fbpx
Síguenos en

Búsqueda

LA ÚLTIMA HORA NOTICIAS

Inicio de sesión ¡Bienvenido/a de vuelta!

¿No tienes cuenta en LA ÚLTIMA HORA NOTICIAS? hazte socio/a ahora

Opinión

España, año cero

Patricia Castro

Roberto Rosselini

En nuestros días es habitual el sentimiento de derrota basado en un individualismo egoísta en el cual pensamos que si a nuestro vecino le va bien a nosotros nos irá mal porque es lo que suele suceder. Vivimos atrapados en una espiral negativa de miedo, incertidumbre y desasosiego que parece ir cada vez peor. Las sociedades occidentales están cada vez más escindidas, separadas por la desigualdad y los conflictos sociales y políticos. Abunda la desazón y hemos normalizado la angustia.

Por raro que parezca Roberto Rossellini, el maestro del cine neorrealista italiano, tiene algunas las soluciones. En Alemania, año cero, filmada en la ciudad de Berlín inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial —donde lo más común era la ruina y el hambre— nos cuenta la historia de un niño de 12 años, Edmund, que trata de sobrevivir y ayudar a su familia. Edmund se pasa el día recorriendo la ciudad en busca de trabajo, alimento o cualquier cosa que pueda servir para su familia, mientras el resto comparte casa con otra familia y también hacen lo que pueden. El panorama es desolador: la ciudad ya está administrada por los vencedores, el nazismo está muerto y enterrado, y ese presente hecho trizas es todo lo que tienen.

Rossellini no toma partido al uso, enseña lo que es necesario y, en ese sencillo acto en el que escoge bando, nos muestra una Alemania destrozada y separada, donde sus ciudadanos se encuentran divididos entre los que creyeron y fueron nazis y los que les tocó sufrir ese infierno, entre los que pueden sobrevivir en medio del derrumbe y los que perecen, entre los que aun conservan algún tipo de fe y los que hace mucho que la perdieron. Una sociedad así tan solo puede esperar la muerte porque sin esperanza tampoco puede haber futuro; o eso al menos es lo que nos ha enseñado el punk con su no hope, no future. El cineasta italiano fue muy valiente al mostrar el drama social de un país derrotado al que nadie quería mirar, el culpable del gran cataclismo del siglo XX, los creadores de ese infierno en vida que supuso el Holocausto; pero Rossellini no es como todos nosotros, Rossellini sabía que debía filmar aquella película, ir a Berlín, rodarla en alemán, con algunos actores que solo eran aficionados o simples paisanos. Rossellini nos muestra la miseria de un pueblo avergonzado, arruinado y arrepentido, y también nos hace sentir vergüenza porque no reciben ayuda suficiente. Rossellini hace que nos planteemos dónde está nuestra humanidad porque, después de todo, con lo que había acabado el nazismo era con el propio sentimiento de compasión y empatía humanos, ¿dónde quedaba? ¿Era posible que los nazis hubieran triunfado incluso una vez aniquilados?

Edmund —tras una serie de incidentes que le perturban sin posibilidad de redención—mata a su moribundo padre porque piensa, siguiendo el ethos nazi, que solo los más fuertes deben sobrevivir; víctima de sus propios actos, el niño se suicida arrojándose al vacío desde lo alto de un edificio. Después del acto horrible de matar a su padre entiende su error; solo es un niño, no debió nunca soportar tales presiones de un mundo que le forzaba a crecer demasiado rápido. Sabe que sin esperanza ya no puede haber futuro. Por eso se mata, porque no le queda fe en el mañana.

Rossellini no fue a Berlín en plena posguerra y filmó uno de los finales más amargos del cine para que nosotros lo repitamos, sino para que aprendamos de él y nada semejante vuelva a ocurrir. No debemos resignarnos a una vida sin esperanza, a una muerte en vida, alejados de nuestros sueños y despojados de relaciones humanas y vidas significativas; es por todas las vidas que no han tenido más remedio que hacerlo que nosotros no debemos claudicar. Ese es el verdadero mensaje que grita Rossellini en todas sus películas: no te rindas, no dejes que ganen, ten esperanza.

¿Esperanza en qué? ¿Acaso tenemos motivos para ello?

Siempre. Somos libres para construir y decidir el futuro que queremos para dejar de vivir sometidos a los designios de unos pocos que quieren lo de siempre: que seamos dóciles, que suframos en silencio, que seamos pura y simple carne de cañón; la que paga con su vida y defiende los palacios en los que viven y su desenfrenado nivel de vida. Eso es todo lo que quieren que seamos.

En el VIII Informe FOESSA sobre la exclusión y el desarrollo social de España publicado en 2019 por Cáritas, nos encontramos con seiscientas demoledoras páginas en las que se muestran las vergüenzas de esta supuesta gran nación llamada España. Puede consultarse libremente on-line, yo solo me limitaré a exponer lo que dice acerca de ciertos temas de exclusión social: la sociedad española sufre anomia y cada vez está más impregnada de los valores del capitalismo tardío, que la sumen en la inseguridad propia del neoliberalismo y la liquidez de las relaciones sociales y profesionales. El informe es claro y señala la “desconfianza, que define una actitud ampliamente extendida entre la población que conduce, inexorablemente, al repliegue de los individuos en su propio mundo y problemática”[1]. Además, denuncia que el individuo ha sido elevado a la máxima potencia bajo las proclamas del capitalismo global y el individualismo egoísta, y esto está los vínculos comunitarios, nacionales, familiares, amicales que provocan un shock en ese mismo supuesto individuo que ensalza el modelo neoliberal: “en un mundo puramente utilitario, la propia libertad personal se hace insostenible, pues el sujeto no logra constituirse como persona humana ante la carencia de vínculos esenciales”[2].

El informe también señala cómo la precarización laboral, de los barrios, asociaciones, familiar y personal, empobrece la democracia. Aumenta la desconfianza hacia las instituciones públicas y los políticos, y la percepción generalizada es que son ellos los que nos han traído hasta aquí o no han sabido hacer nada por frenar este proceso. El populismo crece y la sociedad se desintegra: “se sospecha también de los ciudadanos que lideran organizaciones civiles, sindicatos, partidos políticos, procesos colectivos”[3].

Lo que podemos aprender de nuestros días y también encontramos en el cine de Rossellini, es que no hay mayor película de terror que nuestra mundana realidad. Y que si hay muchos motivos para la desesperanza también los hay para empezar de nuevo. Rossellini no habla de los Aliados, ni del Ejército Rojo, no alaba a los ganadores, muestra el mayor tesoro de la Humanidad, se fija en el lado perdedor, en todo su enorme sufrimiento y la frustración sin sentido a la que han llegado. Que estemos hundidos no quiere decir que siempre debamos permanecer así, agotados y ahogados; puede que asumiendo que nosotros no debemos ser como los que nos trajeron hasta este pozo inmundo podamos construir una alternativa y traer esperanza. El padre de Edmund, en un momento de la película, dice unas palabras que más de setenta años después no han perdido vigencia:

Todo me ha sido arrebatado. Mi dinero por la inflación y mis hijos por Hitler. Debería haberme rebelado pero era demasiado débil. Como tantos otros de mi generación. Hemos presenciado cómo se acercaba la desgracia y no la hemos detenido y ahora sufrimos las consecuencias. Hoy estamos pagando por nuestros errores. Todos. Yo igual que tú. Debemos ser conscientes de nuestra culpa. Porque con lamentos no se soluciona nada. Tengo los días contados pero tú aún eres joven. Todavía puedes hacer muchas cosas buenas. Demuestra que eres un hombre […] No te rindas más. Termina con esta vida de animal acosado. Debes volver a vivir entre las gentes, tienes que volver al mundo. No es una vergüenza fabricar tu propio destino.

[1] VIII Informe FOESSA, pág. 75: https://caritas-web.s3.amazonaws.com/main-files/uploads/sites/16/2019/05/Informe-FOESSA-2019-completo.pdf

[2] VIII Informe FOESSA, pág. 75.

[3] VIII Informe FOESSA, pág. 77.

Comparte esta noticia

QUEREMOS SER UN DIARIO DIGITAL SIN INGRESOS POR PUBLICIDAD.

Las noticias que lees cada día en los medios no son gratis, alguien las paga.

En LA ÚLTIMA HORA! queremos ser independientes, solo queremos depender de ti.

HAZTE SOCIO AHORA

Click para comentar

Queremos garantizar que los debates y comentarios que se generen en nuestras noticias sean de la calidad que cada una de vosotras y vosotros merece. Por ello, tan solo nuestras socias y socios tienen la posibilidad de interactuar de esta forma, ÚNETE AQUÍ y colabora con la información que no rinde tributo a intereses privados ni poderes económicos.

Si tan solo quieres leer los comentarios,
PUEDES REGISTRARTE COMO USUARIO/A

QUEREMOS SER UN DIARIO DIGITAL SIN INGRESOS POR PUBLICIDAD.

Las noticias que lees cada día en los medios no son gratis, alguien las paga.

En LA ÚLTIMA HORA! queremos ser independientes, solo queremos depender de ti.

HAZTE SOCIO AHORA