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Opinión

Conservar la dignidad

“Es la autoridad, y no la verdad, la que hace la ley”

Hobbes

 

Aquellos que no respetan a otros seres son indignos. Aunque la dignidad sea una idea de larga tradición, el reconocimiento jurídico de la dignidad personal no se produjo hasta pasada la Segunda Guerra Mundial, ejemplo de las atrocidades del poder, cuando se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. Para los estados genocidas, como los que mantienen 200.000 muertos asesinados en cunetas y fosas comunes, es un documento que los incomoda.

Es necesario recordar que la dignidad humana es el derecho que tiene cada ser humano, de ser respetado y valorado como ser individual y social, con sus características y condiciones particulares, por el solo hecho de ser persona. En un sistema democrático ese derecho es la esencia que permite que el sistema sobreviva a los terroristas que agreden los derechos de las personas constantemente.

El franquismo y sus cómplices diseñaron esta España en la que vivimos. Se basó en el acatamiento a la Autoridad represiva. Luego de la muerte de Franco, sólo para conservar el poder, relajaron la Autoridad durante las negociaciones para fijar el sistema bipartito.  Así, todo transcurrió hasta hoy. Los poderes políticos, económicos, militares y religiosos, siguen sosteniendo que este país les pertenece. Es indigno que así sea. Pero es.

Hay dignidades institucionales que están dejando en evidencia que este modelo de gobierno de coalición no les sirve. Los dignatarios se parapetan en formalidades para disimular la costumbre de una economía selectiva, gracias a una justicia selectiva. Las Fiscalías lo afinan y los Juzgados lo arreglan. Dicho ésto por la dignidad ministerial.

El escándalo monárquico, por mucha operación mediática que hayan puesto en marcha no se aliviará. La Justicia suiza es digna, aunque con contradicciones, y sabe juzgar a quienes rompen las reglas. Somos el país que más poca dignidad demuestra en el cumplimiento de las leyes. Todo, para proteger al statu quo que heredamos del franquismo.

Esas fuentes no fueron dignas. No se lo respetaba a Franco. Se le temía. Esas fuentes coronaron este sistema. Como aquél, a estas dignidades no se las respeta. Sólo se consigue menor respuesta social a través del uso de la fuerza pública que no se utiliza para proteger a los ciudadanos. No, se la utiliza para mantener el statu quo cueste lo que cueste y caigan quiénes caigan.

El uso del Lawfare, que se intenta aquí, es el que está aplicando con éxito la extrema derecha en Latinoamérica. Luego de tomar el poder, se militariza el Estado. En España, si la acción de los jueces no les da resultado para recuperar el poder echando a Podemos del gobierno de coalición, es lo que harán. Están decididos a actuar militarmente. Esa actuación, según algunas fuentes consultadas, no será simplemente de ocupación de los espacios políticos. También, según estas fuentes, se incluiría la eliminación física de la disidencia. Entonces, una vez desatada la violencia planificada, que el COVID ya detuvo por su virulencia, España volverá a la oscuridad de la Historia.

Cuesta creer que esto sea verdad. También cuesta creer que lo estén haciendo tan mal en varios niveles institucionales.

El sentido de la libertad puede volver caprichosos e intolerantes a personas y grupos respecto de sus derechos y los de los demás, y los modos de ejercer el poder para no producir alarma social.

El ser humano debe ser tratado con la debida dignidad en su participación en el normal juego de lucha y conflictos que es propio de una sociedad libre. La vida natural, de la que la sociedad es parte, es expresión legítima e inocente de un constante juego de poderes enfrentados. Pero esa lucha tiene un orden y una estructura que debe adecuarse a la ley. Nadie puede pretender mantener su calidad de dignatario si la quiebra.

El derecho, la ley, existe para cuidar a la sociedad entera por sobre los intereses particulares. Esto no quiere decir que no pueda haber intereses particulares, sean estos apropiados o indebidos, sólo quiere decir que no pueden expresarse de cualquier manera, que estos deben aceptar las reglas del juego común de la sociedad. Desde el nivel ciudadano, que es el que permite y legitima al máximo nivel. Es el caso del poder de la Corona: emana de los ciudadanos que votaron la Constitución. Este no es un Estado de vasallos.

A ver si recuperamos la dignidad de una vez.

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