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Carlos Herrera: De las ‘Coplas de mi Ser’ a la Somalia donde nunca se fue

El problema de Carlos Herrera es que no se quita de encima su complejo de advenedizo porque se avergüenza de sus orígenes en el mundo de la radio.

El problema de Carlos Herrera es que es un desclasado. No se quita de encima su complejo de advenedizo porque se avergüenza de sus orígenes en el mundo de la radio. Cuando, en realidad, como disc-jockey no lo hacía nada mal.

‘Las coplas de mi Ser’, ¿recuerdan?, un programa de radio, en la Cadena Ser, cuyo objetivo era, mediante hábiles guiños de guión, proporcionarle coartadas a los progres para que se acercaran a un género que, allá por finales de los años ochenta, solía identificarse con la caspa franquista: Paquita Rico, Carmen Sevilla, Sara Montiel, Lola Flores, Rocío Jurado, la Pantoja, Imperio Argentina, Estrellita Castro, Concha Piquer… Todo ello aderezado con redimibles rescates como el del exiliado Miguel de Molina o la provocadora María Jiménez. Lo metía todo en el mismo saco y el resultado era, hay que reconocerlo, un buen producto radiofónico. Pero Herrera aspiraba a más.

En tiempos de la socialista Pilar Miró presentó, cuando esta era directora general de RTVE, un programa de variedades los sábados por la noche junto a la espectacular Bibi Andersen, apuesta que se vendió como vanguardista y así, sobre esa ola, iba cimentando Herrera su ambiciosa carrera, después de abandonar Barcelona para instalarse en la inevitable Madrid.

Durante sus pinitos radiofónicos en las emisoras catalanas, había pertenecido al equipo de Luis del Olmo, a quien le gustaba mucho la habilidad y el timbre de voz de aquel joven muchacho de Almería. Tanto que, durante unas vacaciones le propuso ser su sustituto y le pagó cincuenta mil pesetas de la época por día, lo que suponía un auténtico dineral para un veinteañero que por entonces estaba casi empezando.

Canal Sur

Sevillano de adopción desde que le tocó hacer la mili en esta ciudad, en el Regimiento de Ferrocarriles concretamente, Herrera supo llevarse de maravilla con el PSOE andaluz hasta el punto que fue el elegido por Rodríguez de la Borbolla, expresidente de la Junta, para presentar la gala inaugural de Canal Sur Televisión en 1989. Llegó incluso a conducir durante años un programa matinal de radio en la radiotelevisión pública andaluza.

Le fue mejor en la radio que en la tele y, cuando lo fichó Radio Nacional, allá por el año 93, se propuso copiar a su admirado Luis del Olmo. Como el legendario locutor de Ponferrada afincado posteriormente en Roda de Bará, se empeñó durante toda su vida en conducir sus programas de radio desde Barcelona por mucha difusión nacional que tuvieran, Herrera impuso esa misma condición, que le fue aceptada, y convirtió Sevilla en su centro de trabajo habitual.

Sevilla… e incluso su propia casa, desde donde muchas mañanas arrancaba sus programas y, tras pasar el relevo a alguien de su equipo se duchaba, desayunaba con tranquilidad y hora y media más tarde aparecía en el centro regional de RTVE en Andalucía, a lomos de su imponente motocicleta, para continuar con el programa. Cuando iba en coche, lo hacía escuchando Radio Olé.

Paquete bomba

Justo en la sede de RNE en Sevilla fue donde tuvo lugar el acontecimiento que cambiaría la vida de Carlos Herrera: la llegada de un paquete bomba remitido por ETA que no le estalló de milagro cuando empezó a abrirlo. El artefacto se encontraba en una caja de puros que teóricamente le enviaba un “fósforo” (apelativo que Herrera utiliza en antena para denominara  sus “forofos” más incondicionales).

.El regalo de aquellos fósforos no lo mató de milagro, pero parece claro que le cambió la vida. Si ya escoraba a la derecha, sobre todo desde el 96, cuando el PP ganó las primeras elecciones, a partir de entonces se hizo incondicional de Aznar y compañía, un grupo en el que ya estaba Rajoy, quien con el tiempo acabaría contando con los servicios laborales de miembros del equipo de Herrera.

En esas estaba, preparando entre otras cosas el pregón de la Semana Santa sevillana del año 2001, cuando le llegó una suculenta oferta laboral de Onda Cero por cinco años. Como el hombre andaba estresado tras el atentado, puso como condición disfrutar de un año sabático antes de incorporarse, algo que la empresa aceptó y que traía literalmente por la calle de la amargura a Fernando Ónega, entonces director general de la cadena, quien se las veía y se las deseaba para reunir el dinero de la nómina mensual de Herrera mientras éste se reponía del susto a caballo entre Miami y Sevilla.

Cope

En Onda Cero renovó contrato varias veces, tres quinquenios hasta que, hace unos cuatro años, el obispo Cañizares se cabreó con Federico Jiménez Losantos y lo echó de la Cope (nos preguntamos qué barbaridades no diría en antena Losantos para que ni un ultra como Cañizares pudiera aguantar sus invectivas). La cadena de los obispos decidió entonces tirarle los tejos a Carlos Herrera, que en tiempos de Antonio Herrero y José María García había hecho también sus pinitos en la cadena, y el almeriense se dejó querer.

Desde 2015 lleva Herrera en el trono de la Cope que tantos años ocupó Losantos, y a medida que pasa el tiempo más transmite la impresión de querer no solo parecerse a su antecesor, sino superarlo. No hay jornada sin insulto hacia todo lo que huela a izquierdas. Ni un día sin vituperio, sin soflama, sin injuria, siempre rozando el larguero de lo denunciable, aunque cada vez da la impresión de preocuparle menos las consecuencias judiciales. Parece sentirse impune y transmite esa chulería de quienes se creen por encima del bien y del mal.

Lo último ha sido la amenaza del lunes 18 de mayo a Pablo Iglesias, cuando le dedicó  textualmente, entre otras, estas palabras: Acuérdate, Pablete, ¡jarabe democrático!... Bien, pues ve tomando jarabe democrático. Y espérate, ¿eh? Espérate!”.

Si Podemos gobierna...

 En la Cope y Rock FM, Herrera conduce también un espacio semanal de música, que es lo que, en realidad, más le ha gustado siempre. El programa está en la línea de sus comienzos como disc-jockey, aunque esta vez no va de coplas. ¡Quién sabe!, a lo mejor está intentando abrirse un hueco por si acaban echándolo como a Jiménez Losantos.

Hace un tiempo dijo algo así como que si Podemos llegaba a gobernar, él se exilaría a Somalia. Todos sabíamos que nunca caería esa breva. Aunque seguro que lo petaba con un programa de radio sobre el folclore somalí.

 

 

 

 

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