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Entrevista

"El aznarismo está moribundo en el PP" Entrevista a Pablo Carmona

Pablo Carmona (Madrid, 1974) es doctor en Historia, editor, escritor y activista. Fue concejal de Ahora Madrid desde 2015 a 2019. Formó parte del llamado "sector crítico", es decir, aquel que se opuso tajantemente a que la especulación urbanística siguiera formando parte del pan de cada día. Carmona ha respondido por escrito a LUH! sobre diversos temas: la derecha española, el Ayuntamiento, la vivienda o el 'derecho a la ciudad'. Sin pelos en la lengua y sin, por suerte, la verborrea alambicada que caracteriza a alguno de los opinadores del presente.

Escribiste, junto a Almudena Sánchez y Beatriz García, el libro “Spanish Neocon”, publicado en 2012. A día de hoy, más de ocho años después, parece haber cobrado más actualidad que nunca. ¿Consideras vigentes sus reflexiones?

En este texto intentábamos hacer un balance de la evolución del neoconservadurismo anglosajón en las filas del Partido Popular. El obetivo era entender las posiciones políticas y también los movimientos sociales que les acompañaban. De algún modo aquella revuelta neoconservadora, que en Estados Unidos echa raíces desde los años 50 y que tuvo su edad dorada a partir de los años 80 con los gobiernos de Ronald Reagan y Thatcher, revolucionó a una parte de la derecha española a partir del último gobierno de Aznar hasta llevarla a fragmentarse. Por tanto, en aquel libro indagábamos sin saberlo aún en los orígenes de VOX y también en los futuros del aznarismo.

Así, estos movimientos neocon, con todas sus distancias y diferencias locales, sirvieron a nivel global de impulsores de los actores que representan a la nueva derecha autoritaria. En el caso de VOX es más que evidente las traslación, como demostramos en nuestro último libro Familia, Raza y Nación, editado también por Traficantes de Sueños. Pero también es muy evidente si miramos la evolución que han tenido algunos aparatos de discurso y comunicación del Tea Party en Estados Unidos como Steve Bannon o Stephen Miller hasta llegar a la dirección política del gobierno de Trump.

¿La salida de Cayetana Álvarez de Toledo es un síntoma de que la derecha desacomplejada, que quiere dar la batalla cultural, ha perdido este round?

Es una muestra de que en esta fase de crisis están actuando con enorme fuerza los poderes reales, obligando a que los partidos de Estado, y el Partido Popular los es, jueguen lo justo con su papel opositor. Eso precisamente es lo que quiso señalar Álvarez de Toledo cuando en su canutazo de prensa tras la destitución apuntó a que dos temas de fondo de la discusión que mantuvo con Pablo Casado eran si apoyar o no los presupuestos y la renovación del poder judicial.

En la actualidad, lo que conocimos como el aznarismo o los movimientos neoconservadores de inspiración americana, están moribundos en el PP y sus mejores activos están dentro de VOX. El delfín aznarista Pablo Casado ha girado hacia posiciones más tradicionales -incluso algunos bromean llamándole la nueva Soraya (Saez de Santamaría)- mientras que VOX quiere reencontrar una vía de crecimiento en nuevos discursos más sociales y anti-inmigrantes.

Independientemente de sus resultados electorales… ¿están consiguiendo liderar la agenda mediática?

El Partido Popular ha quedado en tierra de nadie y -a pesar de ello- los sondeos le dan una notable mejoría electoral, aunque aún es pronto para saber su deriva. Mientras, VOX está intentando remover todas las aguas que puede para hacer ruido y mantener alta la atención mediática, cosa que están consiguiendo pero sin abrir en apariencia una brecha real. La revuelta de los Cayetanos dejaron una cosa muy clara, mientras VOX mantenga ese perfil pijo que tanto destila, tanta testosterona y tanta dosis de márketing en su política cotidiana sin armar corrientes sociales, sindicales y de base más fuertes, no llegarán a los sectores sociales a los que -por ejemplo- si llegó a tocar Marine Le Pen en Francia: el voto popular, el voto femenino y el voto más social. Ellos mismos -como ha señalado su dirigente Rafael Bardají-, piensan que han tocado techo.

Un año después de tu salida del Ayuntamiento…¿cómo valoras la experiencia? ¿Crees que a pesar de todo fue fructífero o el balance final es de “oportunidad perdida”?

La experiencia municipalista a nivel madrileño fue muy agridulce. Es la primera vez que sectores venidos de los movimientos sociales dieron el paso a tomar las políticas de la ciudad en sus manos desde el lado institucional. Esto sin duda ha llevado aprendizajes nuevos sobre los límites de las instituciones pero también sobre sus potencialidades. Lo que quedó muy claro es que sin movimientos fuertes y sin lealtad al plan de ciudad que durante décadas han articulado los movimientos sociales en Madrid, cualquier intento se política institucional acaba en las garras discursivas del enemigo.

¿Qué opinión te merecen los “pactos de Cibeles”?

Te voy a ser sincero, me recuerdan a los propósitos de año nuevo, muchos de ellos muy loables pero que luego no se llevan a cabo. Ir al gimnasio, mejorar la alimentación, leer todos estos libros, mejorar los idiomas. Ahora en serio. El clima de oposición bondadosa y hasta de buen rollo que ha impuesto Más Madrid en el Ayuntamiento creo que ha sido un error de bulto, con ello han ayudado mucho a que Jose Luis Martínez Almeida logre ganarse un sitio en la derecha española e incluso haya tenido buenos comentarios en la prensa progresista. Esto no sucedía desde que Alberto Ruiz Gallardón gobernaba en Madrid. Recordemos que es el candidato del PP que peores resultados ha sacado en Madrid a los largo de la historia y ahora es portavoz nacional.

¿Qué supone para Madrid la puesta en marcha definitiva de la Operación Chamartín?

Supone destruir buena parte de lo que pone en los Pactos de la Cibeles. Madrid es una ciudad que segrega a su población a marchas forzadas, los ricos hacia el norte y los pobres expulsados hacia el sur. La Operación Chamartín está pensada para reforzar esta tendencia a escala regional y mantener un modelo económico insostenible.

Ahora, la crisis que se abre probablemente traiga consigo una quiebra de las posibilidades de inversión. Esto es lo que refleja la caída en bolsa por ejemplo de Merlin Properties, la mayor SOCIMI de España, y actor importante de la Operación Chamartín. La depreciación de activos inmobiliarios y la necesidad de fuertes inversiones para un ciclo basado en la construcción dificultan la inversión, aunque estos actores no se rinden. Ahora miran a la ayuda de la inversión pública como una manera eficaz de seguir con sus planes, una especie de plan de rescate encubierto que vendrá envuelto en bonitos discursos en favor del derecho a la vivienda.

El gran consenso que hay en torno a planes como la Operación Chamartín, donde participan los cinco grupos políticos del Ayuntamiento, desde VOX hasta Más Madrid, nos indica que el verdadero pacto de reconstrucción, donde se sigue confiando para activar económicamente a la ciudad es más en las grandes operaciones inmobiliarias que en las declaraciones de buenas intenciones. Aunque ya esté más que demostrado que este tipo de operaciones son un fracaso económico, territorial y social.

La segunda desokupación de la Ingobernable…¿es una derrota para el derecho a la ciudad?

Sin duda, una grave demostración de fuerza del gobierno central contra los movimientos en Madrid sin entender lo importante y necesario que es para nuestra ciudad tener al menos un gran centro social autogestionado en el centro de la ciudad. Así se demuestra desde que se ocupó el Centro Social Minuesa, la saga de los Laboratorios, el Patio Maravillas y hasta La Ingobernable.

Y, por último. Vivimos la enésima oleada de noticias que alertan de la okupación y que desplazan, aún más, de la atención el problema de los desahucios.  ¿Qué momento vive la lucha por la vivienda digna?

De nuevo se lanza un falso dilema que debemos desmontar, como ya se está haciendo. Pero sobre todo el movimiento de vivienda tiene que concentrase en entender y saber como organizarse en esta nueva crisis. La campaña de huelga de alquileres ha sido un primer paso, pero ahora queda por articular una respuesta a la campaña de desahucios que se está levantando tras el verano. La crisis de empleo que se abre durante la pandemia se va a ir convirtiendo en una crisis de vivienda, debemos saber convertir esa realidad en un verdadero problema político.

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