tanto, el actual precariado es también una forma de esclavitud.

España sigue teniendo una tarea pendiente con la población migrante: el reconocimiento de sus derechos y la lucha antirracista son fundamentales. ¿Qué opinas de que algunos partidos, principalmente Vox, señalen siempre a los más débiles mientras protegen a los que más tienen?

El discurso del fascismo, clásico o neo, es siempre irracional, reptiliano, basado en mentiras sin base histórica o estadística y diseñado para culpabilizar a los más débiles y apartar el foco de los verdaderos culpables: los que se benefician, crisis tras crisis, de empobrecer a grandes masas de población.

Generan ruido constante, negacionismo de lo obvio, culpan de todo a quienes no pueden defenderse por estar infrarrepresentados en la política y mass media. Crecen en el miedo y la confusión que provocan las grandes crisis, dándole a gente desorientada mensajes básicos, nacionalistas, emocionales, alguien a quien odiar. Una válvula de escape a su angustia.

Da igual que nunca propongan medidas reales, positivas. Da igual que no soporten un mínimo análisis. Históricamente son esbirros del poder económico: se presentan como “revolucionarios”, pero trabajan para que nada cambie, para que ninguno de sus amos pierda un solo privilegio.

En su auge es fundamental la difusión acrítica y constante de sus consignas por los grandes medios de comunicación. Les dan altavoz permanente, presencia en pantallas, radios y tertulias sin tomarse la molestia de desmentir con datos sus mentiras. Claro que todos estos medios son propiedad de ese poder financiero al que estos fascistas sirven.

Primer gobierno de coalición progresista de nuestra historia reciente. ¿Cómo lo valoras?

Con esperanza. Creo que es un prueba de que la España real va por otro camino, que pese a las visiones apocalípticas de este cambio político –las resistencias del sistema al cambio–, este país avanza generación a generación hacia una sociedad más justa, y hacia una estructura federalista que, creo, llegará antes de lo que muchos suponen. Y con alivio.

No hace falta imaginarse cómo habría sido la gestión de la pandemia con la derecha y la ultraderecha en el poder, solo hay que ver quiénes pagaron la crisis del 2008 y cómo están gestionando esta pandemia global Trump, Bolsonaro, referentes de esta gente, o su versión doméstica, la inefable Isabel Díaz Ayuso. ¡Pobre Madrid!

Este es tu sexto libro y tu cuarta novela. ¿Cuáles son tus próximos proyectos literarios?

Encaré el confinamiento con el firme propósito de hacerlo productivo, así que estoy terminando una nueva novela. No soy un escritor de formula, me horrorizaría estar escribiendo siempre el mismo libro. No me interesa. Me cuesta escribir, así que necesito apasionarme, sorprenderme, excitarme o asustarme con cada nueva historia. Siento que si eso no me pasa a mí, no le pasará a los lectores. Esta nueva novela no tiene nada que ver con ‘Mongo Blanco’, ni en género, ni en forma, ni en tema.

¿Qué libro, además del tuyo, nos recomendarías llevar este verano en la mochila?

Nunca sé qué contestar a este tipo de preguntas. ¡Hay tantos! Te doy dos: ‘La invención de España’, de Henry Kamen, un buen repaso a las visiones mitológicas de nuestro historia y de cómo y para qué se crearon. Y ‘Salvar el Fuego’, de Guillermo Arriaga, un novelón que desentraña el dédalo increíble que es la Ciudad de México, un lugar que amo y al que espero volver pronto.

 

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