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Opinión

Fue ella, Grete Waitz

Fue ella, Grete Waitz

ROBERTO SOTOMAYOR–

Difícilmente podríamos entender la prueba de la maratón femenina sin mencionar a la pionera, la mujer que escribió una de las páginas más legendarias del atletismo mundial. Nueve veces campeona de la maratón de Nueva York, subcampeona olímpica en Los Ángeles’84 y campeona mundial en Helsinki’83.

Tan solo el hecho de pronunciar su nombre, hablar de Grete Waitz, es hablar de historia, de leyenda, de mito. El 1 de octubre de 1953 nacía en Oslo la mujer que dignificaría la maratón para las mujeres. Fue en su ciudad natal donde comenzaría a dar sus primeras zancadas al lado de sus hermanos Jan y Arild, y ya desde muy pequeña sus progresos no pasarían desapercibidos en el club de atletismo local. Y fue allí donde conocería a Jack Waitz, su esposo años después, entrenador de atletismo y que permanecería con ella hasta el final.

En unos momentos donde las mujeres no tenían nada fácil dedicarse al atletismo de manera profesional en Noruega, Waitz supo, no sin dificultades, dar ese paso para convertirse desde joven en una atleta talentosa. A sus 18 años participó en los Juegos Olímpicos de Munich’72 en la prueba de 1.500 metros lisos, siendo ése su gran debut internacional. Pero su irrupción en la élite mundial se produciría dos años después al ganar la medalla de bronce en la final de 1.500 metros lisos de los Europeos de Roma.

Su llegada a la élite fue un torrente: un año después lograría batir el récord del mundo de 3.000 metros lisos con una marca de 8.46,6, récord que batiría por segunda vez al año siguiente con una marca de 8.45,4 en la misma ciudad.

En unos años donde la prueba de maratón empezaba a ser popular entre las mujeres, Grete Waitz decidió debutar en la distancia en la maratón de Nueva York, invitada por su organizador, y obteniendo la victoria con un nuevo tope mundial en 2:32,29

El nombre de Grete Waitz siempre irá unido al de la maratón de Nueva York, una prueba que ganaría en nada menos que nueve ediciones, desde 1978 hasta 1988. Con ella comienza la historia moderna del maratón femenino, batiendo cuatro veces el récord mundial (algo que nadie más ha conseguido), llevando su registro desde aquellos 2:32,29 hasta 2:25,28 en 1983, aunque su plusmarca personal sería de 2:24,54, conseguidos en 1986. En cinco años fue capaz de rebajar nada menos que en siete minutos su propia marca, algo fuera de lo normal.

En la primera edición de los IAAF Campeonatos del Mundo, Waitz se proclamaría en la primera campeona mundial de la distancia en Helsinki, por delante de la norteamericana Marianne Dickerson y la soviética Raisa Smekhova. Sin embargo, en 1984 tendría su primera decepción. En el debut de la distancia dentro del programa olímpico, Waitz se presentaba a Los Ángeles como la gran favorita junto a la norteamericana Joan Benoit, la inolvidable Ingrid Kristiansen y la nueva figura del atletismo portugués, la jovencísima Rosa Mota.

El 2 de agosto, bien temprano por la mañana para evitar el calor en la medida de lo posible, 50 corredoras de 28 países tomaban la salida en el Memorial Coliseum de Los Ángeles, y al poco de dar comienzo la prueba Benoit se escapaba del grupo, en una aventura en solitario que sería definitiva al final. La mayoría  de atletas pensaron que ese ataque era un suicidio, pero Benoit siguió a un buen ritmo y a los 25 kilómetros la ventaja que llevaba era de casi un minuto y 50 segundos sobre el resto de favoritas. Waitz se percató de este hecho y trató de evitar que la norteamericana se dirigiera directa al triunfo final, con un ataque a la desesperada. Sin embargo, y aunque recortó bastante la diferencia, Benoit se presentó en el estadio con una cómoda ventaja obteniendo el oro con una impresionante marca de 2:25,52. Waitz entraría segunda y la portuguesa Mota sería bronce.

Fue una carrera que no defraudó en absoluto a nadie y en la que, muy probablemente, la noruega habría tenido más opciones si no se hubiera equivocado en la táctica.

Cinco títulos de campeona mundial

Los éxitos de Waitz no sólo se centraron sobre el asfalto. Grete Waitz está considerada como una de las mejores atletas de campo a través de la historia, al haber ganado cinco títulos de campeona mundial. Lo consiguió por vez primera en Glasgow en 1978 y repitió en Limerick’79, París’80, Madrid’81 y Gateshead’83.

Sus marcas en pista son, a día de hoy, propias de una superclase: 4.00,55 en 1.500 metros lisos (1978), 8.31,75 en 3.000 metros lisos (1979) y 15.08,80 en 5.000 metros lisos (1982).

Tras abandonar la alta competición en 1991, siguió vinculada a este deporte ayudando a su promoción y organizando eventos atléticos y luchando activamente contra la desigualdad realizando diferentes labores humanitarias. Cada año se celebra en Oslo una carrera que lleva su nombre y también en Nueva York, donde logró sus grandes hazañas, se celebra cada año la Grete’s Great Gallop, una media maratón en su honor.

En junio de 2005, Waitz hizo público que padecía cáncer y que se estaba sometiendo a tratamiento desde hacía algunos meses. Pero esa carrera no la superaría y el 19 de abril de 2011 fallecía a los 57 años. Durante sus últimos años se dedicó en cuerpo y alma a la lucha contra su enfermedad ayudando a otros afectados mediante una fundación, AKTIV Against Cancer, que hoy en día también dirige su marido.

Si uno accede al Estadio Bislett de atletismo, en Oslo, podrá encontrarse con una preciosa estatua en su honor que conmemora la importancia de esta atleta en el atletismo mundial. Incluso su rostro aparece en algunos sellos en Noruega.

Una estatua que nos recuerda que fue probablemente la maratoniana más importante de la historia. Antes de llegar ella, las mujeres que corrían maratones lo hacían de forma casi testimonial, sin que los medios ni los organizadores y mucho menos los patrocinadores les prestaran atención. Las proezas de Waitz, sus marcas (no muy lejos de las de los hombres), hicieron que las grandes marcas deportivas y la prensa empezaran a dar apoyo a las mujeres maratonianas (Waitz sigue siendo imagen de la marca Adidas en algunas ocasiones). Esa normalización, o modernización, llegó con la inclusión de la maratón femenina en el programa de los Juegos Olímpicos. Pero también llegó con Grete Waitz. Su nombre perdurará para siempre.

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