fbpx
Síguenos en

Búsqueda

LA ÚLTIMA HORA NOTICIAS

Inicio de sesión ¡Bienvenido/a de vuelta!

¿No tienes cuenta en LA ÚLTIMA HORA NOTICIAS? hazte socio/a ahora

Política

“En la Policía hay un lobby de mandos de alto nivel que tienen una mentalidad retrógrada”

Entrevistamos a Luismi Lorente, coordinador de la Agrupación Reformista de Policías (ARP), ante las últimas polémicas que vive el país en torno a la actuación policial

Entrevista Luismi Lorente ARP Policía Nacional reforma Cuerpo

Luis Miguel Lorente, coordinador general de la Agrupación Reformista de Policías (ARP), ejerce como Oficial de la Policía Nacional en Alicante desde hace más de 15 años. Desempeñando actualmente su labor en el Grupo de Conducciones y Custodias de la Brigada de Seguridad Ciudadana, tras casi diez años ejerciendo profesionalmente en el Grupo de Delincuencia Violenta de la Brigada Provincial de Policía Judicial de Alicante, siendo condecorado y felicitado en más de 150 ocasiones, es integrante de la Orden al Mérito Policial.

A finales de 2016 decidió, junto a otros compañeros del Cuerpo, registrar el sindicato. Con un espíritu profundamente reformista y progresista, dicen querer agarrar “el testigo de aquellos sindicalistas que a principios de la democracia lucharon y se comprometieron para conseguir una policía civil y democrática al servicio de la ciudadanía” desde la defensa de los Derechos Humanos.

Ante los acontecimientos que se viven en España durante las últimas semanas, LÚH ha contactado con Lorente para que puedan explicar en primera persona cómo se vive a la interna de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado la situación.

P: Observamos que el surgimiento de sindicatos en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado ostentan profundas adhesiones ideológicas con la extrema derecha o están creados desde cierto corporativismo conservador. ¿Por qué surge ARP?

Empezamos en el año 2016, desde entonces, nos hemos dado cuenta qué de actualidad fue la razón de nuestro nacimiento en ese momento, razón que de alguna manera está cuajando ahora. Formamos parte del proceso de cambio en este país, pero claro, estamos en un sector muy complejo y las reticencias a cualquier tipo de modificación son mucho más fuertes que en otros sectores sociales.

Desde nuestra creación, teníamos claro nuestra estructura fundacional: somos un sindicato progresista, reformista y defensores de los Derechos Humanos, pero no queríamos nacer como contraposición ideológica, buscamos la igualdad en el sentido de que cualquier policía pueda expresar sus ideas con la misma facilidad, sea cual sea su adscripción ideológica. Evidentemente, la Policía es mayoritariamente conservadora y es verdad que dentro del sindicalismo se han podido ver ejemplos paradigmáticos, como, entre otros, la manifestación de Colón en 2019 convocada por PP y Ciudadanos, donde se dieron cita sindicatos policiales como el SUP, que fue a apoyar esa concentración a pesar de ser una protesta de presión contra un Gobierno contrario. Nosotros entendemos que ahí no tiene que estar un sindicato policial.

Que el sindicato mayoritario, como en ese momento era el SUP, vaya a hacerse una foto con distintos políticos de derechas, aunque no estemos en contra de que se reúnan con diferentes fuerzas, provoca que se brinde un inaceptable apoyo explícito a un determinado partido. Como igualmente hizo JUPOL, el actual sindicato mayoritario, en manipuladas concentraciones en las últimas elecciones catalanas, o haciendo escraches ante la sede del PSOE para desgastar políticamente, con justificaciones peregrinas y siempre muy politizadas. Respondiendo dicha posición a alimentar el espíritu de agradar a la mayoría conservadora dentro del colectivo policial, a buscar adhesiones, pero produciéndose un sesgo que es percibido por la ciudadanía de manera muy negativa.

Todo ello excede nuestras atribuciones, y lo que denota es la politización de nuestra función, y ya no solo por los políticos, sino también por parte de la representación sindical que señala un corporativismo que no va acorde con lo que debería mostrarse hacia la ciudadanía. Para que se sienta identificada toda ella, no solo una parte.

P: En ese sentido, sois una experiencia organizativa única dentro de la Policía, algo que os ha valido persecuciones, denuncias... Todas archivadas, tal como vosotros mismos comunicabais hace escasos días de manera pública. ¿Qué hay detrás de ello? ¿Crees que existe también una motivación ideológica?

Más que ideológica, lo que molesta mucho es nuestro ánimo reformista y la actitud de cambiar todos los ‘vicios’ del pasado, que ahora mismo se están materializando de una manera más clara.

Entendemos que sí, que ha habido algún tipo de animadversión y obstaculización hacia nuestra función, personalizándose incluso contra mí como coordinador del sindicato, más allá de ideología. Hay personas de todo tipo en ARP, lo que sí sabe todo miembro es que tenemos una deriva profundamente reformista y defensora de los Derechos Humanos, por lo que eso no casa con algunos lobbies dentro de la Policía que intentan que no se avance, ya sea porque puedan perder privilegios o cuotas de poder.

P: Habéis ratificado en varias ocasiones que los sindicatos policiales principales forman también parte del problema por su vinculación con cierta cúpula. ¿Crees que, por ejemplo, estas presiones están relacionadas con que seáis el único sindicato que se ha personado en denuncias contra el excomisario Villarejo?

Sí, evidentemente eso forma parte de todo el corpus que hay en contra de nuestra existencia. Es bastante sintomático que, en estos momentos de cambio que se están viviendo en España, dentro de la Policía se tenga conocimiento de las actuaciones de sujetos como Villarejo y que hayamos sido el único sindicato en denunciarlo ante Fiscalía Anticorrupción.

La Policía es un agente social y tiene que dar ejemplo. En ese sentido, a través de ello podemos ver el síntoma de que hay algo dentro que no permite el desarrollo hacia unas cuotas democráticas más elevadas. Ahí hay un aspecto que es interesante: tanto nosotros como la ciudadanía nos estamos dando cuenta de que hay un retroceso de derechos, y hay policías que apuestan por echar el freno y hacer una reforma.

Tenemos una Ley de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado del año 1986, y hay aspectos que son más que necesario cambiarlos. Nuestro modelo de seguridad pública apuesta por la creación de una Comisión Parlamentaria para el estudio, elaboración y aprobación de una Ley de Seguridad Estatal basada en los principios de defensa de los derechos y las libertades de los españoles, así como la defensa de los derechos humanos de todos los residentes en territorio nacional bajo el concepto de actuación de un cuerpo civil, es decir, no sujetos a otras intenciones.

Y esto ya está ocurriendo en otros países como Francia, que está iniciando el debate para reformar los Cuerpos de Seguridad del Estado. Sin embargo, aquí en España esto asusta dentro del corporativismo. La Ley se queda obsoleta, y hay que entrar con las nuevas sensibilidades de la nueva ciudadanía y reformar muchos aspectos.

P: Tras los acontecimientos inaugurados en Linares y las protestas que se han levantado en todo el país después del encarcelamiento de Pablo Hasél, la Policía vuelve a estar en el punto de mira por parte de la ciudadanía, que llegan a denunciar diferencias en el trato en función del color político de la convocatoria. ¿Cómo valoráis esa actuación?

Nosotros lo que queremos hacer es cambiar el foco. En vez de ponerlo en los policías y en la actuación de determinados agentes, y ya no solo de los policías, sino en el foco que se pone en la actuación de determinados ciudadanos y no de la gran mayoría de los que se manifiestan, queremos ponerlo en los responsables policiales y en los políticos que permiten determinadas iniciativas.

Eso significa acabar con el teatro, yendo a la esencia. Hay que tener unos jefes policiales que den unas órdenes concretas y que tengan una normativa adecuada a los nuevos tiempos. No podemos permitir que se den estas imágenes de determinados agentes, porque se exceden de lo que debe ser tanto la expresión de la libertad como del uso del monopolio de la fuerza.

Queremos añadir sensatez. Lo que tenemos que canalizar, a través de normativas y apelando a los mandos políticos, es una depuración para que tomen el control jefes que ostenten una visión más moderna. Recuerdo como hace unos años, un alto mando tildó a los ciudadanos como “enemigos”. Esa confrontación entre policías y ciudadanía tiene que acabar, y debemos crear un marco en el que todos estemos cómodos.

Lo que es inaceptable es que seamos siempre nosotros el muro de contención de todo este descontento.

P: A colación, hace escasos días asegurasteis en un comunicado que la responsabilidad de las actuaciones desproporcionadas no es de los agentes de a pie, señalando a la cúpula. ¿Qué ocurre en las altas esferas policiales? ¿Son herederos de tradiciones políticas que interfieren en sus decisiones y órdenes?

No me gusta generalizar, pero evidentemente, si tiene esa percepción la ciudadanía, y tenemos esa percepción también algunos miembros de la Policía, es porque algo está ocurriendo al respecto.

Lo que sí es evidente es que dentro de la Policía aún hay un determinado lobby de comisarios y mandos de alto nivel que tienen una mentalidad que en la ARP consideramos retrógrada, un rancio abolengo militarista que no va acorde a los tiempos que vivimos.

En ese sentido, a veces nos preguntáis sobre cómo ha actuado determinada unidad, y lo cierto es que no todos son iguales. Nosotros no somos corporativistas, y queremos que la ciudadanía entienda que ostentamos una visión muy acorde a lo que puedan pensar pero, a la vez, estamos dentro de la corporación. Esto no nos hace equidistantes, sino tener una visión mucho más completa.

Las personas, en algunos casos y por desgracia, han perdido esa sensibilidad, y la Policía ha perdido identificación y parte de la unión con la ciudadanía, que es lo que nosotros buscamos. Ya existen escritos al respecto desde la época del tránsito del régimen anterior a la actualidad que hablaban justamente de eso, de que hay que llegar al ciudadano, que hay que contar con él. La Policía sin la ciudadanía no es nadie. Y eso hay que recuperarlo ahora, porque estamos en un momento de cambio. Ha llegado el momento de otra transición a la interna del Cuerpo, en la que nos pongamos al día de lo que debe ser una Policía del futuro.

No es casualidad lo que está ocurriendo, y no debemos entenderlo como algo negativo. Si hay cierta animadversión por determinadas actuaciones, si hay un sentimiento en la calle de indignación, nosotros tenemos que ser valedores de que los ciudadanos se puedan expresar, intentando no criminalizar a ninguna de las partes. Y sobre todo, entender que ha llegado el momento de que se lleven a cabo esos cambios, potenciando el respeto a los Derechos Humanos.

Comparte esta noticia

TE NECESITAMOS PARA SEGUIR CONTANDO LO QUE OTROS NO CUENTAN

Si piensas que hace falta un diario como este, ayúdanos a seguir.

HAZTE SOCIO por 5 euros al mes

Click para comentar

¿QUIERES AÑADIR UN COMENTARIO?

HAZTE SOCIO/A AHORA o para poder comentar todas nuestras noticias

TE NECESITAMOS PARA SEGUIR CONTANDO LO QUE OTROS NO CUENTAN

Si piensas que hace falta un diario como este, ayúdanos a seguir.

HAZTE SOCIO por 5 euros al mes