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Política

“Frenar a la ultraderecha es posible transformando la preocupación en esperanza de cambio”

Entrevista a Agustín Moreno, histórico sindicalista que ha decidido unirse a Pablo Iglesias y a Unidas Podemos para formar parte de su lista a las autonómicas del 4 de mayo en Madrid: “El nivel de agresión a dirigentes de la izquierda transformadora es directamente proporcional al miedo que producen en las élites”.

“Frenar a la ultraderecha es posible transformando la preocupación en esperanza de cambio”
Agustín Moreno

El histórico sindicalista de las Comisiones Obreras Agustín Moreno (Madrid, 1951), quien fuera líder del Sector Crítico del sindicato más numeroso de todo el Estado, ha decidido unirse a Pablo Iglesias y a Unidas Podemos para formar parte de su lista a las elecciones autonómicas del próximo 4 de mayo en la Comunidad de Madrid. Profesor jubilado y activista de la Marea Verde, Moreno dejó huella en el instituto del barrio madrileño de Vallecas donde impartió clases de Historia, como demostró la ovación cerrada que recibió de todos sus alumnos el día de su despedida, en 2017. Ahora, en el mismo barrio le espera la Asamblea de Madrid.

PREGUNTA: ¿Por qué has decidido unirte a Pablo Iglesias y a Unidas Podemos para formar parte de esa lista a las autonómicas del 4-M?

RESPUESTA: He decidido participar activamente porque hay un riesgo cierto de que haya un gobierno de la ultraderecha en Madrid. Ayuso sólo puede tener mayoría contando con ellos, y van a pagar el peaje necesario. La experiencia de Murcia está ahí, dando la Consejería de Educación a Vox para censurar los derechos humanos y la Constitución en los centros educativos con el ‘pin parental’ y para avanzar en la privatización y el cheque escolar.

P.: ¿Qué supondría ese gobierno autonómico con la ultraderecha dentro?

R.: Un gobierno de ultraderecha es un peligro para las libertades, los derechos y la convivencia. Hay que tomar conciencia de ese peligro y actuar en consecuencia, poniendo cada cual lo que esté en su mano.

P.: Hay otras opciones digamos ‘progresistas’ además de Unidas Podemos. ¿Por qué te has decidido por Unidas Podemos?

R.: Participo con Unidas Podemos porque coincido con su programa y línea política y también con su propuesta de unidad de la izquierda, que yo siempre he defendido. Y porque es un proyecto estatal y europeo y estas elecciones van mucho más allá del ámbito regional.

P.: Cuando anunciaste tu incorporación al proyecto de Iglesias, destacaste que Madrid “no es de derechas” y que el “bloque progresista” puede ganar las autonómicas “si vota y no se queda en casa”. ¿Qué hay que hacer para que la izquierda no se quede en casa el 4 de mayo y vaya a votar en masa como, por otra parte, van la derecha y la ultraderecha?

R.: No, Madrid no es de derechas, y hay que recordar que este ciclo de gobierno del PP empezó con una operación mafiosa que compró a dos diputados del PSOE. Luego, la izquierda ha cometido errores: no ha dedicado a sus mejores dirigentes a la batalla de Madrid y ha concurrido dividida. En 2015, el bloque progresista se quedó a un escaño de la mayoría, habiéndose perdido 130.000 votos de Izquierda Unida por falta de unidad de la izquierda. En 2019, la ruptura de la unidad volvió a jugar en su contra. La división aumenta la abstención, no tengo ninguna duda. Por eso siempre he defendido la unidad, porque históricamente la izquierda gana cuando entusiasma y moviliza a todo su electorado. Aquí y ahora, ya que no ha sido posible la unidad propuesta por Unidas Podemos, hay que esforzarse más aún para que ninguna persona de la izquierda se quede en casa el 4 de mayo.

P.: Hasta tu jubilación en 2017, fuiste profesor de Historia en un instituto de Vallecas. Para el recuerdo han quedado las imágenes del día de tu jubilación, despedido por todos tus alumnos con una ovación cerrada que revolucionó las redes sociales…

R.: Fue una despedida muy emotiva, de esas que te dejan huella. Pero lo vi como un homenaje a todo el profesorado que disfruta con su oficio y que educa y enseña con afecto a su alumnado. A todos los docentes que, aun en las peores condiciones de recortes y de agresiones por la administración educativa, intentan hacer su trabajo con la misma calidad porque tienen conciencia de su responsabilidad social y de que niños, niñas y jóvenes son el futuro y se merecen lo mejor.

P.: “Comunismo o libertad”, dice ahora Ayuso. ¿Qué sientes cuando escuchas cosas así? Qué sientes como militante histórico del PCE que también has sido, pero sobre todo qué sientes como ser pensante.

R.: Que es una burda manipulación de la Historia y un grave insulto a los luchadores antifranquistas. Decía el filósofo Fernández Buey que de todas las grandes ideas que ha tenido aquella parte de la humanidad sufriente y pensante, el comunismo ha sido una de las mejores, pero también añadía que hay que tener mucho cuidado porque las grandes ideas se pueden convertir en basura al contacto con eso que llamamos poder. En España, los comunistas han sido luchadores por la libertad, la igualdad y la fraternidad y contra el fascismo. Y el principal anticomunista y antidemócrata ha sido el dictador Franco.

P.: Eres activista de la Marea Verde y coautor y coordinador del libro ‘¿Qué hacemos con la educación?’ (2012), que denuncia “el mayor ataque a la educación en democracia” y que, frente a una escuela “basada en la exclusión, la desigualdad, el elitismo disfrazado de excelencia y el sometimiento al mercado”, reivindica “educar para saber, para pensar, para ser libres; educar para la convivencia y para construir una democracia mejor”. ¿Por qué es tan importante que exista una educación pública, universal, gratuita, laica y de calidad y por qué tiene tantas y tan poderosas fuerzas en su contra?

R.: Decía el revolucionario francés Danton que la educación es lo primero, y tenía razón. Sólo una educación pública con los rasgos que dices asegura la igualdad de oportunidades y refuerza la equidad. La educación tiene como objetivos el desarrollo integral –moral, social, ciudadano– de las personas, enseñar a pensar, y acompañar a los jóvenes a crecer como ciudadanos formados, informados, críticos y comprometidos con la mejora de su sociedad. Y ahí es donde surgen las diferencias con quienes defienden la enseñanza privada y concertada, religiosa y segregadora. Porque, además de hacer negocio, quieren controlar el poder ideológico, ya que saben que si tienen las cabezas, tienen los cuerpos y los votos.

P.: Ingresaste en las Comisiones Obreras en 1972, es decir en pleno franquismo, y fuiste procesado varias veces por tu lucha en defensa de los derechos de los trabajadores. ¿Cómo recuerdas aquella etapa y la Transición del franquismo al régimen del 78?

R.: Ya hace un tiempo de aquello y, a veces, parece un sueño. Eran momentos muy difíciles, donde te jugabas la libertad, el trabajo y la integridad física, pero nos comprometimos muchos jóvenes por conciencia de clase y porque la libertad era un bello objetivo.Fue una época difícil, de mucha represión, pero de grandes esperanzas. Luego vino lo que llamaba Rafael Chirbes aquella larga traición llamada Transición, pero la Transición fue fruto de la relación de fuerzas. Viendo la realidad actual, aquellos sueños no se cumplieron del todo, pero fueron buenos sueños y merecieron la pena. Las libertades y derechos que hoy disfrutamos son fruto de una conquista, no un regalo de nadie.

P.: Con el tiempo, acabaste convirtiéndote en el líder del Sector Crítico de Comisiones Obreras, enfrentado abiertamente a las políticas del Sector Oficialista que encabezaron primero Antonio Gutiérrez y después José María Fidalgo. ¿Qué representó aquel Sector Crítico en aquel momento de cambios profundos en CCOO?

R.: Hubo un giro sindical en 1996 hacia la institucionalización del sindicato, y el Sector Crítico intentaba mantener el sindicalismo de clase, basado en la negociación, la movilización y la participación de los trabajadores. Desgraciadamente, la división debilitó al sindicalismo de clase, que hoy tiene la urgente tarea de fortalecerse para defender con eficacia a la clase trabajadora y revertir los retrocesos de la reforma laboral y de las pensiones. Me da mucho coraje cuando se critica al sindicalismo, porque es más necesario que nunca para defender a una clase trabajadora sometida a una alta tasa de explotación, de paro y de precariedad. Animo a afiliarse, especialmente a la juventud, y a participar de forma activa para redescubrir la utilidad de la organización obrera.

P.: Tu relación política con Marcelino Camacho, el histórico líder de Comisiones Obreras, fue muy estrecha; tanto, que has sido calificado como su mano derecha en su etapa al frente del sindicato. Ambos compartíais militancia en el PCE y una misma concepción de CCOO. Camacho murió en 2010, hace algo más de una década. ¿Qué significó su figura?

R.: Marcelino ha sido una figura histórica en este país, un grande del sindicalismo. Era un hombre bueno, una persona coherente, con una inmensa conciencia de clase. Para resumir, tenía muy claro que quienes cambian el mundo son aquellos que luchan por lo necesario. En estos tiempos difíciles, echamos mucho de menos a Marcelino, pero nos queda su legado. Estoy seguro de que Marcelino les diría hoy a los trabajadores y trabajadoras que hay que organizarse y luchar.

P.: También fue muy estrecha tu relación política con Julio Anguita, de quien, cuando murió –en 2020–, destacaste las “sistemáticas operaciones de desprestigio” que sufrió por parte de los “poderes establecidos”. Pablo Iglesias también viene sufriendo esas sistemáticas operaciones de desprestigio por parte de esos mismos poderes. ¿Por qué las sufrió Anguita y por qué las sufre Iglesias?

R.: De Julio también se pueden decir muchísimas cosas. El hecho es que llevó a la izquierda real, anterior a Unidas Podemos, a los mayores niveles de representación política de aquel período. Por ello, y porque su grandeza política y moral era insoportable para el sistema, sufrió esas campañas. Y los ataques a Pablo Iglesias se sitúan en una misma estrategia, que hay que poner en contexto: el nivel de agresión a dirigentes de la izquierda transformadora es directamente proporcional al miedo que producen en las élites. Ese es el fondo del asunto, lo de la vehemencia al decir las verdades es una bobada y aunque siempre se puede mejorar, creo que daría igual. Lo preocupante es que muchas personas no son impermeables a la continua lluvia de calumnias y mentiras desde medios de comunicación y redes sociales. Es profundamente injusto el alto tributo que pagan algunos dirigentes y hay que tener las ideas muy claras y ser muy fuerte para aguantarlo.

P.: Como sindicalista, ¿crees que la reforma laboral impuesta en 2012 por el Gobierno del PP de Mariano Rajoy finalmente va a ser derogada en esta legislatura, como establece el programa del pacto de gobierno firmado por PSOE y Unidas Podemos tras las generales de noviembre de 2019?

R.: Es urgente hacerlo para recuperar derechos laborales. Además, los pactos hay que cumplirlos para que no se resienta la credibilidad de las organizaciones firmantes y de la propia democracia, pero es evidente que no hay la misma determinación en todos los miembros del Gobierno de coalición de PSOE y Unidas Podemos. La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, lo tiene muy claro, pero la de Economía, Nadia Calviño, está torpedeando todo lo que puede y representa los intereses de las grandes empresas que bloquean cualquier agenda reformista. Por ello, los sindicatos deben empujar con todas sus fuerzas para que el Gobierno de coalición aplique su programa y se puedan revertir las reformas laborales. Y también para blindar derechos como las pensiones públicas y los servicios sociales y públicos.

P.: El 4-M hay mucho en juego en Madrid, pero antes apuntabas que también hay mucho en juego en el conjunto del Estado.

R.: Por supuesto, porque no son unas simples elecciones regionales, van a tener repercusión en el ámbito estatal y en el europeo. La ultraderecha quiere utilizar como laboratorio a lugares como Madrid para entrar en el Gobierno, y si les dieran las cuentas, Ayuso no tendría ningún problema. Y Pablo Casado sería incapaz de hacer lo que hizo Merkel, que rompió un pacto electoral de la CDU con la ultraderecha en Turingia. Un gobierno de la ultraderecha en Madrid sería un inmenso escándalo en Europa, por eso hay que volcarse en la participación para movilizar el voto de la izquierda. Frenar a la ultraderecha y formar un Gobierno decente y de progreso es perfectamente posible transformando la preocupación en esperanza de cambio.

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Lucía Draín

    30 de marzo de 2021 12:54 at 12:54

    Emoción. Agustín, eso he sentido al ver que has decidido apoyar este frente popular.

    Lo que sentí al ver a Julio Anguita, a Gerardo Iglesias, mostrar también su apoyo.

    Frente a los señoros y señoras de la izquierdita liberal y cobarde, … sois un referente, todo un indicador para muchæs de nosotræs, esa sensación de estar apoyando la mejor opción, la más eficaz.

  2. Jose Ramon T L

    30 de marzo de 2021 13:07 at 13:07

    He visto pasar tanto vividor, renovatas y traidores que siempre te alegra ver a un dinosaurio como yo que apoyan a la clase obrera, contra los de siempre, que vivieron de nuestros abuelos, padres, nosotros y mañana viviran de nuestros hijos, cargados de microchips y controlados por ordenador.
    Siempre adelante

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