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Análisis

El descenso a los infiernos de Inés Arrimadas

Hace sólo cuatro años, la líder de Ciudadanos ganó las elecciones catalanas en votos y en escaños, barriendo al PSC y al PP

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Inés Arrimadas, presidenta de Ciudadanos

Corría el año 2010 cuando Inés Arrimadas, jerezana afincada en Barcelona por motivos de trabajo, acudió a un acto de Ciudadanos en el barrio de El Raval donde estaba Albert Rivera. Políticamente se quedaron prendados uno de la otra y la una del otro. Al menos esta es la historia oficial que se relata sobre cómo Arrimadas, hija de un expolicía que a finales de la década de los 70 abandonó el Cuerpo y pasó a ejercer la abogacía y nieta de un militante comunista por el lado materno, abandonó su trabajo de consultora para formar parte en 2012 de la lista de los naranjas en el Parlamento de Cataluña.

Los nueves escaños conseguidos por Ciudadanos en aquella convocatoria electoral serían hoy un triunfo sin paliativos para los de Inés Arrimadas, a los que una encuesta reciente, publicada por La Vanguardia, dejaría por debajo del 3% en intención de voto en Cataluña y con cero diputados en el hemiciclo autonómico donde nació el proyecto naranja.

En 2017, a los cinco años de su debut como diputada autonómica, Inés Arrimadas consiguió la gesta de ganar las elecciones catalanas en votos y en escaños, barriendo al PSC y al PP. Más de un millón de votos, 37 diputados y un 25% de votos. Aquel momento fue su cenit político. Su batalla contra el nacionalismo catalán, su perfil profesional e imagen de solvencia, construida a base de técnicas de coaching y frases de autoayuda de Mark Twain y Paulo Coelho, embelesaban a los votantes del PP, avergonzados por la corrupción de los populares, y a una parte importante de los del PSOE, quienes veían en los naranjas al partido sin complejos contra los independentistas que salvaba también a los socialistas de la podemización.

En 2019, dos años después de ganar las elecciones catalanas, Albert Rivera señala a Arrimadas candidata por Barcelona al Congreso y se convierte en portavoz nacional de la formación que entonces soñaba con convertirse en el primer partido de la derecha y a la que los medios de comunicación le ponían alfombra roja. Eran los tiempos en los que la jerezana arrancaba lazos amarillos por la calle y Rivera se cogía un avión para abrazar a venezolanos en Caracas. Lo bueno de la política es que la soberbia siempre tiene fecha de caducidad.

En las elecciones andaluzas de 2018, donde Ciudadanos pasó de 9 diputados a 21, Inés Arrimadas estuvo las dos semanas de la campaña electoral participando en actos públicos y mítines de los naranjas por la geografía andaluza. Arrimadas era un valor al alza que Ciudadanos usó para catalanizar las elecciones andaluzas y situar el marco de campaña en el independentismo, con Andalucía como escenario de la reacción españolista.

"Parece que va a venir Zidane"

A Arrimadas se la rifaban. Los medios de comunicación, sus compañeros de partido y el electorado. Donde iba, triunfaba. Como la Coca-Cola.“Parece que va a venir Zidane”, dijo un camarero cuando llegó a trabajar a la caseta de la Feria del Caballo de Jerez y vio la cantidad de cámaras y fotógrafos que esperaban la llegada de Inés Arrimadas, vestida de gitana y dispuesta a bailar sevillanas y tomar rebujito, a una rueda de prensa, en compañía del líder andaluz de Ciudadanos, dos semanas antes de las elecciones municipales de 2019.

Costaba trabajo leer un perfil que narrara algún episodio negativo sobre la jerezana. Era la estudiante, la hija, la nuera, la hermana, la política y la amiga perfecta. Las entrevistas que le hacían eran auténticos masajes en los que su argumentario traído del partido eran convertidos automáticamente en titulares por obra y gracia de unos medios de comunicación rendidos a los pies de Ciudadanos. El partido naranja entonces era la esperanza del IBEX-35 para evitar que Podemos llegara a la sala de máquinas del Estado y el refugio del votante del bipartidismo perfecto.

Sin embargo, la pérdida de 47 escaños en los siete meses que hubo de diferencia entre las elecciones de abril de 2019 a la repetición de noviembre del mismo año, pasando Ciudadanos de 57 escaños a 10 en el Congreso, se saldó con la dimisión de Albert Rivera y la asunción de Inés Arrimadas del liderazgo de un partido que estaba tocado y hundido, con bajas importantes y Vox rematando la faena del nacionalismo españolista más radical que había sido la oferta electoral de los naranjas. Ciudadanos, aunque se autodefinía como liberal, había educado a los votantes de Vox porque en España la ultraderecha se activa con Cataluña, no con la inmigración.

Político mejor valorado

La mujer que llegó incluso a ser el político mejor valorado por los españoles se hacía cargo de un partido a la deriva que ahora intentaba dar un volantazo al centro después de que Rivera hubiese protagonizado la foto de Colón junto con PP y Vox, en la que Arrimadas no estuvo porque perdió el vuelo desde Barcelona a Madrid. Al menos esa fue la explicación que dio el partido naranja para justificar su ausencia del momento que supuso el principio del fin de Ciudadanos.

Con el crecimiento exponencial de Vox, los medios de comunicación abandonaron a la mujer a la que en su día le dedicaban titulares épicos cuando escenificaba el papel de Juana de Arco en Cataluña, papel que ahora protagonizaba, con más credibilidad, Macarena Olona. En un país sin liberales, porque la tradición liberal española fue condenada al exilio por la dictadura, Inés Arrimadas trata de conducir a puerto seguro un barco a la deriva que pactó una moción de censura en Murcia con el PSOE para neutralizar el peso de Podemos en el Gobierno de coalición y visibilizar diferencias ideológicas con el PP y Vox.

La operación terminó siendo una bomba autodestructiva en el interior del partido naranja que, tras quedarse fuera de la Asamblea de Madrid, ha acelerado la descomposición de la formación que en su día fue la niña bonita de los dueños de España que estaban intranquilos con un Podemos al que las encuestas, antes de funcionar las cloacas del Estado, daban un 28% de votos y posibilidad real de ganar las elecciones generales.

Todo parece indicar que Ciudadanos tiene difícil su supervivencia tanto en ayuntamientos, parlamentos autonómicos y Congreso. Si la situación no cambia para los naranjas y no lo parece, Inés Arrimadas en el mejor de los casos podría aspirar a fundar un espacio liberal si los naranjas consiguen superar el 3% en las circunscripciones de Barcelona y Madrid, únicas provincias que abren las puertas del Congreso con un suelo de votos tan bajo. El descenso a los infiernos de la mujer que en su día fue el político mejor valorado de España es la prueba irrefutable de la capacidad de los medios de comunicación para construir y destruir a su antojo liderazgos políticos.

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2 Comentarios

2 Comments

  1. mariano tomas Fuentes Alvaro

    24 de mayo de 2021 10:04 at 10:04

    Pues a veces quien siembra vientos recoge tempestades.

  2. Luis Felipe Sellera Ramos

    25 de mayo de 2021 09:28 at 09:28

    Alias «La montapollos».
    Que no se borren sus formas barriobajeras en el Congreso, rebosantes de desprecio fascista por las instituciones democráticas, propias de la ultraderechista que es y que dejan el listón alto para gente como la tal Olona, otra interfecta similar.

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