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El infierno laboral de los talleres textiles de Tánger

Así se trabaja en la ciudad marroquí en la que 28 trabajadores de una instalación clandestina han muerto este lunes electrocutados.

El infierno laboral de los talleres textiles de Tánger
Trabajadoras en un taller textil de la ciudad marroquí de Tánger

El sector textil orientado a la exportación viene generado miles de puestos de trabajo en Marruecos, pero esos puestos de trabajo no están alejando de la pobreza a sus trabajadores y sobre todo a sus trabajadoras, que siguen siendo pobres a pesar de su trabajo para, directa o indirectamente y en muchos casos, grandes e internacionales marcas de ropa.

El número de trabajadores muertos en accidente laboral por la inundación este lunes de un taller textil clandestino de unos 150 metros cuadrados y ubicado a tres metros bajo tierra en la ciudad marroquí de Tánger asciende ya a 28 –la mayoría de ellos, mujeres–, según las cifras aportadas por medios locales, que apuntan a que los trabajadores se habrían electrocutado tras la entrada de agua en la instalación. Se ha publicado que el propietario del taller clandestino ha sido detenido y que se ha abierto una investigación sobre las causas del siniestro laboral, pero al menos por el momento no ha trascendido ni la identidad del empresario ni para qué marcas confeccionaban la ropa sus trabajadores.

Marruecos en general y Tánger en particular cuentan con dos tipos de talleres textiles: los legales y los clandestinos. Los primeros suelen ser más grandes y propiedad de empresarios marroquíes o de multinacionales europeas. Los segundos –entre los que se encuentra el siniestrado este lunes– suelen ser más pequeños y cuentan con condiciones laborales aún peores; tanto, que “distan mucho de estar de acuerdo con los estándares mínimos establecidos por la Organización Internacional del Trabajo” –la inmensa mayoría de sus trabajadores ni siquiera tiene contrato laboral–. Algunos de estos talleres clandestinos “confeccionan ropa por encargo de otras fábricas y empresas”, según han denunciado colectivos como Attawassol y SETEM (Servicio Tercer Mundo). Es decir que las multinacionales europeas presentes en Marruecos no sólo contratan, también subcontratan.

El periodista Youssef M. Ouled ha destacado este martes en las redes sociales que el primo de una amiga suya, de “apenas 20 años” de edad, es uno de los muertos en el accidente laboral registrado este lunes en Tánger, “donde empresas explotadoras tenían un taller clandestino de costura”. Ouled se ha referido a los fallecidos como “gente que no tiene nada” y a la que el “sistema corrupto marroquí” –que “entrega a sus gentes a multinacionales extranjeras que los explotan en condiciones infrahumanas”, ha denunciado– no ha dado “oportunidades”. “¿Cómo, si no, iban a pagar sus mansiones los de arriba?”, se ha preguntado.

El periodista, que se ha mostrado convencido de que “no habrá justicia” para las víctimas del siniestro laboral de este lunes, ha destacado que este “no es anecdótico” y se ha preguntado “cuántos talleres clandestinos explotados por multinacionales europeas hay” en Tánger –y en otras ciudades marroquíes como Tetuán o Castillejos, donde se están llevando a cabo protestas obreras “desde hace semanas”– y “cuántas personas trabajan en las mismas condiciones que quienes han muerto”.

En cuanto a la empresa –cuya identidad no ha trascendido, al menos por el momento–, Ouled ha manifestado que “es muy posible que no sea una, sino que sean todas”, pues “todas subcontratan lo más barato que pueden”. “Da igual Inditex [multinacional española] que H&M [multinacional sueca] que incluso marcas caras”, ha añadido, y ha insistido en que “el sistema capitalista racial no se sostiene sin esta explotación del Sur Global y sin la explotación de unos cuerpos a los que considera desechables”.

“Un importante centro de costura y confección de España y de gran parte de Europa”

El informe ‘La moda española en Tánger: trabajo y supervivencia de las obreras de la confección’ –editado por SETEM con el apoyo económico de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo)– reflejaba, hace ya una década, que Marruecos es desde finales de los años ochenta “un importante centro de costura y confección de España y de gran parte de Europa” y que en sus zonas industriales “se fabrica ropa para todo tipo de empresas, incluidas las grandes firmas con presencia internacional”. De hecho, la primera deslocalización del sector textil español tuvo como principal protagonista Marruecos y ello acabó convirtiendo a ciudades como Tánger en polos de atracción de migraciones internas, pues el sector textil generó en ellas “muchos miles de puestos de trabajo”, aunque con condiciones de vida “especialmente duras” para sus trabajadores.

Según SETEM, Inditex –propiedad del empresario español Amancio Ortega– y otras multinacionales textiles europeas “tienen factorías propias o proveedores en Marruecos”, donde operan aprovechando “unos costes de producción claramente inferiores a los de la Unión Europea” –es decir aprovechando fundamentalmente los bajos salarios que pagan a sus trabajadores– y “la cercanía geográfica”. Y dentro de Marruecos, Tánger es una de las ciudades que más han atraído a esas multinacionales, por la “fiscalidad ventajosa” de su Zona Franca y por la “menor presencia sindical” en sus fábricas; tanto, que en los talleres textiles tangerinos puede hablarse de “casi ausencia de sindicatos”.

Empresarios que no dejan de aumentar sus beneficios y trabajadores que nunca salen de la pobreza porque ganan unos pocos cientos de euros al mes tras largas jornadas de trabajo de seis días a la semana y horas extraordinarias a menudo sin remunerar, arbitrariedad en la contratación y en el despido, obstáculos a la acción sindical, medidas disciplinarias desproporcionadas e incluso abusos verbales y físicos forman parte del paisaje del sector textil en ciudades marroquíes como Tánger, en uno de cuyos talleres subterráneos casi treinta trabajadoras y trabajadores han perdido la vida este lunes, electrocutados.

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