fbpx
Síguenos en

Búsqueda

LA ÚLTIMA HORA NOTICIAS

Inicio de sesión ¡Bienvenido/a de vuelta!

¿No tienes cuenta en LA ÚLTIMA HORA NOTICIAS? hazte socio/a ahora

Cultura

Hip hop. El gran apagón del 77 lo hizo posible (Parte II).

Estamos en 1975, en un Bronx devastado por los incendios y la crisis económica e inmobiliaria, un lugar pobre pero lleno de energía y creatividad que celebra periódicamente distintas blocks parties en donde se reúne la juventud pobre y racializada de esta parte de la ciudad. Se ha formado la Universal Zulu Nation y la cultura hip hop acaba de nacer; los escritores de graffiti siguen bombardeando la ciudad y las líneas de metro mientras los grupos de break-dance pulen y depuran su pasos de baile y acrobacias. Los Dj’s por su parte perfeccionan su técnica a la hora de rescatar y seleccionar breaks en viejos y desconocidos vinilos de soul y Grand Master Flash, un chaval loco por la electrónica, se pone a arrastrar un disco en la dirección contraria, hacia atrás. Mola el ruidito que hace. Acaba de nacer el scratch. Pero… ¿Y el rap?

En una de estas fiestas, un chaval decide arrebatarle el micro al DJ, colocarle un cable largo y ponerse a animar al personal en los momentos de más subidón; “esas manos en el aire”, “la gente del sur del Bronx está en la casa” y cosas parecidas. Calla turras, queremos escuchar la música, le gritan desde la improvisada pista de baile. Los primeros raperos son una especie de speaker que se dedica animar, un maestro de ceremonias, de ahí el término MC. En resumidas cuentas, el turras que habla durante los descansos o en los subidones y comenta y ameniza la fiesta. Una especie de mascota, seamos sinceros.

Pero claro, un día aparece otro chaval que, además de animar y limitarse a la función de speaker-presentador soltando frases inconexas sin ningún tipo de sentido, empieza a hilvanar una frase tras otra. Además lo hace en verso. Rimando. Al ritmo de los breaks y tambores que suenan por el equipo de música. Una frase. Otra. Otra. Y otra. No voy a ser vuestra puta mascota. Voy a ser el centro. Y claro, la gente alucinó. Entonces un tercer chaval entre el público pensó: yo lo puedo hacer mejor. Ya está. Acaba de nacer el rap. Es algo nuevo pero en realidad no lo es del todo, esa forma peculiar de rimar viene de la jam poetry, gente como Gil Scott Heron o The Last Poets lo ha hecho ya. De hecho, parece que eso de rimar de forma improvisada y competir contra el de enfrente se da en muchas culturas separadas en el tiempo y el espacio, desde el África más profunda a los bertsolaris vascos pasando por los versadors de albades valencianas que, al más puro estilo batalla de rap, riman a partir de palabras, temas o situaciones sugeridos por el público. El rap, algo nuevo pero que viene de muy lejos (la tradición oral africana), ya es una realidad tangible. A partir de ese momento, en todas las blocks parties, los raperos tendrán su espacio y competirán entre sí para ganarse el cariño del público.

Con la introducción del rap, las posibilidades son infinitas. El dj, asociado ahora con los raperos, hace cortes, estira breaks, etc, en función de la letra del MC. Ya son como una banda y tienen que ensayar: cuando digo esta frase se hace un corte en silencio y cuando llega este estribillo se redoblan los tambores, la peña va a flipar. Y competían contra otras bandas. Habían nacido los primeros grupos de rap. Pero ocurría una cosa, había muy pocos. El problema principalmente es que para montar ese tipo de banda hacía falta un equipo de sonido. Como mínimo dos platos y un mezclador. Microfonía al margen. Y cuando eres un joven del sur del Bronx tus padres no tienen dinero para comprarte un equipo de sonido ya de por sí bastante caro, mucho más en aquella época. Poseer los dos platos y una mesa de mezclas era un privilegio de clase que únicamente unos pocos podían permitirse. Pero entonces se hizo la oscuridad. Y se produjo un inesperado giro de los acontecimientos que cambiaría la historia de la música popular para siempre.

El caluroso 13 de julio de 1977 a las 21.34h de la noche, un rayo cayó sobre un transformador en el condado de Westchester. En apenas unos minutos, toda la red eléctrica de la gran manzana, colapsó completamente. Esa noche, la ciudad que nunca duerme, no iba a dormir. Seguro. En un par de horas se desató el caos. Quizá fue el calor. Quizá la paranoia y el miedo a Sam (un psicópata que llevaba semanas asesinando personas al azar y al que no se lograba dar caza). O quizá fue que la ciudad llevaba años sentada sobre un polvorín de miseria y especulación inmobiliaria y se desató una furia primitiva frente un sistema injusto que provee en abundancia para unos pocos mientras condena a la precariedad y supervivencia a la gran mayoría. La revista Time habló de «La noche del terror». Por su parte Newsweek sentenció «El corazón de las tinieblas». Empezaron los saqueos y los actos vandálicos: joyerías, concesionarios de coches, supermercados… nada escapa a la furia incontrolada de las masas. La policía está completamente desbordada y la ciudad se se convierte en un auténtico campo de batalla que, visto con perspectiva, convierte los disturbios de Los Ángeles en el 92 en poco más que una chiquillada.

El apagón de 1977 en la ciudad de Nueva York se saldó con cerca de 1.000 incendios, más de 1.600 tiendas saqueadas y asaltadas y 3.776 personas detenidas, las comisarías no dan abasto y colapsan. Eso sí, ninguna estatua de Colón o de algún otro esclavista fue derribada (para la tranquilidad de reaccionarios de toda índole). Pero mientras la gran mayoría robaba coches (en un concesionario del Bronx desaparecieron hasta 50 Pontiacs) y asaltaba las joyerías en busca de metales preciosos y joyas de alto copete, los chavales asiduos a las block parties decidieron aprovechar el caos para saquear infinidad de tiendas de electrónica y equipos de sonido: mesas de mezclas, platos de dj, micrófonos, amplificadores, altavoces… Cuenta la leyenda que antes del apagón del 77 podías contar los grupos de rap con los dedos de una mano, situados todos en el sur del Bronx. Justo una semana después y cuando la ciudad empezaba a recuperarse del caos y la furia, había grupos de rap por centenares. Y no sólo en el Bronx, ya había grupos de rap en Brooklyn, Harlem, Queens.. El resto, como se suele decir, es historia.

El hip hop surge allí donde no había nada, sólo miseria y desolación. Y surge robando los tambores (breaks) de viejos discos de soul que los Djs recuperan para sus fiestas. Y se consolida cuando, durante el gran apagón del 77, algunos chavales prefieren robar equipos de sonido en lugar de joyas o coches (recuérdalo cada vez que veas a un rapero lleno de joyas y presumiendo de un coche de alta gama). Posteriormente y vía la técnica del sampling, robará también bajos, notas y golpes de tambor para cuando decida producir su propia música.

La conclusión fácil sería que vigiles tu cartera cuando estés cerca de un rapero, pero prefiero citar a Brecht (hubiera sido un gran MC): Al río que todo lo arranca lo llaman violento, pero nadie llama violento al lecho que lo oprime.

Comparte esta noticia

TE NECESITAMOS PARA SEGUIR CONTANDO LO QUE OTROS NO CUENTAN

Si piensas que hace falta un diario como este, ayúdanos a seguir.

HAZTE SOCIO por 5 euros al mes

Click para comentar

Queremos garantizar que los debates y comentarios que se generen en nuestras noticias sean de la calidad que cada una de vosotras y vosotros merece. Por ello, tan solo nuestras socias y socios tienen la posibilidad de interactuar de esta forma, ÚNETE AQUÍ y colabora con la información que no rinde tributo a intereses privados ni poderes económicos.

Si tan solo quieres leer los comentarios,
PUEDES REGISTRARTE COMO USUARIO/A

TE NECESITAMOS PARA SEGUIR CONTANDO LO QUE OTROS NO CUENTAN

Si piensas que hace falta un diario como este, ayúdanos a seguir.

HAZTE SOCIO por 5 euros al mes