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Opinión

En la muerte de Julio Anguita

A diferencia de este hombre excepcional, la gran parte de los políticos profesionales de este país, o, una parte muy significativa de ellos, no son demócratas. Se dedican a los juegos del poder. No son demócratas y, aunque presuman de “constitucionalistas”, lo son en el ámbito de las reglas y los procedimientos. En ocasiones, ni siquiera eso.

La cultura del “psoe” de la transición,( y también de otras presuntas fuerzas de izquierdas,-miopes y sectarias-), fue una cultura del poder, que nos dejó logros importantes, sin duda, pero para un país como el nuestro, tan quebrantado en su ser y asfixiado por el sufrimiento, los poderes de la época olvidaron cosas mucho más valiosas, como una cultura de lo común, de amor a la igualdad, a la libertad y a la memoria de los hombres y mujeres de este pueblo.

Este olvido lo estamos padeciendo todos ahora, cuando observamos la mediocridad y el encono que inundan la escena política. Esta descuidada cultura de lo común está en el fondo y en la forma de la constitución, en sus principios y en algunos de sus derechos. Esta constitución “inaplicada”, que Julio Anguita reivindicaba una y otra vez.

Con su insistencia, sólo conseguía la actitud displicente y arrogante de los poliquitillos del oportunismo, que aspiran, una y otra vez, al dominio de los “media” y a su propaganda exenta de verdad.

Esta cultura de lo común, que personificó el mismo Anguita, debería ser dialógica y transparente, y podría haber formado el cañamazo de nuestro edificio constitucional. Contra los reaccionarios y los franquistas que, tan amigos de los poderosos como enemigos del principio de verdad, siguen premiando a los torturadores.

Julio Anguita defendió el bien de la comunidad instrumentado en sus actos una cultura hostil a la opacidad.

En antítesis con  la “verdad de parte” que han defendido algunos nacionalistas y supremacistas, Julio Anguita dio testimonio de actitud y actuación democráticas, esencialmente incompatibles con los usos del poder y sus repartos y  cuotas.

Poder, poderes, que, no lo olvidemos, han fomentado una cultura de la desmemoria y de la ignorancia histórica.

En la muerte de Julio Anguita, deseamos de corazón que la memoria de su lucha por el bien común, así  como el recuerdo de su honradez,  acompañen su descanso.

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