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José María Olmo: así se convirtió en el periodista favorito de las cloacas

El jefe de Investigación de El Confidencial, que se formó en El Mundo e Intereconomía, es uno de los informadores más próximos a las cloacas del Estado y al comisario Villarejo, y se ha hecho eco de toda clase de falsas informaciones que han sido desmentidas por los tribunales

“Hay una parte de esta profesión que ha vivido muy cómoda con las fuentes, teniendo una relación muy estrecha, y que ha perdido la percepción de cuál es su verdadera función”. La frase podría figurar en un manual de Periodismo como aviso para futuras generaciones de redactores, pero suena irónica en boca de José María Olmo (Cartagena, Murcia, 1981), uno de los periodistas de cabecera de las cloacas del Estado y de figuras como el comisario Villarejo. Y es que el actual jefe de Investigación de El Confidencial, que cada semana ocupa horas y horas en las tertulias de radio y televisión, se ha especializado en publicar filtraciones interesadas que después se demuestran falsas en los juzgados. Su obsesión más evidente es disparar contra Podemos.

José María Olmo comenzó su trayectoria en el diario local de su ciudad, El Faro de Cartagena, y en el New Herald de Miami, un medio con vínculos con el Opus Dei y la exclusiva Universidad de Navarra, donde se licenció. En 2004 llegó a Madrid y se hizo un puesto en El Mundo, dirigido entonces por Pedro J. Ramírez, donde firmó informaciones sobre el mercado inmobiliario, entre otros asuntos. Pero pronto decidió especializarse en el llamado periodismo de investigación y se mudó a la sección de Nacional de La Gaceta, después absorbida por el Grupo Intereconomía. Allí permaneció seis años, y cuentan que fue en 2011-2012 cuando empezó a tejer contactos y alianzas con la cloaca policial del PP, con Jorge Fernandez Díaz –imputado en la trama Kitchen– como ministro del Interior. En esta etapa también ejerció de entrevistador en el programa ‘12 hombres sin vergüenza’.

Según varios de sus compañeros de profesión, los excomisarios Villarejo y García Castaño eran fuentes habituales de sus primeras piezas, y le otorgaron cierto protagonismo con exclusivas y filtraciones sobre ETA o el pequeño Nicolás. El joven Olmo no logró destacar como investigador por méritos propios, pero supo ganar notoriedad publicando filtraciones interesadas del círculo de Villarejo. A simple vista el negocio podría parecer redondo para ambas partes: Olmo empezó a lograr notoriedad y un hueco en las bien retribuidas tertulias televisivas gracias a sus titulares escabrosos, y las cloacas del Estado salían beneficiadas porque las piezas del periodista disparaban a sus adversarios.

En palabras del redactor jefe de un diario digital, "Villarejo siempre ha cuidado mucho la parte mediática de todos los chanchullos que ha protagonizado, incluso estando en la cárcel ha orquestado filtraciones que han acabado en portada de muchos periódicos”. “Para ello –añade–, se ha rodeado de una cohorte de redactores que, a cambio de tener acceso a muchos papeles de temas judiciales y policiales de máximo interés, estén dispuestos a maniobrar a su favor siempre que los necesite. Y Chema Olmo ha entrado en ese juego desde el primer momento”.

Desde el Grupo Intereconomía saltó a El Confidencial, donde se ha consolidado como una referencia del "periodista cloaquero". Este término coloquial se utiliza habitualmente entre los periodistas de Madrid para definir a los afines a Villarejo, Inda, etc. Supuestos informadores que no tienen reparos a la hora de publicar cualquier cosa con fines políticos ni escrúpulos para deformar la realidad hasta límites insospechados. En este mismo grupo podrían encuadrarse El Mundo (Esteban Urreiztieta), Vozpópuli (Tono Calleja) y Okdiario (Manuel Cerdán). De hecho, es frecuente que todos estos medios publiquen supuestas noticias con titulares calcados, el mismo día y a la misma hora, un indicador de su intencionalidad y su pertenencia a la pata mediática de las cloacas.

Los informes fabricados: PISA y la DEA

Uno de los objetivos habituales de José María Olmo son Podemos y sus dirigentes. La aparición del partido morado en 2014 y las expectativas electorales que generó (llegó a aparecer como primer partido en votos en una encuesta de El País) activó todos los resortes de las cloacas del Estado, en manos del PP, y se empezaron a fabricar pruebas falsas y documentos que pudieran sembrar la duda en la ciudadanía sobre la financiación del partido y en concreto de su líder, Pablo Iglesias, que empezaba a suponer una amenaza real al régimen bipartidista que se repartía el poder desde la Transición. Para lograr este objetivo, la “pata mediática" era fundamental, es decir: era necesaria la colaboración cómplice de una serie de periodistas que estuvieran dispuestos a disfrazar de noticias esas mentiras fabricadas y, por tanto, a traicionar las reglas  básicas del Periodismo.

A la vista de este recorrido, parece ser que uno de los escogidos fue José María Olmo, que no tuvo problema alguno en publicar a toda página dos de las ‘exclusivas’ más infames que esos días llenaron las portadas de los informativos y periódicos: el informe PISA (por las siglas de Pablo Iglesias Sociedad Anónima), sobre la falsa financiación ilegal de Podemos con fondos inyectados por Irán, y el todavía más esperpéntico, si cabe, informe de la agencia antidroga de EEUU (DEA), en el que, además de Irán, aparecía el gobierno de Venezuela como soporte financiador del partido. Sus informaciones, incluso, sirvieron de base para que se emprendieran acciones legales contra el partido. Al final, todas esas denuncias fueron rechazadas por los juzgados, pero parece que le dieron la oportunidad a Olmo de estrechar vínculos con fuentes del Ministerio del Interior y de los policías corruptos que supuestamente operaron a la orden de Fernandez Diaz y el Gobierno de Mariano Rajoy.

Pero quizá el caso más paradigmático de lo que Jose María Olmo puede llegar a hacer es el relacionado con el móvil de Dina Bousselham, antigua asistente de Pablo Iglesias a quien le robaron el teléfono en 2015. Una copia de ese terminal apareció en casa de Villarejo, otra acabó en la Policía política del PP y mucha de la información que contenía fue publicada por Olmo en El Confidencial, además de en otros medios como Okdiario. Un informe policial de mayo de 2019 vincula directamente tres noticias de Jose María Olmo con el material robado a Bousselham, lo que motivó que el juez requiriera a El Confidencial toda la información que pudiera provenir del teléfono.

Durante meses, Olmo ha tratado de desviar la atención del robo del móvil, la posible relación de Villarejo –que está imputado en la causa– y la publicación de noticias basadas en el material robado. Su estrategia ha sido intentar implicar y atacar a Pablo Iglesias. “El caso Dina es uno de los más escabrosos de la democracia”, llegó a afirmar en un encuentro digital con lectores de su diario. Hace diez días, en cambio, cuando la Audiencia Nacional corrigió al juez y le otorgó a Iglesias la condición de perjudicado en la pieza que investiga el robo del móvil, Olmo dejó que otros compañeros redactaran la noticia y optó por no hacerse eco de ella.

Algo similar ha hecho en el caso de las denuncias basadas en "rumores" de José Manuel Calvente, donde ha optado por relatar una versión adulterada de la realidad. Como siempre, para mover el foco de la atención mediática donde una vez más sale beneficiado Villarejo.

Su evidente sesgo, su conexión con la Policía política del PP y el hecho de que sus informaciones suelan derrumbarse en los tribunales no han sido un obstáculo para que Olmo siga disfrutando del favor de medios y espacios como la Cadena COPE, El Programa de Ana Rosa o Al Rojo Vivo (La Sexta), que le ceden minutos y minutos de directo en radio y televisión para que siga propagando sus informaciones.

Así, el círculo entre las cloacas policiales, periodistas y algunos medios de comunicación se estrecha cada vez más: personajes como Jose María Olmo da la impresión que dependen cada vez en mayor medida de las filtraciones interesadas, y los filtradores cada vez tienen mayor interés en promocionar a sus redactores de cabecera, provocando el desprestigio de la profesión y la desinformación de espectadores y lectores.

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