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Opinión

De los soviets de Esperanza Aguirre al comunismo de Ayuso

Manuel Guerrero Boltó
Máster en Economía Internacional y Desarrollo e Investigador en el Departamento de Historia Contemporánea de la UCM

En 2015, tras las elecciones municipales y autonómicas, nos encontrábamos con algunas referencias al acervo de la izquierda radical y no tan radical del siglo XX. La condesa Esperanza Aguirre nos obsequió, una vez más, con una interpretación del presente fundamentada en un hecho histórico totalmente deformado: Ahora Madrid pretendía crear soviets en los distritos. Probablemente con mala intención, quizás por desconocimiento del concepto formulado, o ambas cosas. En cualquier caso, hay algo que no podemos pasar por alto: desechar la historia puede resultar muy pernicioso.

La conocida como revolución liberal rusa, se vio consumada con el Manifiesto de Octubre de Nicolás II en 1905. Este texto dividió a los liberales (octubristas y cadetes) que, pese a ello, abandonaron la actividad revolucionaria y se limitaron a preparar sus respectivos partidos de cara a las siguientes elecciones de la Duma. Sin embargo, la clase obrera rusa mantuvo su pulso revolucionario hasta finales de año. En octubre, los obreros de San Petersburgo organizaron lo que se conoció como soviet: un consejo de representantes de los trabajadores elegidos en las fábricas. Un consejo obrero. Cabe señalar que, durante el zarismo, el Consejo Imperial de Estado se llamaba Gosudarstvenny Soviet.

El soviet de San Petersburgo tuvo, en sus comienzos, dos funciones básicas: por un lado se ideó como alternativa municipal para dotar de gobierno a la ciudad en un momento de vacío institucional y huelga general. Por otro se concibió como un foro político para los trabajadores en el que participaron también representantes de diversas corrientes revolucionarias. Esta forma organizativa espontánea de los trabajadores se extendió a Moscú y a otras ciudades rusas. Se crearon soviets locales de cada ciudad y aldea, soviets de barriada (raionny) de las grandes ciudades (suponemos que para Aguirre significaron el equivalente a las asociaciones vecinales de hoy), regionales y provinciales.

La naturaleza asamblearia y autogestionaria de los soviets que posteriormente fueron protagonistas de la Revolución Rusa de 1917, no guardaba mucha relación con la aspiración de generar espacios donde se fomentase la capacidad de gestión ciudadana por parte de Ahora Madrid en su día.  No se debería confundir este fin con la autogestión de los medios de producción por los trabajadores, los objetivos eran mucho más modestos. Sin embargo, la semilla quedó plantada en terreno fértil.

La paradoja se acrecienta con la utilización del espantajo del comunismo por parte de la alumna de Esperanza Aguirre. A Isabel Díaz Ayuso no le ha hecho falta, en las últimas elecciones a la Asamblea de Madrid, apoyarse en medidas programáticas del contrario para deformar la realidad. Con presentar una falsa disyuntiva como lema de campaña (el famoso “comunismo o libertad”) para así auto-representarse como una moderna Juana de Arco dispuesta a sacrificarse contra la inminente avenida del comunismo en una sola comunidad, le ha sido más que suficiente.

La libertad entendida como libertad negativa que, de acuerdo con Isaiah Berlin, consiste en que nadie interfiera en mis acciones en tanto que individuo; y que en política se traduce como “el ámbito en que un ser humano puede actuar sin ser obstaculizado por otros”[1], ha funcionado a la perfección en un contexto de agotamiento pandémico para con una clase trabajadora cada vez más en sintonía con las tesis políticas más reaccionarias.

En un reciente artículo de El País, vecinos de Fuenlabrada y Parla argumentaban que “poder salir, ir a los bares, reunirte con los amigos…”; “el miedo [a Iglesias]”; “el tema de la casta y las puertas giratorias. Tanto lo critican y luego han hecho lo mismo [Unidas Podemos]. La gente está harta”, etc., han sido las claves para entender su voto por Ayuso. Esto termina siendo aderezado por una breve promoción a Noelia Núñez, “figura emergente en las filas del PP de Fuenlabrada” que tiene una foto de Margaret Thatcher en su fondo de Twitter y considera que “la virtud de Ayuso ha sido ver que la gente quiere trabajar. La izquierda no ha sabido entender eso”.

Más allá de la memoria selectiva de los ciudadanos entrevistados por El País (probablemente provocada por una resaca de libertad), Esperanza Aguirre, Isabel Díaz Ayuso y Margaret Thatcher pueden aparecer sin demasiadas disonancias en un mismo párrafo. Sin embargo, considerar que estas tres figuras representan los intereses de la clase trabajadora y actúan (o actuaron) conforme a esta idea parece poco menos que un disparate. Comenzaba señalando que el desconocimiento de la historia puede resultar muy pernicioso, y es que podemos terminar creyendo que Esperanza Aguirre nos protegía del comunismo negándonos una mayor participación en nuestros municipios, que Ayuso defiende nuestra libertad fomentando el contagio del coronavirus  y modelos de negocio cada vez más precarizados, pero poniendo así en cuarentena al comunismo; y que Margaret Thatcher apostaba por la clase trabajadora en su cruzada contra los sindicatos.

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