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Opinión

Con ella empezó todo

Roberto Sotomayor

La historia del Olimpismo está repleta de hazañas, auténticas leyendas, que son dignas de recordar y, cuanto menos, contar, intentando separar la biografía de, en muchas ocasiones, la fábula.

Pero en el caso de Fanny Blanquers Koen la historia supera con creces todo aquello, y merece contarla desde la perspectiva de lo que supuso esta mujer para el deporte femenino en general. Hablamos de una mujer que se convirtió en la primera en conseguir cuatro oros olímpicos en un contexto histórico complicado, después de la II Guerra Mundial, en plena hambruna que azotó prácticamente toda Europa, y en unos momentos en donde ser mujer y deportista no estaba muy bien visto. Puedo decir, sin miedo a equivocarme, que esta holandesa fue la semilla de la emancipación femenina en el deporte mundial. Contar la historia del atletismo sin mencionar a Fanny Blanquers Koen sería un atropello a la verdad.

-"Aún conservo el autógrafo que me diste hace treinta y seis años. Soy Kanny Blanquers Koen".

-" No necesitas decirme quién eres, te recuerdo bien, Fanny. Lo sé todo acerca de ti", respondió aquel hombre de piel oscura. Se llamaba Jesse Owens, y los dos eran invitados de honor en aquellos Juegos Olímpicos tan dramáticos de Munich '72.

En aquellos Juegos de Berlín '36 una jovencísima atleta holandesa le pidió, con timidez, un autógrafo a aquel imponente atleta que acababa de desmontar con sus títulos la propaganda nazi de la superioridad de la raza aria. Owens acababa de ganar su cuarta medalla olímpica en un lugar donde Hitler inoculaba ya en las venas del pueblo alemán un virus llamado nazismo. No quiso rendir pleitesía al hijo pródigo de los esclavos. Owens se había convertido para siempre en leyenda, aunque a su regreso a los EE.UU. volviera a sentarse en los asientos de atrás en los autobuses: el racismo en Norteamérica era la constante, hipocresía de la Historia.

Owens firmó aquel autógrafo en aquella hoja de papel que Fanny guardaría como un auténtico tesoro, aunque no tuviera que celebrar nada. Fanny no ganó ninguna prueba en Berlín.

Francina Elsje Koen nació el 26 de abril de 1918 en los Países Bajos, concretamente en la provincia de Utrecht. Aunque su primeros pasos en el deporte fueron en la natación, pronto se declinaría por el atletismo, y a sus 17 años su entrenador, Jan Blanquers, la animaría a entrar en el equipo olímpico holandés. Su actuación en Berlín no pasó de dos quintos puestos en las finales de salto de altura y relevos 4 por 100. Sin embargo, su proyección como una enorme atleta no tardaría en llegar en forma de medallas. A sus 20 años, Fanny lograría su primera medalla a nivel internacional, dos bronces en las finales de 100ml y 200ml, por detrás de la por entonces favorita la polaca Stanislawa Walasiewicz.

Nadie hacia presagiar que aquel hombre llamado Adolf Hitler llevaría al mundo al abismo de una nueva guerra mundial. Los JJOO de 1940 y 1944 sería cancelados por el COI y Holanda sería ocupada por las tropas alemanas. El 17 de agosto de 1940 la destrucción por completo de Rotterdam forzó la rendición definitiva de Holanda.

Fanny terminó casándose con su entrenador, Jan Blanquers, quince años mayor que ella. Sin querer, y sin saberlo, tuvo que agradecer incluso no competir en los únicos "Juegos Olímpicos" que se disputaban por entonces: los de los prisioneros de guerra internacionales. Soldados de diferentes países que convirtieron en bandera olímpica la camiseta de un prisionero polaco dibujando con lápices de colores los aros olímpicos y las banderas de sus respectivos países. Sin duda otra de esas increíbles historias de las que otro día os escribiré, pero que conforman la triste historia de nuestro pasado.

En 1941 y con presencia atroz de los alemanes en Holanda, Fanny tiene su primer hijo y la prensa asume el fin de su trayectoria deportiva. Sin embargo, ella tiene sus propios planes y a las pocas semanas vuelve a sus entrenamientos, al final y al cabo algún día regresarían los Juegos. En 1942 iguala el récord mundial de 80m vallas y en 1943 bate los récords mundiales de salto de altura (1,71) y de longitud (6,25), y en 1944 el de los 100ml y el de 4 por 100 que por aquel entonces los ostentaban las británicas. Ese entusiasmo se apaga cuando Fanny revienta el récord mundial de 4 por 200, que por entonces estaba en manos de las alemanas. Los alemanes veían en ella un auténtico peligro.

El invierno de 1944 se conoce en Holanda como el "invierno del hambre". Uno de los más duros registrados. El frío congela los canales y todas las rutas de suministro quedan bloqueadas. El hambre y la miseria comienzan a hacer estragos en Amsterdam y la atleta holandesa y su marido sobreviven a duras penas. La vida en la zona se hace insoportable y pura supervivencia.

Pero la guerra está llegando a su fin, y los alemanes quedan derrotados en mayo. Fanny hace muchos meses que no entrena y la prensa prácticamente la olvida. Su misión es sobrevivir, pero recapitula al enterarse que el Campeonato de Europa se va a celebrar el próximo año en Oslo. En Febrero de 1946 nace su segundo hijo y Fanny plantea un objetivo junto con su marido para llegar a los Europeos que se celebran en junio, reapareciendo en la pista ante un público enloquecido. Sin embargo, sólo consigue el oro en 80m vallas y el relevo 4 por 100. Competir en tantísimas pruebas le genera mucha ansiedad y la prensa deportiva da su carrera una vez más por acabada.

1948 es el año que pasará a la historia del Olimpismo. Fanny ve la oportunidad de convertir en realidad su sueño de ganar una medalla olímpica, pero la realidad es que la hambruna ha hecho mella en su población. Ni Fanny ni su marido comen bien y difícilmente pueden sacar adelante a sus dos hijos. Apenas puede entrenar y se arregla para entrenar dos horas diarias tres veces a la semana. A su bicicleta ata una canasta con ruedas en la que coloca a sus hijos y pedalea hacia la pista donde entrena. Mientras ella entrena, sus hijos juegan en la arena del foso de longitud junto con su marido que controla sus entrenamientos. Ya no importan los más de diez récords mundiales conquistados, la prensa y la gente sólo ve a una mujer de más de treinta años  y madre de dos hijos que deja a su familia para viajar a Londres y competir en pantalones cortos.

Fanny elige junto con su marido las diferentes pruebas en las que participaría: los 80m vallas, la prueba que más satisfacciones les había dado, los 100ml, los 200ml y el relevo. Y en la capital londinense, Fanny conquista sus 2 primero oros: tras ganar los 80m vallas y los 100ml da por concluida su participación. Quiere volverse a casa, con su familia. Flaquea, y echa de menos a su familia. Los viajes son largos y son muchos días ya fuera.

Tras una conversación telefónica con Jan, éste le dice: "Si te quedas y ganas las dos pruebas restantes, igualarás a tu ídolo Jesse Owens. ¿No deseas eso?"

Fanny decide quedarse en Londres y en un día de lluvia infernal, conseguiría la mayor gesta conseguida por una atleta en la historia y que nadie ha vuelto a repetir: ganar 4 medallas olímpicas de oro. A su regreso, la celebración en Amsterdam es inmensa. Más incluso que el día V-E cuando Holanda se liberó del ejército nazi. La Reina Juliana le otorga la Orden de Naranja Nassau y sus vecinos le regalarían una nueva bicicleta. "Todo esto por correr unos pocos metros" sería la frase que pasaría a la posteridad.

Todavía vendrían éxitos. Fanny conseguiría tres oros más en los Cptos. de Europa de Bruselas en 1950 y una plata en relevos 4 por 100. La "ama de casa voladora", como se le apodó entonces (con una enorme carga sexista), quiso entonces correr en los JJOO de 1952 de Helsinki a sus 34 años. No consiguió su objetivo, y aunque siguió en activo hasta 1956, sus marcas no eran ya las del pasado, por lo que puso punto y final a una visa repleta de superaciones y adversidades.

Más de 20 marcas mundiales fue honrada por la IAAF como la mejor atleta del Siglo XXI. Falleció en 2004 pero su legado es, sin duda, su mayor tesoro. La historia de Blankers Koen debería enseñarse en los colegios como recordatorio de lo que no sólo ocurrió una vez, sino de cómo el ser humano es capaz de escribir las más increíbles páginas de la historia. Ha sido y debe ser referente para las miles de niñas y mujeres que, pese a todas las adversidades, van a entrenar día a día incluso en condiciones de pobreza.

En 1982, en una entrevista que concedió a la revista 'The New York Times', dijo: "recibí muchas malas cartas, diciéndome cosas malas, que me quedara en casa con mis hijos y que no debían dejarme correr con pantalones cortos. Incluso un periodista me dijo que era demasiado vieja para correr y que debía quedarme en casa con mi familia. Cuando llegué a Londres, le señalé y le dije 'te lo voy a mostrar'".

Y ahí empezó todo.

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