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“Galindo era un dios para sus subordinados, pero seguro que él también cumplía órdenes de más arriba”

Entrevista a Miguel Ángel Llamas ‘Pitu’ y Amaia Merino, directores de ‘Non dago Mikel?’, documental sobre la desaparición y muerte de Mikel Zabalza.

“Galindo era un dios para sus subordinados, pero seguro que él también cumplía órdenes de más arriba”

La madrugada del 26 de noviembre de 1985, la Guardia Civil detiene a cuatro jóvenes vascos en el marco de una operación antiterrorista: por un lado a Mikel Zabalza –conductor de autobús afiliado al sindicato ELA– y a su primo Manuel Bizkai, por otro a la novia de Zabalza, Idoia Aierbe, y por otro a Ion Arretxe; por otro también son arrestados Patxi y Aitor, dos de los ocho hermanos de Zabalza –Mikel era el mayor de los nueve–, pero serán puestos en libertad diez horas después. Los detenidos son trasladados al cuartel donostiarra de Intxaurrondo, base de la Comandancia de la Guardia Civil en Gipuzkoa, e incomunicados en aplicación de la Ley Antiterrorista, y al día siguiente se informa de que Mikel ha desaparecido. La versión oficial asegura que el joven se ha dado a la fuga lanzándose al río Bidasoa cuando iba a indicar a varios guardias civiles la localización de un supuesto zulo. Bizkai, Aierbe y Arretxe son puestos en libertad, pero sigue faltando Zabalza y, con el paso de los días, en Euskal Herria las esperanzas de encontrarlo con vida se van desvaneciendo, mientras el grito “non dago Mikel?” (¿Dónde está Mikel?) retumba en las calles.

Los testimonios de los jóvenes detenidos junto a Zabalza apuntalan la versión de que Mikel, que había nacido en Orbaizeta, pueblo del navarro del Valle de Aezkoa, en 1952, ha muerto como consecuencia de las torturas sufridas en Intxaurrondo –y más concretamente durante la aplicación de la bañera o de la bolsa–, pero la versión oficial, la de la fuga, se mantiene. El 15 de diciembre de 1985 –veinte días después de su detención–, el cadáver de Zabalza aparece flotando en el río Bidasoa ante una patrulla de la Guardia Civil. Tres décadas y media después, nadie ha sido juzgado por la muerte del joven, que una Euskal Herria conmocionada calificó de “asesinato de Estado”. El Gobierno español estaba dirigido por Felipe González (PSOE); el Ministerio del Interior, por José Barrionuevo (PSOE); la Guardia Civil, por el entonces teniente general José Antonio Sáenz de Santamaría; el Gobierno Civil de Gipuzkoa, por Julen Elgorriaga (PSOE), y el cuartel de Intxaurrondo, por el entonces comandante Enrique Rodríguez Galindo.

Amaia Merino y Miguel Ángel Llamas ‘Pitu’ han dirigido y guionizado ‘Non dago Mikel?’ (¿Dónde está Mikel?), largometraje documental, producido por Izaskun Arandia, que este viernes, 26 de febrero, llega a las salas de cine y que cuenta con entrevistas a Ion Arretxe –fallecido en 2017–, a Idoia Aierbe –fallecida en 2018–, a hermanos y sobrinas de Zabalza y a Garbiñe Garate –fallecida en 1998 y madre del joven–, que resume los hechos así: “La Guardia Civil me lo llevó vivo, y muerto me lo devolvió; esa es la única verdad”.

Amaia Merino (Donostia, 1970) es montadora cinematográfica –ha editado más de 25 largometrajes, de muchos de los cuales ha sido también coguionista– y, junto a su hermano Aitor Merino, ha codirigido, coguionizado y coproducido el largometraje documental ‘Asier ETA Biok’, ganador en 2013 del Premio Irizar al Cine Vasco del Donostia Zinemaldia (Festival de San Sebastián), entre otros premios internacionales. Por su parte, Miguel Ángel Llamas ‘Pitu’ (Iruña, 1980) es técnico superior en Producción Audiovisual, trabaja en el diario digital ‘Ahotsa.info’, ‘Non dago Mikel?’ es su opera cinematográfica y en esta entrevista con LUH habla sobre ‘Non dago Mikel?’ y sobre la detención, desaparición y muerte de Zabalza, fallecido a los 33 años de edad.

¿Cómo surge la idea de ‘Non dago Mikel?’?

La petición de hacer este trabajo surge de las gentes del Valle de Aezkoa, de donde era natural Mikel Zabalza. Sus vecinos, amigos y familia se dieron cuenta de que la gente más joven no tenía muy claro qué es lo que le había pasado, cuál era el contexto en el que se habían producido los hechos, quién era Mikel… Tenían miedo a que unos sucesos que tenían marcados a fuego se olvidaran, que se produjera un proceso de desmemoria.

¿Y quién era Mikel?

Mikel Zabalza era un joven de 33 años natural de Orbaizeta, un pequeño pueblo del Pirineo navarro. Su familia vivía de la ganadería, eran pastores. Él tuvo que abandonar su pueblo y acabó trabajando en Donostia como conductor de autobús. Tenía planes de futuro, como cualquiera: había comprado un piso en Donosti, tenía pareja –Idoia Aierbe–, estaba estudiando euskera, le gustaba su trabajo…

¿Y qué es y qué supone el cuartel de Intxaurrondo?

“Intxaurrondo es un barrio popular de Donostia, yo tengo muchos amigos en Intxaurrondo; además, allí está la Comandancia de la Guardia Civil, la más dura”. Más o menos con esas palabras define Ion Arretxe en la película qué es Intxaurrondo, un barrio donostiarra de clase trabajadora, muy euskaldun, al que se conoce por haber sido uno de los centros de tortura más grandes de Europa. Al mando del general Enrique Rodríguez Galindo, durante los años ochenta y noventa sus agentes practicaron la tortura de forma impune, realizaron toda clase de acciones de guerra sucia e incluso estuvieron implicados en tramas de narcotráfico. Intxaurrondo, en la memoria colectiva del pueblo vasco, es un lugar siniestro.

De Intxaurrondo como centro de torturas se ha hablado algo, pero de esa relación del cuartel con el narcotráfico a la que te refieres se ha hablado mucho menos…

Y lo que se sabe no es precisamente porque la Justicia haya actuado. Hubo un informe, el conocido Informe Navajas –que fue elaborado por el fiscal Luis Navajas–, que acabó en algún cajón de algún despacho importante. En él se recogían los lazos entre el narcotráfico y los guardias civiles de Intxaurrondo. Hubo investigaciones periodísticas, ‘Egin’ trabajó mucho ese tema, por ejemplo. Lo que se creía, y era vox populi en aquella época, es que había una operación diseñada para inundar las calles de Euskal Herria de droga para contrarrestar la lucha política, enganchando a la heroína a la gente más joven. Y, de paso, algunos hacían negocio, claro.

Todos los jóvenes detenidos aquel 26 de noviembre junto a Zabalza sufrieron torturas durante su incomunicación en aplicación de la Ley Antiterrorista.

Junto a Mikel Zabalza fueron arrestados su primo Manolo Bizkai, que, a pesar de que no le dejaron dormir durante varios días, dijo no haber sufrido torturas; su pareja Idoia Aierbe, que denunció haber sufrido todo tipo de vejaciones durante diez días y que afirmó haber visto a Zabalza en una camilla mientras se lo llevaban diciendo “está mal”; Ion Arretxe, que fue torturado hasta el punto de que estuvo al borde de la muerte, y dos hermanos de Mikel –Patxi y Aitor–, arrestados en Orbaizeta y liberados tras varias horas de tortura sin acusación ninguna. Sus testimonios, recogidos en ‘Non dago Mikel?’, son de gran importancia, puesto que fueron las últimas personas en ver y escuchar a Zabalza, quien no puede contar lo ocurrido. Ellos son la voz de Mikel.

“Llama la atención cómo logra transmitir Ion Arretxe el sufrimiento, el miedo y la angustia que vivió, y eso a veces es muy complicado”

Uno de esos detenidos junto a Zabalza, el director artístico Ion Arretxe –que tenía 21 años cuando lo arrestaron–, refleja en su libro ‘Intxaurrondo. La sombra del nogal’ (2015) el horror vivido durante aquella incomunicación. Arretxe cuenta que nada más sacarlo de la cama lo llevaron al monte, lo metieron en dos sacos de plástico, lo envolvieron con cinta de embalar y lo interrogaron metiéndole la cabeza una y otra vez en el agua de un río.

Así es, y su relato es estremecedor. Sobre todo llama la atención cómo con sus palabras logra transmitir al lector –o al espectador, en el caso de la película– el sufrimiento, el miedo y la angustia que vivió, y eso a veces es muy complicado. Explicar una experiencia tan extrema y surrealista a personas que no la han vivido es muy complicado, sobre todo por toda esa banalización que se ha hecho de la tortura, también mediante el cine. Arretxe pone palabras acertadas para que quienes hemos sido torturados nos sintamos reflejados en sus reflexiones, y logra que quienes no han sido torturados empaticen y se pongan en su piel.

¿Qué pasó con Zabalza?

Dejando a un lado la versión policial –que es una patraña–, lo que sabemos a ciencia cierta es que fue detenido y trasladado a Intxaurrondo, donde fue torturado; su primo escuchó sus gemidos e Idoia Aierbe le vio con una capucha en la cabeza. Lo que sabemos por diferentes investigaciones periodísticas que tenían fuentes en Intxaurrondo es que lo mataron mientras le torturaban con las técnicas de la bañera –sumergir a una persona en agua para provocarle ahogo– y la bolsa –provocar asfixia con una bolsa de plástico en la cabeza–. Se les fue la mano y Mikel falleció, tras lo cual diseñaron un plan para esconder el asesinato: dijeron que se había escapado arrojándose al río Bidasoa cuando iba a mostrar la localización de un zulo inexistente, y que se ahogó; su cuerpo tardó veinte días en aparecer. Se sabe que en Intxaurrondo hubo un pacto de silencio, que decidieron en un sorteo quiénes serían los guardias civiles que declararían ante el juez la versión oficial, que fue el propio Galindo quien lo organizó todo…

¿Quien lo organizó todo fue Galindo en persona?

Eso no lo decimos nosotros, lo dicen las informaciones periodísticas de la época que colocan a Galindo como el cerebro de Intxaurrondo en cuanto a la lucha legal e ilegal contra ETA y el independentismo vasco. Galindo era un dios para sus subordinados, pero seguro que él también cumplía órdenes de más arriba.

El entonces gobernador civil de Gipuzkoa, Julen Elgorriaga, y el propio Galindo acabarían siendo condenados por el secuestro, las torturas y el asesinato de José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala a manos de los GAL; secuestro, torturas y asesinato que se produjeron dos años antes de la muerte de Zabalza. ¿Por qué no se ha juzgado a nadie por la muerte de Zabalza?

Lo extraño no es que no se llegara a juicio con el caso Zabalza, lo raro es que hubiera condenados en el caso Lasa/Zabala. A pesar del gran trabajo del abogado Iñigo Iruin en ambas causas, el caso Zabalza se archivó. Había indicios suficientes para un juicio, pero el Estado no se podía permitir que llegara a juicio el caso de un detenido bajo la Ley Antiterrorista, bajo custodia policial, torturado hasta la muerte por funcionarios policiales en el ejercicio de sus funciones, desparecido durante veinte días y que después todo fuera tapado por las más altas instancias estatales. El GAL, el caso Lasa/Zabala, al fin y al cabo eran actividades de guerra sucia al margen de la ley, y si llegaron a juicio es por que las investigaciones periodísticas, pruebas y declaraciones no dejaban lugar a otra cosa, pero es la excepción y, además, una forma de cortafuego: “Hasta aquí llega la investigación de los GAL, ya se ha hecho justicia”. Y luego además los condenados son excarcelados por motivos de salud y con unas buenas pensiones a cargo del Estado sin ni siquiera sonrojarse.

“La gente tiene que tener muy claro que a día de hoy hay guardias civiles, policías nacionales y ertzainas que han torturado y que siguen en activo”

Se habla mucho de que la impunidad de los torturadores del franquismo llega hasta la actualidad, pero muy poco de la impunidad de los torturadores del propio régimen del 78…

Y se habla mucho de la tortura en los ochenta, pero muy poco de la que se ha producido en el siglo XXI. La gente tiene que tener muy claro que a día de hoy hay guardias civiles, policías nacionales y ertzainas que han torturado y que siguen en activo. Se debería depurar los cuerpos policiales, pero esto seguramente no ocurrirá, porque lo único que hacían era cumplir órdenes. Y si se les investiga, se les suspende o se les echa, hablarían y rodarían cabezas.

En el caso Zabalza se ha denunciado obstrucción a la investigación por parte de las autoridades e incluso desidia judicial.

Nunca hubo una intención por parte del Estado y de la Justicia por aclarar los hechos, eso está claro. Las investigaciones periodísticas fueron mucho más incisivas que las judiciales, pero es que además no se dio la debida importancia a lo que iban publicando algunos medios de comunicación, a pesar de que pruebas de mucho peso se pusieron en manos de los jueces. Lo cierto es que la propia Ley Antiterrorista y la incomunicación de los detenidos ofrece un espacio de opacidad en el que es muy difícil saber qué es lo que pasa. Pero es parte del sistema, claro.

En el tiempo transcurrido entre la desaparición de Zabalza y la aparición de su cadáver, Elgorriaga dijo mostrar su preocupación por el paradero del joven y llegó a calificar de “rocambolesca” la versión policial.

Fue su primera reacción. Quizás le traicionó el subconsciente, pero lo cierto es que sus palabras eran el reflejo de lo que pensaba la mayoría de la gente, incluso aquellos que querían pensar con todas sus fuerzas que, después de décadas de franquismo, las torturas eran algo del pasado. En este caso, además, estamos hablando de una desaparición, algo que en la memoria colectiva de la gente se asociaba con las dictaduras latinoamericanas de la época. Y eso estaba pasando con un gobierno socialista tras la sacrosanta Transición. Era muy difícil de digerir, y la versión oficial no era creíble. Pero alguien llamaría al orden a Elgorriaga, y todos cerraron filas en torno a la versión oficial.

También en el tiempo transcurrido entre la desaparición de Zabalza y la aparición de su cadáver, el entonces ministro del Interior, José Barrionuevo –que acabaría siendo condenado por el secuestro de Segundo Marey a manos de los GAL–, mantuvo la versión policial de que Zabalza se había fugado y aseguró que acabaría apareciendo.

Y lo encontró la Guardia Civil al día siguiente, tal y como él había asegurado, y en una zona del río Bidasoa que los buzos de la Cruz Roja ya habían rastreado intensamente. Barrionuevo, como ministro del Interior del Gobierno socialista de Felipe González, se convirtió en el principal defensor de la versión oficial. Seguro que él sabía bien qué es lo que había pasado realmente.

Cuando por fin apareció el cadáver de Zabalza, Barrionuevo llegó a decir públicamente que en él no había “ningún signo de violencia ni maltrato”.

La autopsia fue una chapuza. Paco Etxeberria así lo atestiguó. La forense danesa independiente que hizo una serie de pruebas adicionales a Mikel Zabalza –no se le permitió hacer una segunda autopsia completa– vio que el cadáver tenía algunas marcas que se podrían corresponder con la fuerza empleada por sus torturadores al hacerle la bañera –lo que explicaría la presencia de agua en sus pulmones–, que es lo que le hicieron también a Ion Arretxe; una práctica de tortura habitual en aquella época.

“Algunos pensaban que la tortura era ya cosa del pasado, que un Gobierno del PSOE no daría amparo a este tipo de represión, pero se equivocaban”

El caso Zabalza provocó en Euskal Herria numerosas denuncias públicas por parte de agentes políticos y sociales y numerosas movilizaciones.

Analizado con perspectiva, el caso Zabalza supuso un antes y un después en la percepción que se tenía de las fuerzas policiales españolas, de la Ley Antiterrorista, de la tortura y del Gobierno socialista tras la Transición. A muchos se les cayó la venda de los ojos. Algunos pensaban que la tortura era ya cosa del pasado, que un Gobierno del PSOE no daría amparo a este tipo de represión, pero se equivocaban. Luego vendría la confirmación al saberse todo lo de los GAL, pero en aquellos momentos había mucha gente que confiaba en que el PSOE acabaría con el poso franquista que había en cuartelillos y comisarías. Y lo que se demostró es que se dedicaron como nadie a gestionar de forma infame las cloacas del Estado. Y, además, mucha gente se dio cuenta de que cualquiera podía ser detenido y torturado, y quizás morir, sin ni siquiera ser de ETA. Porque hay que recordar que Zabalza no era de ETA.

¿La muerte de Zabalza fue, como se denunció, un asesinato de Estado?

A Mikel Zabalza lo detuvieron funcionarios del Estado bajo la Ley Antiterrorista, fue trasladado a un centro de detención oficial como es Intxaurrondo, allí lo torturaron hasta la muerte, su cuerpo fue ocultado durante veinte días y se inventaron una versión oficial que fue repetida y defendida por las más altas instancias del Estado, que se han negado a investigar de forma concienzuda los hechos y que han condecorado y ascendido a los autores de la muerte de Mikel y, si ha sido necesario, los han indultado o excarcelado, y los han mantenido callados con buenas pensiones de por vida por los servicios prestados en la ‘Guerra del Norte’. Yo a eso lo llamaría asesinato de Estado, pero que sea el espectador, después de ver la película, quien le ponga un calificativo.

¿Cómo vivió el caso la familia de Zabalza y especialmente su madre?

La familia Zabalza vivió los hechos con muchísima angustia –por supuesto–, pero hasta el último momento mantuvieron una pequeña esperanza, quizás demasiado inocente, de que Mikel aparecería con vida. Querían, debían, creer eso para seguir adelante. ¡Fueron veinte días! Veinte días de búsqueda infructuosa, haciendo frente a las mentiras, las amenazas y la violencia policial. Pero no estaban solos, porque tenían detrás a mucha gente que les echó una mano y presionó en las calles para que finalmente Mikel apareciese. Si no hubiera habido tal presión social, es posible que hubieran tratado de deshacerse del cadáver, como hicieron con Lasa y Zabala, y así aumentar la duda sobre si estaba vivo o muerto.

La madre de Mikel era un ejemplo de dignidad y fortaleza que impresionó a todo el mundo. Ella llegó a decir: “Hemos conocido la República, la guerra, la dictadura…, pero a nuestro hijo nos lo han matado en democracia”. Tenía mucha fuerza y estaba decidida a que se supiese la verdad, pero murió sin que se hubiera reconocido lo ocurrido.

En el documental participan también varias de las sobrinas de Mikel, que no llegaron a conocer a su tío. ¿Cómo viven ellas el caso?

Yo recuerdo que la primera vez que las vi fue en el 25 aniversario del asesinato de Zabalza. Eran unas adolescentes y estaban llorando un montón. Me sorprendió porque era evidente que no habían conocido a Mikel, y yo no lograba entender por qué eran las más afectadas en aquel homenaje. Luego entendería que lloraban porque para ellas la presencia de Mikel en la familia era permanente, aunque desconocían cómo sus padres y madres, los hermanos de Mikel, habían vivido los hechos. Esto nos dio una pista de por dónde teníamos que abordar a la familia: analizar la transmisión de lo sucedido que se había dado entre padres e hijas. Y ahí descubrimos que había ‘cajas’ sin abrir, que no se habían contado muchísimas cosas y que las sobrinas de Mikel tenían la necesidad de conocer un episodio de su historia familiar que había marcado a fuego a sus padres y madres. Creo que este proceso de grabación ha ayudado a que estas ‘cajas’ se abran, como se ve en la película.

¿Tenéis algún proyecto en marcha o en mente?

Por ahora estamos centrados en ‘Non dago Mikel?’, que todavía tiene que hacer un largo recorrido, pero está claro que en Euskal Herria hay un trabajo necesario en cuestiones de memoria histórica sobre lo ocurrido en las últimas décadas, porque hay una tendencia a tratar de conformar un relato único, homogéneo, muy parcial de lo que ha sido la historia reciente de Euskal Herria, y creo que podemos aportar, con películas como esta, a que ese relato sea mucho más plural y que estas barbaridades no se vuelvan a repetir.

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