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Política

El albañil expulsado de la universidad que podría ser consejero de Educación en Madrid

Agustín Moreno dedicó los mejores años de su vida a luchar contra la dictadura franquista que lo expulsó de la Escuela de Ingenieros por su militancia en Comisiones Obreras

La vida de Agustín Moreno (Madrid, 1951) es de película. O de libro. O de serie. Aunque diga que nunca ha pensado en escribir su historia para que los más jóvenes tengan testimonio de lo que costó en este país conquistar la democracia y de cómo se las gastaba la dictadura con los hombres y mujeres que ponían el cuerpo para defender la libertad. El pasado 25 de abril, aniversario de la Revolución de los Claveles, Moreno contó en un mitin de Unidas Podemos, formación con la que concurre como número cinco a las elecciones del 4 de mayo, que unas horas antes de que los militares lusos silenciaran con flores las pistolas de la dictadura, un joven de 22 años, él mismo, saltaba por la ventana de un tercer piso en el barrio madrileño de Usera para evitar que la policía franquista lo detuviese por su militancia democrática.

De carácter discreto, tímido y afable, Moreno dedicó los mejores años de su vida a luchar contra la dictadura que lo expulsó de la Escuela de Ingenieros en su último curso, a falta de unas cuantas asignaturas por aprobar y de haberse podido convertir a sus 23 años en el primer titulado universitario de una familia humilde de solemnidad donde no sobraba nada de lo que se ponía encima de la mesa a la hora de comer.

Después de saltar desde un tercero, de madrugada, aprovechando que su propia madre interpuso resistencia a una policía fuertemente armada con intención de detenerlo durante dos años, por repartir octavillas a favor de la libertad de la dirección  de Comisiones Obreras que fue juzgada y detenida en el famoso Proceso 1001, se escondió en casa de un compañero de la universidad, al que le estuvo tirando chinas por la ventana hasta que éste reaccionó y abrió sin que se enterase el padre, franquista confeso. A la mañana siguiente, sin dormir del susto, Moreno se trasladó a un piso en Lavapiés, en la calle San Cosme y San Damián, propiedad de un matrimonio que militaba en el PCE y que le abrió las puertas y los brazos para evitar que el joven fuera detenido y encarcelado durante dos años.

A los pocos días se fue de Lavapiés a buscar otro sitio más seguro. Cogió un autobús a Ourense mirando para todos lados: “Cuando vives con el miedo a que te detengan, eres el último en salir y el último en entrar en todos los sitios, para asegurarte de que detrás de ti no hay nadie”, cuenta Moreno, que espera que la izquierda salga victoriosa después de más de dos décadas de gobiernos conservadores.

Una nación de chavales

A Ourense llegó para trabajar  de voluntario como monitor en la ‘Ciudad de los Muchachos’, una experiencia pedagógica capitaneada por el Padre Silva, un cura comunista que fundó a finales de los años 50 una nación de chavales con moneda propia, elecciones, justicia y libertad. Justo todo lo que no había en aquella España carcomida por la dictadura donde los jóvenes libres como Agustín Moreno tenían que huir si no querían dar con sus huesos en las inmundas cárceles franquistas.

“Con el Padre Silva me enamoré de la educación”, recuerda Moreno, que antes ya había enseñado a leer a adultos analfabetos en las Tres Mil Viviendas de Sevilla. A la vuelta a Madrid, después de un maravilloso verano que le cambió la vida al lado del Padre Silva, empezó a buscar trabajo con una orden de busca y captura persiguiéndole. Para sortear a la dictadura, con la ayuda de algún compañero de Comisiones Obreras, logró cambiar su número de afiliación a la Seguridad Social y empezó a trabajar de albañil, de ferralla, los que montan la estructura de hormigón de los edificios antes de lucirlos.

Como albañil impulsó en compañía de otros compañeros las multitudinarias huelgas de la construcción que tuvieron lugar en Madrid en los últimos años de la dictadura. A todo esto, tardó años en poder volver a Usera, a la casa de sus padres, porque la policía vigilaba su barrio para detenerlo en cualquier descuido. En 1975 hubo un accidente laboral en la obra donde trabajaba, en la construcción de los aparcamientos de la Delegación de Hacienda en la calle Reina Victoria. Los techos de hormigón se cayeron y de milagro no murieron cuatro trabajadores que estaban debajo. El paro duró una semana y consiguieron todas las reivindicaciones.

Moreno, el joven al que el franquismo no dejó ser ingeniero, era ahora uno de los líderes sindicales de los albañiles madrileños. El jefe de obra de la Delegación de Hacienda lo llamó a su despacho a los pocos días para ofrecerle un ascenso de categoría y de sueldo: “Usted está muy preparado, podía llegar lejos en esta empresa y dejar de ser albañil”, le espetó. “Intentó comprarme para que no siguiera defendiendo a mis compañeros”, señala Moreno, quien ni corto ni perezoso le dijo que no a todos los ofrecimientos.

El no al jefe lo puso de nuevo en el punto de mira de la policía y una tarde, al salir de la obra, vio movimientos raros que lo alertaron. Corrió como un galgo desde Cuatro Caminos hasta Plaza de Castilla delante de un policía que lo apuntaba con una pistola. En la dictadura los demócratas corrían delante de los grises, no detrás. Otra vez a esconderse en un piso hasta que amainara y volver a cambiar el número de afiliación a la Seguridad Social para buscar de nuevo trabajo en la construcción.

"Nos comíamos la libertad, nos comíamos la dictadura"

Su próximo destino fue el Hospital 12 de Octubre, como albañil, donde participó en la construcción del pabellón de oncología y fue elegido enlace de CCOO en las elecciones sindicales. Corría el año 1975: “La libertad ya se respiraba, llenamos Madrid de huelgas de la construcción. Nos comíamos la libertad, nos comíamos la dictadura”, subraya emocionado, como si quien hablara fuera aquel joven veinteañero que corría más rápido que la policía.

“Al final del 76 ya habíamos doblado el Cabo de Buena Esperanza, ya se vislumbraban las libertades y que después de Franco venía la democracia”, manifiesta Moreno, quien siempre estuvo muy cerca de Marcelino Camacho, el histórico primer secretario general de CCOO que pasó nueve años en la cárcel de Carabanchel por su militancia sindical, con quien tuvo una relación muy estrecha hasta su muerte y al que admira por su “dimensión humana y personal”.

Antes de saltar por la ventana de su casa, a Moreno lo lograron detener una vez y pasó tres gélidas noches en los calabozos de la Dirección General de Seguridad de la Puerta de Sol, actual sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, donde sufrió las palizas que el régimen franquista asestaba a los demócratas que se lo ponían difícil al franquismo. En el juicio fue asistido por una joven abogada, Manuela Carmena, y al verla le pareció “como si viera la luz por primera vez”.

Con la marcha de Marcelino Camacho de CCOO en 1986, éste le propuso a Moreno que lo sucediera, pero no aceptó. Siguió militando y estando en la dirección hasta 1996, cuando el sindicato se rompió en dos, entre los que firmaban reformas laborales con PP y PSOE y abogaban por una derechización y quienes querían un aparato más combativo y vinculado al origen. Moreno, que es elegante hasta para hablar de las cosas feas, lo expresa de otro modo: “La división era entre los que apostaban por el diálogo social y los que apostábamos por la movilización social”. Líder del Sector Crítico de CCOO, fue cesado de todos su cargos en marzo de 1996 y, gracias a que estuvo años estudiando por las noches la licenciatura en Historia por la UNED, en junio de ese mismo año aprobó las oposiciones de profesor de secundaria a sus 45 años.

“Yo iba todos los días cantando a trabajar de lo feliz que me hacía ser profesor de instituto”, dice este buen hombre al que sus alumnos le dedicaron un sonoro homenaje en forma de aplauso cuando se jubiló en 2018 y que hizo viral por redes sociales. Poca gente hay que no lo conozca en Vallecas, donde está el instituto en el que se jubiló con vítores, a este profesor que fue también líder de la Marea Verde por la educación pública y una piedra en los zapatos de los distintos gobiernos del PP que han ido reduciendo la inversión en educación hasta convertir a la Comunidad de Madrid en la región con mayor PIB de España y, a su vez, la que menos invierte en educación pública de todo el país.

Explica que contó su historia en público porque le parece que “todo el mundo debe saber que la libertad es algo muy importante, no es comparable con poderte tomar un bocadillo de calamares y una caña en una terraza”, en alusión a las palabras de la candidata del PP a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien ha dicho también que libertad es no encontrarte con tu ex por la calle.

Agustín Moreno denuncia que la derecha está creando un “clima de intolerancia y envenenamiento” y precisamente para seguir defendiendo la democracia ha decidido aceptar la oferta que le lanzó Pablo Iglesias para integrar la lista electoral de Unidas Podemos en las elecciones del 4 de mayo.

En los mentideros políticos se habla ya de que Moreno podría convertirse en el próximo consejero de Educación de la Comunidad de Madrid si el bloque progresista gana las elecciones y expulsa al PP después de 25 años. De ser expulsado de la universidad en el último año por su militancia democrática y liderar las huelgas de los albañiles madrileños, este hombre bueno, en el sentido machadiano del término, puede llevar a la práctica la utopía educativa del Padre Silva donde se refugió del franquismo en el verano de 1974. A sus 70 años, no tiene dudas, a pesar del coste personal que ha tenido su compromiso con la democracia: “Volvería a hacerlo todo de nuevo”.

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5 Comentarios

5 Comments

  1. joaquín archidona acedo

    30 de abril de 2021 09:03 at 09:03

    Agustín, este, tu hermano mayor, te desea una andadura VALIENTE Y feliz en la consejeria de educación, que realizaras con entusiasmo, aunque tengas que jubilarte a los 80,,,,,,SÍ SE PUEDE.-

  2. Luis Felipe Sellera Ramos

    30 de abril de 2021 09:30 at 09:30

    Aunque se nos quiera lavar la memoria y vender que la Transición fue una especie de cuento de hadas, no fue así, fueron tiempos turbulentos cuyo cúlmen violento fue la matanza de Atocha.
    La clase obrera, los estudiantes, los profesionales; es decir la alianza de las fuerzas del trabajo y de la cultura, luchábamos entonces contra el continuísmo franquista y por una ruptura democrática.
    CCOO y el PCE fueron los que guiaron aquellas luchas, por mucho que se quiera negar: ahí están los datos históricos para todo el que esté dispuesto a consultarlos.
    Conocí a Agustín Moreno en aquellos tiempos difíciles en que yo ejercía de abogado laboralista (1976). Agustín parecía tener el don de la ubicuidad porque estaba en la preparación y ejecución de todas las luchas obreras y democráticas en Madrid: en la dirección de CCOO, en la dirección del PCE, en el comité de huelga de la construcción en Madrid, junto con el cura Paco, Macario, Arcadio, Tranquilino, Torres, etc.
    Más tarde, junto con Marcelino, sería descabalgado de la dirección de CCOO por Antonio Gutierrez, el malhadado José Mª Fidalgo y otros de esa misma camarilla, y lo fueron de la peor de las maneras, casi expulsados, en favor de las soluciones sindicales más domesticadas y acomodaticias.
    A mi juicio, Agustín Moreno forma parte de ese ramillete de imprescindibles sin los que la clase obrera y la mayoría social de este país, tendrímos una vida mucho más difícil.
    Gratitud, salud y fuerza, compañero.

  3. Barritos

    30 de abril de 2021 12:39 at 12:39

    Precioso artículo sobre la vida de un hombre grande. Agustín Moreno forma parte ya de la memoria histórica que algún día será conocida y reconocida por todos. Gracias!

  4. Agustín Montes C.

    30 de abril de 2021 17:33 at 17:33

    Sería un nombramiento de lo más edificante.

  5. Mohicano

    30 de abril de 2021 19:23 at 19:23

    Te saluda otro de la vieja escuela, como tú.

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