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Opinión

El patriarcado no tiene ojeras

Esta semana, tras ver una fotografía de Sergio Ramos y Pilar Rubio después del parto de ella, se me ocurrió la loca idea de hacer un tuit.

En la imagen en cuestión, él vestía aún la ropa de quirófano, con su bata y su gorro y ella aparece tumbada en lo que a todas luces es el lecho de una recién parida. Me llamó la atención que ella, estaba maquillada y perfecta.

Cometí la enorme temeridad de escribir un texto pedagógico, donde sin ánimo de criticarles a ninguno de los dos, ponía en cuestión el sistema patriarcal en el que todas y todos vivimos.

Ese entramado de ideas y de mandatos tácitos e implícitos que nos dicta a las mujeres las normas del juego, que, sin lugar a dudas, son distintas para nosotras. Esos códigos que hablan de que debemos sonreír, ser amables, tranquilas, conciliadoras, simpáticas, obedientes y buenas. Esos mensajes moralizadores que nos obligan a depilarnos, a maquillarnos, a llevar falda o vestidos, a ser femeninas y como no, a no revelarle nunca a un idiota su grado de estupidez suprema.

Mi mensaje decía: “El patriarcado no quiere vernos doloridas, ni cansadas, ni llorosas o extenuadas. El mandato patriarcal es que siempre estemos dispuestas, felices, sonrientes y por encima de todo: arregladas y guapas”. Y adjuntaba dicha fotografía.

El resultado de mi pequeño texto viajero ha sido el de más de nueve mil insultos, que van de lo absurdo a lo más grave. Ofensas que son reveladoras, porque en ellas se contiene el castigo que sufrimos las que intentamos mantenernos el mayor tiempo posible fuera de ese Sistema. Para crear otro, para fundar uno que valga la pena. Insultos donde se me reprende por mi cuerpo, por mi pelo, por mi forma de vestir y donde se me habla en masculino para negarme mi condición de mujer. Pero ni uno solo de todos los acosadores, me cuestiona ninguna idea. La cosa no va de debatir sino de arrasar con el que no coincide con lo que tú piensas.

Me quedo, como comprenderán, con la parte bella. Con todas las mujeres que compartieron conmigo y con toda la red sus fotografías después de su parto.
Despeinadas, llorosas, cansadas, doloridas, felices, exultantes y emocionadas con esa nueva vida que acababan de alumbrar. Conmocionadas ante los primeros latidos del nuevo ser palpitando en sus manos.

Y este, amigos y compañeras es el reflejo de lo que somos y también de lo que son. La proyección real de la división social que han generado a golpe de romper las reglas básicas de convivencia. La instantánea de los que agreden verbalmente para después negar la violencia y las que despeinadas y emocionadas celebramos la vida, aunque tengamos ojeras.

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