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Opinión

El contexto de la verdad y la necesidad del coraje

“El intelectual fue rechazado y perseguido en el preciso momento en que los hechos se hicieron incontrovertibles, cuando estaba prohibido decir que el emperador no tenía ropa”, Michel Foucault

El concepto de contexto es esencial para que se comprenda el sentido de los mensajes en la comunicación. La oportunidad o inoportunidad de una declaración pública dependen del contexto. La verdad está condicionada por el contexto. El propio concepto lo explica, cuando dice que es el "conjunto de circunstancias que rodean una situación y sin las cuales no se puede comprender correctamente". Por ello, el discurso de Felipe VI no conformó la mayoría de españoles. Sólo definió a la pandemia como la única circunstancia existente, pero omitió otras circunstancias relevantes.

Aludiendo a pensamientos de Michel Foucault, los epistemólogos consideran al estudio del hablar franco, de la “parrhesia”, como modalidad del decir veraz. El análisis de las estructuras propias de los diferentes discursos que se dan y se reciben como discursos veraces son, en líneas generales, lo que podríamos llamar un análisis epistemológico. Es el tipo de acto mediante el cual el sujeto, al decir la verdad, se manifiesta, se representa a sí mismo y es reconocido por los otros como alguien que dice la verdad. Bajo qué forma, en su acto de decir la verdad, el individuo se autoconstituye y es constituido por los otros como sujeto que emite un discurso de verdad. Bajo qué forma se presenta, a sus propios ojos y los de los otros, aquel que es veraz en el decir. Ese análisis define cuál es la forma que asume el sujeto que dice la verdad.

El análisis de este ámbito podría llamarse estudio de las "formas aletúrgicas". La “aleturgia”, entonces, sería la producción de la verdad, el acto por el cual la verdad se manifiesta. Estudiar en ese marco la noción y la práctica de la parresia daría algunas claves. De aquí, para construir la veracidad del mensaje es esencial decir la verdad sobre uno mismo. Máxime cuando ya no es posible ocultar los hechos que nos definen. Se mencionó en estos meses la metáfora del “rey desnudo”, para describir las miserias monárquicas. Aunque se nieguen comisiones de investigación y se articulen regularizaciones fiscales “afinadas”. Mantener con desdén tal postura negacionista supondría la alteración de la realidad. Esto, que estuvo ausente en el discurso del actual monarca español, evidenció que careció del coraje imprescindible para asumir el rol de Jefe de Estado de todas las personas que habitan este país. Esas personas que habitan España, sean de la posición política que sean, “saben lo que hay y lo que hubo”.

Por tanto, “ese otro indispensable para que yo pueda decir la verdad sobre mí mismo” fueron las personas que presenciaron su mensaje. Cada una de ellas, hayan justificado o no su posicionamiento, coincidirán en que la principal víctima de todo esto ha sido la verdad. Con lo que, esa figura envejecida y cansada que se vio en la pantalla, está a la defensiva. Buscando apoyos en su discurso en la ultraderecha política, militar, económica y religiosa. Es una elección que le restringirá aún más apoyos de la mayoría democrática de este país.

Ni una mención a la recuperación de la ejemplaridad perdida durante la gestión de su padre. Aval inclusive de las conductas reprobables de otros integrantes de su entorno. Tampoco hizo alusión a los devaneos golpistas de miembros de las fuerzas armadas. Es más, con su equiparación del derecho del fascismo a tener un lugar en la democracia, permite que se manifieste como una continuidad del exterminio de la oposición. No parece ser el monarca de veintiséis millones de españoles amenazados, incluidos niños. El repudio explícito del fascismo debió constar en ese texto.

Lo que se observó en el discurso navideño 2020, fue la grave crisis entre el sujeto del monarca, la verdad y el poder necesario que debería tener para sostener a la monarquía en el actual contexto que parece ignorar.

Esto puede ser el indicio de un enrocamiento de las posturas ultramonárquicas, neoliberales y ultraderechistas, en perjuicio de la mayoría genuinamente progresista. Esto sólo puede concluir en una nueva convocatoria electoral o en más intentos de golpes de estado.

Confío estar en un error.

“La historia de las luchas por el poder sigue estando casi totalmente oculta. El saber no entra en ello: eso no debe saberse”.

Michel Foucault

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