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Deporte

El que no baile es Javier Tebas

El ex miembro de Fuerza Nueva vuelve a estar en el centro de todas las miradas tras la suspensión del Deportivo-Fuenlabrada

Cualquier aficionado al fútbol sabe que, por más que la vuelta televisada de los partidos nos haya calmado en parte el mono que hemos sufrido en la pandemia, comparar la televisión con el directo es pensar que una piscina hinchable es el mar Atlántico. El fútbol es la previa, el post partido, los cánticos, los bocadillos del descanso y los momentos de euforia o hecatombe colectiva. Ese momento en el que hincha e hinchada se funden en un solo ser que canta, espolea, y, sí, también pone de vuelta y media.

Desde el momento en el que el abonadito estándar conoció el nombre de este abogado, experto en mover hilos en la jerarquía privada de los clubes balompédicos, supo que no este hombre no iba a ser un acérrimo defensor de esta cultura, de esta tradición, de este acervo popular que sabe que esto, mucho más allá de filigranas y rompecabezas tácticos, es un ritual.

Por eso en muchos estadios, incluso con ultras de distinto signo, se canta “El que no baile, es Javier Tebas”. Porque el presidente de la LFP, además de un controvertido ex militante de Fuerza Nueva y simpatizante de Vox, es, ante todo, un representante del fútbol moderno. Un celoso tesorero de las finanzas del negocio.

Es el jefe de una patronal. Y como tal habló en las jornadas de verano de la CEOE, pidiendo, cómo no, “no subir impuestos”. “No es un momento para subir impuestos”, dijo, comparando ese posible incremento fiscal con tirar “piedras para que nos ahoguemos y acabemos todos muertos”. Tebas es partidario de pagar menos, siempre. Tanto, que en 2015 denunció a la FIFA por querer prohibir los llamados TPO (Third Party Ownerships), fondos que se dedican a comprar jugadores y a venderlos para revalorizarlos.  “El dinero de los fondos es tan importante como el de los derechos televisivos”, explicó en 2015.

Sin embargo, de un cargo así se espera, al menos a priori, equilibrio, magnanimidad y defensa de todos los clubes que forman parte de la competición. Es difícil pensar que en la polémica del Deportivo-Fuenlabrada (que ha desatado la caja de los truenos y los comunicados) haya sido así. La sospecha puede devenir mayúscula cuando tú hijo, que sigue figurando en la red como miembro de un despacho de abogados fundado y dirigido por tí, asesora a una de los contendientes (el Fuenlabrada). Si eso no es ser juez y parte se le parece mucho. Tebas ha procedido, a juicio del columnista del mundo Antonio Bigatá, como un cacique: a todas luces, el club madrileño podría salir perjudicado en sus intereses deportivos si disputaba el partido con la plantilla mermada.

Quién piense que esto podrá amedrentar a este costarricense de nacimiento es que no le ha escuchado nunca hablar. “Llevan muchos años de cacería y aún no me han cazado", ha declarado hace menos de diez días.  A Tebas le va la marcha. Le gustan los micrófonos y las polémicas. No puede ser menos cuando has asesorado a Piterman, Ruiz Mateos o Lopera. A una persona acostumbrada toda la vida a que le odien no le importa que le vean como un defensor del fútbol moderno. Cómo el verdugo del Carrusel. Así lo explica Nacho Carretero:

“Con los clubes y la Liga ya sobornados, las teles comenzaron a disponer del juego a su antojo. Decidieron que, para optimizar las audiencias, no se podían disputar todos los partidos a la misma hora, arrebatándonos los añorados carruseles de los domingos. Ahora se juega el viernes, el sábado desde la mañana hasta la noche cada dos horas, lo mismo el domingo y un último partido el lunes. Les importa un carajo que los chavales no puedan ir al estadio porque su equipo juega entre semana a las 22:00 horas. O que se arruine el ambiente de un derbi porque lo pongan un viernes. Diría que el objetivo es sacar hinchas de las gradas para sentarlos en el sofá. Si no, no se entiende por qué los horarios son de locos, con partidos de Copa un jueves a las once de la noche. O por qué no se avisa hasta dos semanas antes de cuándo se juega el encuentro (...)”

Visto lo visto, y para evitar posibles confusiones, es mejor bailar. El que no baile...

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