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Opinión

Eres marketing, no cultura

«Y cumplió la pena más larga: crear sin alma para un público sin alma, en un mundo sin alma» Rafael Lechowski, Fausto y el mundo sin alma.

Siento que, en el mundo cultural, cada día es más difuso distinguir a alguien interesante que nos ha llegado por talento y por trabajo de alguien que nos ha llegado porque ha comprado los espacios. Y el mundo cultural lo visualizo como el de Alicia y su país de las maravillas: repleto de formas de expresión de la creatividad e imaginación de cada cual. Lo demás es otra cosa.

No podemos validar el mensaje de que los sueños artísticos se consiguen con esfuerzo y creyendo en ellos, porque sabemos de sobra que ayudan mucho más el estatus social y el dinero. Que muchos de los grandes nuevos rostros de la industria musical se sorprenden tímidamente de estar en un cartel en no sé qué prestigiosísimo lugar o de aparecer en todos los rincones de publicidad de Spotify habiendo pagado fortunas por ello, y después te dicen que tú también creas en tus sueños y luches para llegar ahí —como si no pudieras estarlo mañana mismo si tus padres fuesen igual de ricos—.

Spotify, precisamente, te cuela una canción de C. Tangana cada vez que escribes una única letra para buscar lo que quieres escuchar. No lo puedes elegir: aunque se borre al escribir más letras, te ha llegado, como un atraco. Ejemplo: escribes la ‘t’ para escuchar a Taylor Swift, que ha sacado en pocos meses el Folklore y el Evermore y que acaba de ganar un Grammy. Por más que la hayas escuchado, la sugerencia que te bombardea, fulminante, es Tú me dejaste de querer, en colaboración con ese antigitanista y falangista llamado Niño de Elche. Con la ‘l’ de hitos como Lola Flores o Lana del Rey no debería ocurrir, pensarás. Pero la escribes y te informan de que tu machito favorito ha sacado Los tontos (que no es autobiográfica, contra todo pronóstico).

Y él, naturalmente, está encantado de que señalemos que lo ha comprado todo. Cuando habla sobre su trabajo, habla en términos empresariales y no sobre su aportación musical.

Aquí son unos cuantos medios elitistas y personajillos desperdigados como Jaime Altozano los que deciden que es grandioso y que el emperador no va desnudo, sino que lleva un majestuoso traje con telas jamás vistas. Y desencadenan otra de las partes más nocivas de esta clase de marketing: borrar la historia de los que consiguieron antes todas esas cosas, con verdadero mérito y esfuerzo, pero que no tenían medios para contarlo en las grandes esferas. Lo que llega al lector medio es que el niño de cole privado ha inventado algo grandioso y nunca visto fusionando con su gran cerebro de hombre blanco el flamenco con otros sonidos impensables. Da igual que lo hiciera antes Ray Heredia con Quien no corre vuela, porque falleció en su poblado chabolista poco después. Dan igual Raimundo y Rafael Amador, que siguen en las Tres Mil Viviendas aunque fundasen el flamenco-blues y llegasen hasta B.B. King. Importa C. Tangana, porque se ha encargado de que le sumes visitas hasta clickeando para saltarte su anuncio. Y porque el Ernesto Castro de turno y la Jenesaispop sentencian que así ha sido, teorizando sobre músicas de la calle desde sus despachos.

Según la manera en que la gente como él pretende que se conciba la cultura, las críticas son positivas porque se traducen en marketing. Jamás se plantearán sus errores ni las consecuencias que proyectan.

 

Marketing. Números. Dinero. Éxito. Estadísticas. Dinero. Números. Márketing.

Sólo quiero vomitar. El emperador va desnudo.

Como escritora, también me habría gustado escuchar ciertas cosas antes.

Cuando era más niña, soñaba con transmitir a otras personas lo mismo que me habían transmitido a mí mis obras favoritas, aunque recordasen más mis historias que mi nombre.

Ahora veo que la gran promesa actual de la literatura no tiene ideas, sino nombre, precisamente. Todo el mundo sabe que es escritora, pero nadie sabe citar qué ideas ha escrito, sólo sus polémicas prefabricadas. No conozco a nadie que tenga sus libros por vocación, sin relación de interés personal mediante.

Pienso en las niñas que ahora sueñan con ser escritoras. Si no les transmitimos de forma tajante que lo que importa es el contenido y no el recipiente, se dedicarán a otra cosa y perderemos las grandes obras y reflexiones de la época a cambio de unos ídolos que no hemos elegido conocer y que repiten continuamente lo geniales que son, aunque nadie sepa muy bien cuáles han sido sus grandes aportaciones (más allá de la gramática rimbombante para vestir la nada más absoluta y del culto al yo).

Entonces, el emperador desfiló por las calles de la ciudad completamente desnudo, mientras los vecinos admiraban su gran traje para no parecer estúpidos. Todos sabían que estaba desnudo, pero nadie lo quería señalar por si los demás realmente lo estaban viendo.

Imagen de Chico la Pena

 

 

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