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Guillaume Long: "La justicia emite una orden que al día siguiente se archiva pero la prensa está un mes con este tema alimentando falsos discursos"

Fue ministro de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana en el Gobierno de Rafael Correa, actualmente vive y trabaja en Washington

El político y académico ecuatoriano Guillaume Jean Sebastien Long fue ministro de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana en el Gobierno de Rafael Correa y previamente había sido ministro de Cultura y Patrimonio y ministro coordinador de Conocimiento y Talento Humano. Actualmente vive y trabaja en Washington, desde donde hace ha atendido a LUH por teléfono para hablar sobre la actualidad política en Ecuador, así como otros temas que afectan al conjunto del continente latinoamericano.

Después de varios años como ministro en Ecuador, usted vive hoy alejado de la política institucional, pero activo políticamente. El 4 de enero de 2018 presentó su renuncia por diferencias con el Gobierno de Lenín Moreno. ¿Piensa volver algún día a Ecuador? ¿Le gustaría volver?

Por supuesto, me gustaría volver. Yo soy ecuatoriano y no he vuelto a Ecuador desde hace más de tres años, así que por supuesto quiero volver. Aún lidiamos con la preocupación de todo lo que nos llega de Ecuador. Diría que esperamos poder volver varios de nosotros que estamos fuera del país, porque no soy el único. Varios cuadros que fueron colaboradores del Gobierno de Rafael Correa. Muchos legisladores incluso tuvieron que salir ahora al exilio. Quisiéramos ayudar, estar cerca de nuestro pueblo.

Según varios informes de diferentes organismos internacionales, la desigualdad en Ecuador durante el Gobierno de Lenín Moreno es de las más altas desde 2010. También podemos decir que el Gobierno de Lenín ha estado salpicado por innumerables polémicas, por tensiones e incluso por la judicialización de la política. ¿Qué balance hace usted de ese Gobierno?

Ha sido un Gobierno que ha llevado a cabo un giro de 180 grados en cuanto a la orientación política e ideológica de las políticas públicas, en cuanto a la inserción del Ecuador en el mundo, es decir, a la doctrina de seguridad y de geopolítica en la política exterior del Ecuador... Obviamente, este giro dramático hacia el neoliberalismo autoritario con un realineamiento sumiso con los intereses de los Estados Unidos de América Latina, ha tenido graves repercusiones en todos los ámbitos, en el ámbito económico, por ejemplo, con el menor crecimiento económico de Ecuador en décadas. Ha tenido repercusiones, por supuesto, en las estadísticas de índole social, tras muchos años de reducción sistemática de la pobreza. Incluso durante los peores años de crisis de materias primas, en estos años logramos siempre seguir reduciendo los niveles de pobreza, en el contexto del continente más desigual del planeta con América Latina, conseguimos bajar esos niveles de desigualdad. Pero vimos que el 24 de mayo de 2017, cuando asumió el Gobierno de Ecuador el presidente Moreno, ha vuelto a subir los niveles de pobreza. Hay un repunte muy grave para las personas que habían conseguido salir de la pobreza y que hoy desgraciadamente han vuelto a entrar en la pobreza. Del mismo modo, con Correa trabajamos arduamente para fortalecer el contrato social, y conseguimos que haya mayor cohesión social. Lo que está pasando hoy es absolutamente trágico, pero también va acompañado de un desmoronamiento institucional, que no es solamente un Gobierno de derecha neoliberal, sino que se trata de un gobierno sin liderazgo, un presidente que tiene la más baja tasa de popularidad, probablemente desde el retorno a la democracia del Ecuador en el 79, caracterizado también por una lucha de poder con una gestión que no solamente es de derechas, sino también marcada por la profunda incompetencia en todos los aspectos, con un Gobierno muy incompetente, muy mediocre, que se contradice continuamente tanto que está siendo objeto de burla por parte del pueblo ecuatoriano. También es un Gobierno fallido, que no tiene un proyecto de país a diferencia de los más de diez años de Revolución Ciudadana con Correa, Ecuador tenía un proyecto de país para todos, y el pueblo ecuatoriano tuvo reconocidos muchos derechos y fue orgullo dentro y fuera del país. Antes las personas no identificaban al Ecuador en el mundo. Nadie sabía dónde quedaba Ecuador. Pero con la llegada de Correa hay una clara proyección internacional y eso era motivo de gran orgullo nacional. Correa dijo lo más importante no son las estadísticas económicas, no son las mejoras para el crecimiento, sino la recuperación de un proyecto nacional que él llamaba “la recuperación de la esperanza”. Y frente a eso, este Gobierno por lo que ha apostado es por el sálvese quien pueda, de la ley de la selva, con unas graves repercusiones para el pueblo, y sobre todo, trazando una gran crisis de identidad y de proyecto nacional.

Sobre esa proyección internacional fallida del Gobierno de Lenín respecto a los ciudadanos ecuatorianos que residen fuera de Ecuador, cuyo ejemplo más claro, en Europa, es el de España, donde viven muchos ciudadanos ecuatorianos, ¿qué valoración hace de esa gestión del Gobierno de Moreno?

Una gestión desastrosa. Uno de los componentes fundamentales para nosotros, además de las cuatro regiones naturales de Ecuador, esto es la costa, la sierra, la Amazonía y Galápagos, es el papel de nuestros compatriotas en el exterior. España, en primer lugar y en segundo lugar, Italia. Una de las apuestas, es poner en marcha una especie de contrato social, que no es otra cosa que el reconocimiento de todos sus derechos. Y el papel que han desempeñado nuestros compatriotas en el exterior es inmenso. El caso de la lucha contra los desahucios es un ejemplo. Sin embargo, el actual gobierno ha caído en un absoluto abandono de nuestros migrantes, que ha ido acompañado de cierres de muchos consulados. La famosa austeridad neoliberal. Pero aun en ese contexto, nuestros jóvenes de la Revolución Ciudadana, y en general nuestros jóvenes han sabido crear una estructura política y social en los países donde residen, y se han movilizado para pelear por sus derechos, y militando desde allá para recuperar la esperanza en un proyecto nacional en Ecuador del que sentirse orgullosos.

Le quería preguntar también acerca de Colombia: durante su mandato como canciller, usted jugó un papel muy importante en el diálogo y la búsqueda de un acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y el Ejército de Liberación Nacional, acuerdo que finalmente se produjo en Bogotá en noviembre de 2016. Hoy sabemos que más de 500 líderes sociales y excombatientes han sido asesinados entre la firma del acuerdo y mediados de 2019. ¿Qué opina usted de la situación actual en Colombia? ¿Paz duradera o fragilidad social y política?

De fragilidad sin duda. Es evidente por otro lado que los procesos de paz necesitan una doble voluntad política: la voluntad política de todas las partes para llegar al cese de las hostilidades, a deponer las armas, a tener un verdadero compromiso, una voluntad política para la lucha se dé en el ámbito de las reglas de juego de la democracia, de las instituciones etc. Eso requiere de un gran esfuerzo y ese esfuerzo lo trabajamos en América Latina muchas personas y muchos gobiernos que saben que este proceso de paz en Colombia es muy difícil. Si no hubiese habido una ola progresista en América Latina que quería poner fin a esta lógica que está realmente en el fondo dependiente de un eje estratégico Bogotá-Washington, que quería una solución militar al conflicto colombiano y que se oponía a otra visión del mundo compartida por muchos colombianos y por muchos países vecinos, que allí había un conflicto político con raíces históricas profundas y, por ende, tenía que haber una solución política a un conflicto político. Es verdad que habría que hablar del narcotráfico etcétera, Pero el conflicto en sí y el que había que resolver en la mesa de negociación, requirió de mucha voluntad política. Hay que reconocer que la administración del presidente Santos tuvo una limitación con aspectos ideológicos de derecha, pero tuvo la madurez y la sabiduría de entender que era el momento, y que además la guerra no favorecía a las relaciones de Colombia con una América del Sur y de América Latina fortalecida, más soberana, más empoderada y sobre todo más integrada, por ejemplo, el contexto que se daba con la naciente Unasur. Es importante ponerlo en esos términos porque entendemos que significa la integración latinoamericana y la importancia no sólo de la hermandad latinoamericana, sino de la paz y del hecho de que Estados Unidos tenía un único hegemón en América Latina, y eso estaba debilitando su propia hegemonía. Pero insisto, esa la primera condición, la voluntad política para poner deponer las armas. Pero Esa voluntad política trasciende en el tiempo en lo que se llama el posconflicto. Cuando se aterrizan los acuerdos, cuando se cumplen con los acuerdos que se hicieron y se va institucionalizando todo forma pacífica... esto requiere, aún más de voluntad política. Eso es muy complejo, para que las partes políticas no vuelvan a sus formas de violencia requiere de muchísima voluntad. Respecto a lo que tú decías, la masacre está esta otra vez a la orden del día en Colombia. Creo que lo que ha pasado en procesos de paz anteriores, en los años ochenta y noventa por ejemplo, cuando se masacró a muchos de los firmantes de los acuerdos de paz, sobre todo guerrillero estamos hoy por desgracia volviendo a eso. Hay, además, digamos, un incumplimiento. No solamente son guerrilleros cuya seguridad está comprometida, sino que hay un crecimiento constante por parte del Gobierno en los diferentes acápites del acuerdo de paz, en el tema de inversión, en el agro, de cultivos, etc. que no solamente son incumplimientos, sino un juego cuando tienes mala voluntad, cuando no tienes voluntad política para hacer avanzar las cosas. Es muy fácil frenarlo si tiene mucha perseverancia para poder pasar de la guerra a la paz, incluso a través de aspectos de la justicia transicional. El gobierno realmente ha sido obligado a actuar no por voluntad propia, sino porque en el Congreso hay dos formas una coalición muy heterogénea de partidos de izquierda que le han obligado al Gobierno a cumplir con la palabra empeñada en el acuerdo de paz, pero no ha sido por voluntad propia, sino por la constelación de los actores políticos que se han movilizado. Bueno, obviamente en Colombia, volviendo a un eje absolutamente lateral. La forma tradicional de hacer la política exterior es basándose en el unilateralismo exclusivo con los Estados Unidos. Y en este momento, evidentemente, cuando Estados Unidos no es cualquier administración sino con la Administración Trump y uno ve que este bilateralismo tiene fuertes repercusiones en la política exterior. Ya no es solamente la política exterior de derechas, sino la política exterior de ultra derecha y los últimos días se ha vivido todo el tema de la presencia de tropas norteamericanas en suelo colombiano. Digamos que eso es válido para Colombia, pero para América Latina en general, una vuelta a el patio trasero de los estados no es un retroceso histórico como aplicación de Doctrina Monroe. Los Estados Unidos de Obama estaba más o menos comprometido con el proceso de paz. Hay que reconocerlo. El secretario de Estado, John Kerry hablo mucho con los países latinoamericanos de la región y entendieron que había llegado el momento. Es cierto que no fueron parte del proceso de paz, pero al menos no entorpecieron demasiado ese acuerdo de paz.

Volviendo a Ecuador, me gustaría que me hablase de Assange, fundador de WikiLeaks después de siete años refugiado en la embajada de su país. Finalmente fue arrestado el 11 de abril del año pasado. ¿Fue justo el arresto?

Fue injusto. Un acto totalmente ilegal por parte de Ecuador. Hablábamos ahora del entreguismo y de la falta de soberanía... bueno el caso Assange es exactamente eso. Ecuador había mantenido un asilo político a favor del señor Assange, que al final, a pesar de la cobertura negativa de ciertos medios corporativos, era una posición muy sólida, firme y muy respetada. Yo fui canciller, y embajador en las Naciones Unidas y puedo asegurar que la gran mayoría de los países de los 193 países miembros de las Naciones Unidas nos tenían muchísimo respeto por esa firmeza y por esa coherencia en cuanto al respeto del derecho internacional. El asilo a Assange no fue un mero capricho para provocar un apocalipsis, sino que está basado en los fundamentos del derecho internacional y concretamente en el derecho a asilo. Un Estado tiene todo el derecho de darle asilo a una persona. Se considera que esta persona corre peligro su vida y que puede estar ante una situación de persecución política. Nosotros, como Ecuador, hicimos un largo análisis para comprobar eso. El 19 de junio de 2012 llegó a nuestra embajada, pero no fue sino hasta agosto de este mismo año, es decir dos meses después, cuando el presidente Correa finalmente decidió que sí, que había los suficientes elementos para sospechar que se trataba de un caso de persecución política. Por ende, había que reconocerle su derecho al asilo. Es importante porque gente no sabe que el Ecuador lo único que quería para la salida de la embajada era una garantía de no extradición a los Estados Unidos. Cuando hubo el famoso caso sueco, los abogados del propio Assange estaban de acuerdo porque consideraban que ahí el caso no podía afectar y que el era absolutamente inocente. Además, nunca hubo cargos. Naturalmente, lo que sí hubo es un pedido de interrogatorio, de entrevista o como lo quiera llamar, y él estaba dispuesto a hacerlo. Lo único que necesitamos es que con el tema WikiLeaks con todo lo que hay detrás en términos de la libertad de expresión...no pudieran extraditarle. Suecia no quiso nunca dar estas garantías. Y finalmente, cuando ya la justicia decidió no formular cargos, y ya estamos hablando de cinco años después, cuando el 19 de mayo del 2017 la justicia sueca, después de haberlo entrevistado en nuestra embajada con fiscales, decide no presentar cargos contra el señor Assange, resulta ahora que los británicos también querían ir a por él por haber entrado en territorio ecuatoriano. Normalmente eso es una cosa absolutamente menor. Con una multa se resuelve. Pero bueno, los británicos mostraban señales de que nos iban a poner las cosas difíciles. Entonces dijimos puedes salir de la embajada, ir a prisión el tiempo que sea necesario... por el tema de haber violado su libertad bajo fianza. Pero de nuevo con la condición de que no sea extraditado a los Estados Unidos. Y hoy estamos ante una situación en que el señor Assange está enfrentando en este momento un juicio, y está encarcelado en una prisión de máxima seguridad en Londres y como digo está enfrentando un juicio por solicitud de los Estados Unidos de extradición a Estados Unidos. Entonces, todo lo que sustentó, todo lo que motivó nuestro asilo político, se ha revelado absolutamente cierto. Nuestro temor de que pudiéramos estar ante un pedido de extradición por actividades como periodista, por sus actividades periodísticas y de publicación de material, pues se ha materializado. Por su parte, el Señor Moreno entrega a Assange de la forma más ruin, de la forma más entreguista. Además, preparando la entrega de forma mediática, difundiendo mentiras indignas, basándose en pequeñas historias falsas y llenas de mezquindad. No sé si te acuerdas como prepararon eso para poder dibujarlo como monstruo, como un loco, como el villano que siempre han tratado de construir y al que finalmente entregan. Hay que recordar que varios meses antes hubo una importante reunión después de una visita al Ecuador de Mike Pompeo, Secretario de Estado de EEUU. Sabemos que entre otras cosas estuvieron llegando a un acuerdo. Y estoy convencido de que ese acuerdo incluye que Lenín Moreno, que recordemos se esta enfrentando a graves acusaciones de corrupción, va a necesitar de aliados y lugares a donde huir. EEUU puede ser un buen refugio. Habrá que ver la historia y si se encargará de darnos las suficientes pruebas de que así será. Es mucha coincidencia también que justo después de la entrega de armas en Estados Unidos haya aprobado el crédito de más de 4000 millones de dólares al Ecuador, con la noticia que creo que fue un pedido importante por parte de la administración Trump. El Gobierno de Lenín no está respetando un principio básico del derecho internacional, que es el derecho al asilo.

Vinculándolo con todo esto a lo que hacía referencia, estos últimos años hemos visto cómo la justicia ha sido instrumentalizada de alguna manera con determinados objetivos, muchos de ellos a través de intereses políticos, como en Brasil. Pero también lo estamos viendo en Bolivia y en Ecuador, donde Correa es víctima del denominado ‘lawfare’ o guerra judicial. ¿En qué consiste esa estrategia exactamente y, sobre todo, cómo se combate?

Lo importante es que en Europa se entienda que lo que está sucediendo en América Latina, que no es solo el tránsito hacia la derecha, más o menos como resultado de la actuación económica, de la crisis que hizo que la oposición surgiera con más fuerza. Eso está bien, forma parte de la democracia. Pero el problema que se está dando en este momento es otro. El problema no es solamente la alternancia en el poder, sino que se está instalando en América Latina un proyecto absolutamente autoritario. Es lo que se conoce como neoliberalismo autoritario. Y esto es importante porque si fuera, bueno, llegó la izquierda y luego llegó la derecha y, sigue la democracia. Y las urnas se han pronunciado. Un ejemplo por cierto de esto es Argentina con la llegada de Macri. y aunque hubo un fuerte intento de ‘lawfare’ al final las urnas han triunfado. En Ecuador lo que pasa es que el sistema judicial con ayuda del político y de los grandes medios está haciendo todo lo posible para evitar la llegada de Rafael Correa, para impedirle que participe en las próximas elecciones. Y está habiendo muchas presiones para que la justicie se pronuncie antes de que pueda registrarse como candidato. Hemos tenido presos políticos por primera vez desde la dictadura militar y hay muchos más, incluyendo parlamentarios con fuero parlamentario, que han tenido que salir al exilio.

Me gustaría terminar la entrevista con una pregunta-reflexión. Tras su llegada al poder con el Gobierno de Rafael Correa, ustedes llevaron a cabo profundos cambios, a través de un largo proceso constituyente, con la llamada Revolución Ciudadana. Sin embargo, esos cambios han sido desarmados rápidamente con el Gobierno de Lenín Moreno. La pregunta es ¿es suficiente llegar al poder para ejercer realmente ese poder y, sobre todo, para darle la vuelta a esa batalla cultural y a ese sentido común? ¿Qué lección o aprendizajes saca usted de los gobiernos de izquierda que comenzaron en el año 2000 en América Latina y que algunos hoy se han esfumado?

Una pregunta muy buena y muy compleja. En Ecuador no fue la oposición la que llega al poder, sino que ha sido un elemento interno de nuestro partido político que luego reveló ser un traidor. Lo que ha habido es una operación desde dentro, y mucha confusión. Se pensaba en un principio que se trataba de una división dentro del propio movimiento, que era un grupo de personas electas sobre una plataforma política de continuidad con el correísmo, aunque sabíamos que iba a querer construir su propio estilo. Pero lo que nos encontramos ha sido un aprovechamiento por parte de Lenín, que viendo que Correa había decidido dejar la presidencia del partido, aprovecharon para expulsarnos, con una decisión judicial amañada. El objetivo era quitarnos del movimiento para que no pudiéramos seguir teniendo esa herramienta de lucha electoral. Las bases del movimiento eran correístas, y eso Lenín lo sabía.  Hoy su popularidad y la del movimiento ha caído a niveles bajísimos. Hay una cosa que llama la atención. Hoy el ministro de Finanzas de Lenín Moreno era el ministro de Finanzas de su rival, Guillermo Lasso. Esta es una operación montada desde dentro para derrotar al correísmo. Luego, obviamente ahora lo que ya hemos hablado para este artículo. En ese sentido no sólo Ecuador ha sufrido el ‘lawfare’, también Argentina, Bolivia y Brasil. El paralelismo entre poner a Lula en la cárcel y poner una orden contra Correa para no poder pisar suelo nacional es evidente. Lo que nos diferencia de Brasil es el aspecto de la infiltración desde adentro que es bastante diferente. Yo diría incluso que el caso Ecuador hizo muchísimo más daño porque nos quedamos de repente sin partido. Ya hemos hablado en parte del desmoronamiento institucional, y está claro que se necesita un movimiento político muy fuerte, muy vibrante, para poder cambiar las cosas. Y nosotros la teníamos en aquel momento. Nunca antes se había tenido una mayoría legislativa tan fuerte desde el 91. Y gracias a esa mayoría pudimos llevar a cabo ese proceso constituyente. Teníamos un apoyo abrumador hacia nuestro partido, pero seguramente también influyó mucho el trabajo en el territorio, el trabajo con la militancia, el trabajo de formación, el trabajo orgánico con la militancia. Correa quería hacer muchos cambios muy radicales muy rápidamente, y para eso también contó con muchos cuadros, los mejores del país, y eso a pesar de que hay una enorme falta de cuadros en la izquierda que tiene que ver con un fenómeno mundial. Sucede aquí pero también en Europa. Cuando miras hacia atrás y ves los errores que cometiste pero que los miras con perspectiva y dices no sé si son errores o cosas inevitables. Al final el proyecto progresista latinoamericano es muy heterogéneo, es muy grande. Por tanto, creo que la madurez, la generosidad de la izquierda, ha posibilitado que tengamos un proyecto constituyente, de reconstrucción nacional abriendo un gabinete que representaba a muchos y diversos sectores, y por supuesto a la mayoría progresista. Nosotros teníamos un proyecto de poder, y queríamos gobernar porque estábamos seguros de poder demostrar que el neoliberalismo no solamente es injusto, sino que es un sistema ineficaz. El pensamiento liberal puede ser malo para el país, y queríamos demostrarlo gobernando, garantizando derechos, teniendo el poder de la gente. Queríamos incluso reinventar el concepto mismo de poder. El costo por abrir una política de vanguardia revolucionaria fue el hecho de reproducir en ocasiones patrones de comportamiento de la vieja política. Ese quizás fue uno de los errores. Un elemento que quiero destacar es que nosotros tuvimos 14 procesos electorales, con un proyecto político consolidado a través de ese profundo proceso democrático. Otro elemento que es universal y que quiero mencionar es el tema de los medios de comunicación, y es un problema grave porque siempre la oposición al correísmo intentaba ganar lo que perdía en las elecciones, a través de los medios de comunicación. La gran prensa, los medios, los canales de televisión, con un discurso típicamente de la derecha latinoamericana, más allá de la vulgaridad del colonialismo en todas las formas y los símbolos, la estética que manejan, incluso racialmente, con un discurso muy conservador y de rechazo al progresismo. Y esto es un verdadero reto, porque si tú te enfrentas a los medios de comunicación, te meten en el saco del populismo autoritario junto a Trump, cuando tú vienes precisamente a combatir eso. La narrativa de los medios es importante para acompañar los avances de la revolución. Y por tanto toca desde nuestros medios combatir esa narrativa neoliberal y autoritaria, que es la de ellos, con una narrativa alternativa que genere seguridad y confianza al pueblo. Hay que crear una especie de alianzas internacional, convencer, buscar la verdad narrativa. Y desmontar esa imagen que intentan algunos medios autoritarios de disfrazar nuestra voluntad de cambio y de garantía de derechos. Estamos viviendo por desgracia momentos en los que la justicia emite una orden, al día siguiente se archiva, pero la prensa esta una semana, un mes con ese mismo tema alimentando falsos discursos. Hay que combatir esa lógica, con un proyecto sólido, combatir esa narrativa en la que la izquierda aparece como alguien corrupto, y eso no puede ser.

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