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Opinión

De turismo por la música popular a través de C. Tangana

«Detrás del millón y de los diamantes
olvidaste las cosas más importantes…»

Podría piropear las letras del viejo Crema de Agorazein, añorando la pureza del rapero underground, y criticar la construcción artificiosa de C. Tangana, lamentando el triunfo de todo aquello que despreciábamos de jóvenes. Pero no lo voy a hacer. Si R de Rumba explica en las presentaciones de Funk Experience que aquello de rap solo era principalmente una respuesta a la defensiva por el menosprecio de la industria y los medios, los demás podemos disfrutar tranquilamente de toda la música que queramos sin prejuicios. C. Tangana no es un dechado de virtudes, y dejémoslo ahí, pero me alegra sobremanera que sea él y no otro triunfito quien pulverice los récords de streaming como ha ocurrido con Tú me dejaste de querer. Incluso quienes nos posicionamos de manera militante con Yung Beef en aquel debate musical que fue el Foucault vs. Chomsky que nuestra generación merecía, deberíamos considerar a Puchito de los nuestros. Se lo merece, aunque solo sea por haber colaborado con Charlie de Hijos Bastardos.

Fue en aquel debate con Fernandito donde C. Tangana destripó su estrategia, poco sutil y en absoluto novedosa: asumir las reglas del sistema para colarse en él y coger lo que merece, negociando buenas condiciones y repartiendo el hustling entre los suyos. Abrir la raja de una industria obsoleta. Si Yung Beef es un libertario idealista, C. Tangana es un gramsciano pragmático y realista; derechista, dirían otros. No sabemos si el madrileño ha leído al político sardo, pero nos atrevemos a decir que una de las claves del éxito de sus últimas canciones está presente en aquellos cuadernos de la cárcel: la importancia de conectar con el folclore, la capa más primaria de nuestra visión del mundo que acopla con el sentido común, es decir, el conjunto de culturas y hábitos que ahorman nuestra personalidad. Lo que llevamos tan adentro de nosotros que se presenta de forma tan natural como nuestros dos brazos. Nunca estoy y Tú me dejaste de querer son una traducción musical de esto. Alejandro Sanz, Rosario, Los Chichos, La Húngara… Directo al corazón nostálgico de una generación sin futuro que vive en un revival permanente.

El siempre ácido Pablo Batalla diserta en un excelente y extenso artículo titulado La cojera del caballo cuatralbo sobre las debilidades culturales de la izquierda española ejemplificadas en la ausencia de un cancionero verdaderamente popular. No hace falta recordar aquellos debates que tuvieron lugar dentro del espacio del cambio entre supuestos rojos trasnochados y tibios progres. Lo cierto es que la música juega un papel fundamental en la lucha cultural, pues existen pocas maneras más efectivas de conectar emocionalmente con el respetable. Porque sin conexión emocional no hay sentimientos. Y sin sentimientos, ya se sabe, no hay movilización. El nuevo C. Tangana sabe aplicar esto en lo suyo. El brillante corte promocional de Tú me dejaste de querer es un ejemplo paradigmático. Bastaron los 14 segundos que duró la historia de Instagram para saber que aquello sería un hit.

Que el trap estaba muerto se sabía, pero por las dudas nos lo confirmó el propio Pucho en sus vídeos durante la pandemia. Dellafuente, artista admirado por el madrileño que ya planeaba su propio harakiri, colaboró con Ana Mena en un tema en el que, por primera vez salvo que alguien me corrija, el tío hacía de eso que la masculinidad tóxica definiría como pagafantas. En Nunca estoy, C. Tangana se pone en los ojos de su mujer, que solo ve a un capullo egoísta. En Tú me dejaste de querer se abre las carnes y nos enseña su esplendorosa vulnerabilidad: a pesar de todo su éxito es un infeliz porque, como la Albany, tiene el corazón en bancarrota. Yo me creía que era el más cabrón

El videoclip es una obra de prestidigitación publicitaria. Bastaron, de nuevo, un par de planos en el corte promocional de una chica con un parecido razonable a Rosalía para que el fandom de ambos hiciera el resto en las redes sociales. Es una estrategia que ya usó –con menos éxito– con Carlotta Cosials y aquella petición de mano tan particular. ¿Una novedosa adaptación de la clásica estrategia de subirse a las faldas de una mujer famosa? Sea como fuere con Rosalía tiene éxito porque, entre otras cosas, le da veracidad al relato, si se me permite el término. Para conectar con el respetable, decíamos, necesitamos una historia universal (nada tan universal como el amor… quizá la muerte), veraz y, por supuesto, capaz de recordarnos con saña lo mal que lo pasamos la última vez que nos dejaron. ¿Se nos ocurre alguna historia parecida en el universo musical que no sea la de Bisbal y Chenoa?

Vacío. Así está el Madrid que vemos en el videoclip de Tú me dejaste de querer. Como el Edificio España, tan altivo y tan solemne pero vacío, en pleno centro de Madrid. Vacío como el corazón de un exitoso C. Tangana que mira desde la ventanilla de su limusina lo feliz que es la joven de parecido razonable a Rosalía en un modesto banco, con unas chuches y unas palmas. A partir de ahí vemos al madrileño regodeándose en su lujosa soledad y pensando en ella, que va en un avión (evidente referencia a Con altura de Rosalía y J Balvin) que se cruza, en dirección contraria, con el suyo. Un rato de fiesta con los colegas y, de nuevo, la resacosa soledad: se te fueron las ganas

El éxtasis final representado por el bailoteo solitario en un hotel de lujo es la imagen paradigmática de la situación contradictoria de quien lo tiene todo pero por dentro está vacío. De quien se sabe afortunado pero, aún así, está triste. Joaquin Phoenix en el final de Two lovers. Se acerca a la mirilla de la puerta y ve a una pareja de ancianos dándose la mano. La pregunta es inevitable: ¿a cuántos lujos no renunciaría por volver a compartir una bolsa de chucherías de un euro con ella? Lo dejó escrito Gata Cattana: como aman los pobres…

C. Tangana no está inventando nada. Dellafuente sampleó canciones populares antes que él, y otros tantos antes que el granadino. El sevillano Haze colaboró hace ocho años con La Húngara. Y con Los Chichos, José Mercé o Canelita. Y lo cierto es que los raperos, tan urbanitas y aburguesados, hicieron de él un proscrito, por atreverse a mezclar con flamenco, ¡la música popular española y del barrio por excelencia! C. Tangana no está inventando nada pero está haciendo buena música, mejor que la que son capaces de hacer las estrellas del pop español, y eso debería ser un orgullo también para quienes estuvimos a punto de tatuarnos el logo de rap solo.

En esta misma columna, hablando sobre la segunda juventud de Estopa, advertimos que los prejuicios que sufrieron en sus inicios los de Cornellà hoy son las palmaditas complacientes de los pijos que se ven obligados a cantar Como Camarón a las cinco de la mañana porque el pueblo la hizo suya. Que viva la música popular, también aquella a la que todavía nadie le ha certificado el reconocimiento de música molona pero sigue alegrando los barrios y la vida de la gente humilde.

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