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Sociedad

"El caso de Zozulya es el último estadio de la locura en la que vivimos"

Entrevista a Quique Peinado

Quique Peinado (Vallekas, 1979) es un periodista todoterreno. Lo mismo colabora en programas más pegados al humor, como Zapeando, que escribe sobre fútbol, NBA o política, amén de presentar, junto con Manuel Burque, Radio Gaga, en Zero, y Buenismo Bien, en la Cadena SER. Su agenda está apretada, así que sacamos un hueco, entre interferencias, para hablar en el AVE. Peinado parece estar en todas partes, pero en todas es reconocible: de izquierdas, de Vallekas con 'K' y del Rayo. Esto último no lo puede evitar: sus padres se conocieron gracias a su común amor a la Franja. 

 

Eres un periodista/cómico/ presentador. ¿Cómo te apañas?

Yo creo que normalmente, por como van los mundos laborales y sobre todo en la cultura, la gente tiende a hacer a una cosa y se le tiende a encasillar, pero no quiere decir nada. En la vida de la gente hay diferentes facetas. Pero digamos que yo profesionalmente puedo explotar todas: no es porque yo sea Da Vinci, es porque se han ido dando las cosas así y yo no digo que no a cosas que creo que sé hacer. En general todos en nuestra vida tenemos varias facetas, solo que yo las exploto profesionalmente. Es bastante natural, aunque tengo bastante trabajo a veces. Pero creo que debería ser más habitual de lo que es. Mi carrera es verdad que es un poco rara, porque hago cosas muy diferentes. Pero creo que cualquiera estaría capacitado, solo que la gente asume como que tu labor o por dónde tiene que ir tu camino profesional es uno, se te encasilla ahí. De momento tengo la suerte de que no me pasa. 

 

¿Eres capaz de adaptarte a contenidos tan diferentes?

Las cosas que me ofrecen a mí ya tienen un punto en el que voy a estar agusto. Si yo estoy agusto es un criterio mío, que lo puede compartir alguna gente o no. Tengo la suerte de que puedo elegir. Digo a cosas que no, (aunque) tampoco te creas que tantas. Las cosas que me llegan normalmente van a mi perfil, y ese perfil lo comparte la gente que me sigue. En casi todos los trabajos, de una manera o de otra, hay mucha parte de como soy yo. Tú no eres igual en casa de tus suegros que con tus amigos, ni en un programa que en otro, pero en casi todas hay mucho de como soy yo. Es todo bastante natural. Yo estudié periodismo, y para hacer cualquier cosa requiere una formación. Pero realmente yo empecé a presentar porque me pusieron delante de una cámara, no tengo ninguna formación específica y la mayor parte de la gente no la tiene. Vas aprendiendo el oficio y te presentas de una manera más o menos natural. Yo hago lo que sé, y de momento se van dando las cosas. También tengo claro que por eso mismo, por no tener mucho fondo o mucha estructura detrás, sino que soy yo, igual que ahora me va bien me acabará sin ir bien y me tendré que dedicar a otra cosa. Tampoco me podía imaginar que siete años después iba a seguir teniendo ese nivel de curro. De momento, lo que dure, perfecto. 

 

Y no te cortas a la hora de expresar tus opiniones. 

No es algo premeditado. Para mi desgracia. Tiene más que ver con que yo soy tirando a bocazas, y me cuesta no expresarme, me costaría mucho no hacerlo. Yo soy consciente de que en lo profesional no me ayuda el ser tan claro en según qué opiniones o expresarme según de qué maneras. Tengo claro que no me ayudo en lo profesional, que me cierra puertas. Y me parece lógico. No lo digo como una queja, es lo normal. Yo lo entiendo. Y más en el mundo en el que vivimos: que yo no es que sea gilipollas y pretenda que cambie el mundo para que yo pueda opinar. Es el que es y es lo que hay. Pero bueno, para mí desgracia... a mí me gustaría callarme más de vez en cuando, tener un perfil más bajo a veces. Pero bueno, no es mi personalidad, no va conmigo, ya tengo 41 años y me va a costar cambiar. Y sobre todo que bueno, que me podría ir mejor pero que me va muy bien. Cómo es verdad que yo hasta hace siete años ni siquiera imaginaba o pensaba que me pudiera ir tan bien, todo lo que venga me parece regalado. 

 

Tu primer artículo en Infolibre lo has dedicado a criticar el tratamiento mediático de Corinna. ¿Están los medios dando el valor suficiente a los presuntos escándalos de la Monarquía?

No sé cómo serán los medios por dentro, ni por qué se hará o por qué no se hará, pero yo tengo una edad y no he visto nunca la cantidad de medios que están informando de manera abierta de un escándalo como éste, que antes los habría de una forma o de otra y que igual se tapaban. Estoy convencido de que se tapaban, que ha habido una generación que ha estado tapando cosas. Y ahora me parece que en eso hay otra generación de periodistas, también hay muchos más medios y han cambiado mucho. Ya no son una cosa que puedan controlar unas pocas manos, aunque los grandes pertenezcan a empresas, y además a qué empresas... Pero hay muchos otros medios que no, medios que se expresan con mucha libertad con respecto a esto. Me parece que en ese aspecto estamos en un buen momento respecto de que los medios puedan fiscalizar a la monarquía. Lo que pasa es que ha habido un salto generacional, ahora hay otra generación tanto de lectores, oyentes o televidentes como de periodistas que ya no consienten o toleran el rollo que había antes con el rey. Eso poco a poco llevará a una mayor fiscalización de la monarquía. ¿Qué eso sirva para que haya decisiones políticas al margen de esto o que se evolucione de una manera o de otra? Eso ya no lo sé. Pero que ahora se fiscaliza muchísimo más a la monarquía de lo que se fiscalizaba cuando yo era pequeño es una evidencia. 

 

Muestras mucha preocupación por temas como las casas de apuestas, la Cañada Real o la huelga de los MIR. ¿Consideras que estos temas tienen el hueco que debieran en la agenda mediática?

Yo creo que todos los medios funcionan por la audiencia, y muchas veces dentro de los medios hay peleas de periodistas que quieren imponer según que temas porque creen que son importantes y que luego se dan de bruces con la realidad de las audiencias. Hay temas que se tratan y que la gente no consume y no interesan, y los medios de comunicación, aunque su función de informar esté recogida en la Constitución, tienen otra parte que es que son un negocio. Y te llega un jefe y te dice: es que estos temas no interesan. Yo creo que en general los temas, si tienen una audiencia, van a entrar. El que sea. Es más una cuestión de rendimiento. 

 

En lo personal yo creo que muchos temas que son así muy grandes y en los que todo el mundo opina no lo hago porque creo que mi opinión no va a aportar nada. Y si que intento en temas que a lo mejor no se hablan o que puedes contribuir de alguna manera a visibilizarlos, gente que te pide ayuda, intento opinar sobre esto. Por ejemplo: lo de la huelga de los MIR ahora y las reivindicaciones que tienen. Porque joder, a parte de que llevan mil años reivindicando, nos han salvado la vida y no me parece nada justo. Son servidores públicos. Me parece que en general quien trabaja en los servicios públicos debe tener el respaldo de la sociedad, pero en este caso están trabajando en unas condiciones tremendas, las cosas que denuncian desde hace tiempo son tremendas, y no puede ser que lo que haya pasado, lo que ha pasado ahora, no sirva para nada. Se han dejado la vida y creo que deberían de tener un apoyo social muy grande. 

La gente muchas veces se mueve por lo que pasa en las redes: lapidaciones, mucha gente opinando sobre una cosa concreta, muchas veces haciendo daño a peña, y otras veces según qué temas se pasan de puntillas. Igual yo si tengo intención de meterme un poco más en esos temas por sentido de justicia o de pensar que puedo aportar más ahí. En este caso me parece palmario: me parece que es el momento de darles todo nuestro apoyo y que consigan las cosas que merecen conseguir, que no están pidiendo ninguna locura. 

 

Entrando en el ámbito deportivo...¿crees que los deportistas se mojan lo suficiente?

Yo creo que el deporte, según crece el profesionalismo y cuanto más dinero e intereses ahí, es más complicado para los deportistas mojarse o moverse. Cualquier cosa provoca un incendio en Twitter, que si la miras objetivamente a lo mejor son quinientos comentarios, pero de repente esos quinientos comentarios los periodistas lo convertís en algo. Es una cosa que en tu gremio hacéis muy mal: las cosas que pasan en Twitter parece que son la vida. Y hace que grupos reducidos de gente tenga una capacidad de presión muy grande porque se pueden adueñar de los medios de comunicación. Y eso es una barbaridad: creo que no se mide, no se, digamos, hace peso neto del número de interacciones que se consideran incendio y que merecen pasar a un medio tradicional. Parece que quinientas personas digan algo en Twitter es mucho más que que miles se manifiesten en la calle. Y eso es un error que cometéis los medios de comunicación. Un deportista, que es alguién que se dirige a millones de personas, que su área de influencia es muy grande, solo con que mil personas le critiquen en Twitter sabe que le puede caer la de Dios. Y que puede verse respaldado por marcas, clubes, entorno, etc. Se hace mucho más difícil que los deportistas se mojen. ¿Se les puede exigir que se mojen más, porque tienen una posición de privilegio? Sin duda. Pero yo soy más partidario de que se creen las condiciones para que se pudieran expresar con más libertad en general. No solo en temas sociales sino en general. Yo cuando escribí Futbolistas de izquierdas la gran conclusión que saqué es que toda la gente que se ha mojado en ese aspecto nadie ha sacado ningún beneficio. Aparte que no sea tener la conciencia tranquila o lo que sea. O te quedas como estás o te perjudica. Pedirle a la gente que haga cosas que te perjudiquen...sí, yo creo que sí, en la parcela de los periodistas que son privilegiados debería hacerse más, pero no estamos nadie fabricando el entorno para que eso sea posible. Si miras ahora mismo la NBA esa es la manera, digamos, la perfección en la que una organización y la prensa y los aficionados y todos fabrican el entorno adecuado para que los deportistas se puedan expresar. Además, habitualmente se expresan de un lado, pero el deportista que se expresa del otro no sufre una lapidación profesional y personal. Y de eso tenemos culpa todos. La NBA ahora mismo para mí me parece el ejemplo perfecto. Llegan los deportistas, se sientan y dicen: queremos reivindicar esto. Pues vamos a ver cómo lo hacemos. Que es lo que se ha hecho ahora: vamos a pactar que lemas podéis poner en las camisetas, que cosas podéis mostrar... Es una manera de crear un entorno en la que la gente se pueda manifestar. Se expresan con mucha más libertad que los deportistas en Europa.

 

¿Casos como el de Zozulya enrarecen aún más la situación que denuncias?

El caso de Zozulya es el último estadio de la locura en la que vivimos. Cuando manifestarte de una manera adecuada o menos adecuada, de una forma correcta o incorrecta, la que sea, sin entrar a valorar eso. Cuando tú te manifiestas contra alguien de un colectivo que no es un colectivo oprimido y se le da la vuelta para hacerlo pasar por un colectivo oprimido. De manera que el que se manifesta contra el colectivo que oprime a los demás se se convierte en opresor. Cuando se está manifestando de una manera pacífica y dentro de unos códigos, los del fútbol, en los que es la manera en la que se puede expresar. La grada puede gritar, no bajarse a hablar con el jugador y decirle: a ver, espérate que te convenzo. Esa es la vuelta de tuerca de todo. Y si evidentemente se hizo eso, se trató de poner un colectivo contra el que se protesta al mismo nivel que otro, es decir, se pone al mismo nivel lo que se dijo a Zozulya que un comentario racista (de hecho se le considera superior, porque nunca se había suspendido un partido y ese día se suspende) es una involución tremenda. Pero en esa involución participan: medios de comunicación, la Liga, y muchísimos profesionales del fútbol. Luego a partir de ahí la sociedad compra o entiende el mensaje de una manera o de otra. Pero ahí hay una estrategia, que compartían el presidente del Rayo Vallecano y etcetera etcetera. No es ese muchacho en concreto, que al final es un chaval que tiene unas opiniones y ya está. Pero ahí una estructura de un interés superior, que cada uno puede leer de una manera. Yo creo que hay una parte de interés por parte del Rayo Vallecano de que eso ocurra, que se quiere cargar a una parte de su afición y lo intenta y colabora con eso, y un interés de la Liga, de parte del periodismo y de la sociedad que quiere pervertir el lenguaje. Que es la base sobre la que se articula una protesta. Si tu equiparas a dos colectivos contra los que se puede protestar conviertes a gente que son opresores en oprimidos, cuando la respuesta de otros no es ni violenta ni nada. Es la respuesta que se puede dar dentro de los códigos del fútbol. Bueno, eso pasó y no es casual. Y el camino que lleva la burra es de ser cada vez más así. 

 

En ese camino, ¿que un tipo como Martín Presa, con toda su masa social en contra, se aferre al puesto… es sintomático? 

En el caso de Martín Presa es una persona muy peculiar, con una problemática muy peculiar, que cualquiera que le haya tratado de manera profesional... No es gente necesariamente de una tendencia política. Yo he hablado con gente de otras tendencias políticas que han hablado con él y dicen: pero bueno, este señor... Es un caso particular. No sé qué beneficio particular sacará, pero también tiene un punto de: este club es mío y hago con él lo que quiero. Ha tenido ofertas para venderlo y no lo ha querido vender. Tampoco creo yo que sea una cuestión económica. Es un paradigma de fútbol muy distinto en el que la grada y la dirigencia no tienen nada que ver. Pasa en el Rayo y en muchos otros clubes. Y pasó antes y pasará después. Es el fútbol de ahora. Supongo que habrá gente que lo deje de comprar y que cuando lo deje de comprar mucha gente algo cambiará. Creo que no va a ser un camino unívoco que vaya siempre hacia allá. Creo que a estas cosas se le pueden dar la vuelta por muchos factores, y que puede ser que se le de. Eso es innegable. Pero en el caso de Martín Presa es un caso muy particular, porque es una persona que tiene unos condicionantes muy particulares.

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