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Análisis

Franquismo, PP y Vox: el círculo se cierra

El rebaño que pastorearon primero Fraga y después Aznar se revuelve.

Franquismo, PP y Vox: el círculo se cierra
De izquierda a derecha, Manuel Fraga, José María Aznar y Santiago Abascal

Neofranquistas entusiasmados celebraron su primer congreso; los siete líderes de Alianza Popular anunciaron su federación y el paso hacia un partido único; gritos de «¡Franco, Franco, Franco!» de 3.000 fervorosos congresistas”, titulaba ‘Diario 16’ en su portada del 7 de marzo de 1977 junto a una gran foto de Manuel Fraga, líder de ese grupo integrado por los también franquistas Laureano López Rodó, Federico Silva Muñoz, Licinio de la Fuente, Gonzalo Fernández de la Mora, Cruz Martínez Esteruelas y Enrique Thomas de Carranza. Así nacía el germen del Partido Popular, 15 meses y medio después que el general golpista Francisco Franco muriera en la cama, restaurándose a su muerte, y bajo sus órdenes, la dinastía borbónica.

Por ejemplo, Fraga formó parte del Consejo de Ministros de Franco que en 1963 aprobaba por unanimidad el fusilamiento del comunista Julián Grimau, de 52 años. Por ejemplo, Martínez Esteruelas formó parte del Consejo de Ministros de Franco que en 1975 aprobaba también por unanimidad los fusilamientos de los independentistas vascos Ángel Otaegi –de 33 años– y Jon Paredes ‘Txiki’ –de 21– y de los comunistas Ramón García Sanz –de 27–, Xosé Humberto Baena –de 24– y José Luis Sánchez Bravo –de 22–. El ‘delito’ de Grimau había sido enfrentarse al golpe de Estado franquista; el de Otaegi, Txiki, García Sanz, Baena y Sánchez Bravo, enfrentarse al franquismo. Al fascismo.

El PP plantea ahora la disyuntiva entre “comunismo” y “libertad” a pesar de estar fundado Alianza Popular por esos siete “entusiasmados” capitostes franquistas. Como lleva décadas llenándose la boca con la Constitución de 1978 a pesar de que, cuando el 31 de octubre de 1978 la norma fundamental del Estado fue aprobada por el Congreso, la mitad de los diputados de Alianza Popular, heredero del PP, ni siquiera votó a favor de la misma –al emitir cinco de los seis votos que la Constitución tuvo en contra en el Congreso–, y ello pese a que el proceso de aprobación de la Constitución fue, cuando menos, seguido de cerca por los elementos franquistas enquistados en todos y cada uno de los poderes del Estado, desde el primero hasta el último.

Dos políticos han marcado la historia del PP por encima de todos los demás: uno, el propio Fraga; el otro, José María Aznar, presidente del Gobierno español desde 1996 hasta 2004, cuando el PP, con Aznar como presidente y con Fraga como presidente de honor, gobernó España convertido en una formación “de centro” capaz de dar lecciones de democracia a diestra y siniestra. Cuántas veces se agradeció a Fraga haber pastoreado a la ultraderecha hasta la derecha. Cuántas veces se agradeció a Aznar haber pastoreado a la derecha hasta el centro. De la ultraderecha al centro en apenas dos décadas. El partido de centroderecha estaba listo para el turnismo –“la alternancia”– que precisaba un bipartidismo como el que marcó el reinado de Juan Carlos I, sucesor de Franco y antecesor de Felipe VI en la Jefatura del Estado.

Aunque –dijera lo que dijera un prensa entregada prácticamente sin excepciones al relato oficial– nunca fue oro todo lo que relucía. En pleno franquismo –1969– Aznar se presentaba en la prensa como un “falangista” comprometido con “la obra que José Antonio planeó y España espera”. Y ya en el régimen del 78 –1979– cargaba también en la prensa contra la Constitución –“los españoles no sabemos si nuestra economía va a ser de libre mercado o, por el contrario, va a deslizarse por peligrosas pendientes estatificadoras y socializantes, si vamos a poder escoger libremente la enseñanza que queremos dar a nuestros hijos o nos encaminamos hacia la escuela única, si el derecho a la vida va a ser eficazmente protegido, si el desarrollo de las autonomías va a realizarse con criterios de unidad y solidaridad o prevalecerán las tendencias disolventes agazapadas en el término nacionalidades”, escribía– y contra los “vientos de revancha” que “parecen traer algunos ayuntamientos”. ¿Por qué? Porque “las calles dedicadas a Franco y a José Antonio lo estarán a partir de ahora a la Constitución”. Toda una afrenta. Pero, siguiendo los pasos de Fraga –“ministro Fraga Iribarne” en el franquismo y “Don Manuel”, “Manolo” para los amigos, ya en el régimen del 78–, Aznar acabaría convirtiéndose también en un ‘demócrata de toda la vida’; tanto, que acabaría dando ‘lecciones de democracia’ a todo el arco parlamentario. También, y sobre todo, a quienes se habían enfrentado al fascismo. La “democracia” era él.

Esperanza Aguirre

Aznar salió del Gobierno e incluso del partido por la puerta de atrás, estigmatizado por la foto de las Azores y por su gestión al frente del Ejecutivo con motivo de los atentados del 11M de 2004 en Madrid, en los que casi 200 personas perdieron la vida. Mientras Mariano Rajoy lo relevaba formalmente al frente del PP, otra persona lo relevaba de verdad: Esperanza Aguirre, que un año antes se había convertido en presidenta de la Comunidad de Madrid tras una repetición electoral provocada por el escándalo protagonizado por dos tránsfugas del PSOE.

Y Aguirre se convirtió en el principal azote del Gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, el primer gobierno central que se atrevió a poner sobre la mesa cuestiones de memoria histórica democrática, facilitando así el cuestionamiento del relato oficial basado en el “fraternal” abrazo entre fascistas y antifascistas auspiciado por el rey que había impuesto Franco pero que “nos trajo la democracia”. ¿Tocar la “pacífica y modélica” Transición? ¿Decir que lo de Franco en 1936 fue un golpe de Estado apoyado por Adolf Hitler y Benito Mussolini? Habrase visto tamaña ofensa. Eso no era en lo que se había quedado. Aquello era romper las reglas de juego. Lo de que para ser demócrata hay que ser antifascista será en el resto de Europa, aquí no: “Spain is different”, frase atribuida al Fraga ministro de Franco; la frase “la calle es mía” también se atribuye a Fraga, pero cuando era ministro de Juan Carlos I, ya en plena Transición “pacífica y modélica”.

Vox es una escisión del PP. Una escisión aznarista y aguirrista del partido fundado por Fraga. El presidente del partido ultraderechista, Santiago Abascal, se forjó en el PP de Aznar, y Vox fue fundado el mismo día en que fue disuelto el último chiringuito que le puso Aguirre. Alianza Popular procede directamente del franquismo y Vox procede directamente del PP. Cuando el partido ultraderechista –lleno de exafiliados y exdirigentes del PP– reivindica públicamente incluso en la tribuna del Congreso los gobiernos de Franco, dice que los prefiere al actual Gobierno de coalición –el primer gobierno central de coalición desde el del Frente Popular que ganó las generales de 1936, convirtiéndose a su pesar en el detonante del golpe de Estado franquista contra la II República– y asegura que para él el actual Gobierno es “el peor de los últimos ochenta años”, está reivindicando el franquismo pero también está reivindicando el turnismo bipartidista que marcó el reinado de Juan Carlos I, cuando el PP se decía “de centro” y Abascal se sentía cómodo en él. Aunque sabe que volver a aquello es imposible.

Ahora, con el PP –sobre todo, en su versión madrileña– ubicado en una derecha cada vez más ultra y con Vox ubicado directamente en la ultraderecha –reivindicando abiertamente el franquismo–, es Ciudadanos el que se dice “de centro”, convertido en una caricatura cada vez más grotesca y a punto de su desaparición. El rebaño que pastorearon primero Fraga y después Aznar se revuelve.

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3 Comentarios

3 Comments

  1. murdok vomotivo

    25 de abril de 2021 19:51 at 19:51

    Que no nos engañen esto es fascismo puro y duro. En Madrid el próximo 4 de mayo se elige entre fascismo y libertad. No hay otra opción madrileños. Dar una lección de democracia y mandar a tomar viento fresco a todos estos subvencionados, mantenidos, parásitos del estado. Elegir democracia. Abajo de una puta vez el fascismo.

  2. mekong --

    25 de abril de 2021 21:14 at 21:14

    El próximo día 4 de Mayo los madrileños y las madrileñas cantarán «Madrid, Vila Moréeena…»

  3. joaquín archidona acedo

    26 de abril de 2021 09:48 at 09:48

    Echar a los fascistas de Madrid,,,, es un acto de la gente decente y, en defensa propia de los trabajadore/as,,,¡¡ todos a votar.-,,,,,NO, AL FASCISMO.-

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