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Política

Julio Anguita, el hombre que se adelantó al 15M

Ya decía en la época de los 90 el discurso que veinte años más tarde se escucharía en la Puerta del Sol

Anguita entrevista
Julio Anguita. LUH

De no ser por las limitaciones que impone el estado de alarma por la crisis sanitaria del COVID19, Julio Anguita (Fuengirola, Málaga, 1941) hubiese tenido un entierro multitudinario en la ciudad en la que ha vivido toda su vida, de la que fue alcalde durante nueve años, la que llevaba en su corazón senequista, desapasionado y reflexivo y en la que le gustaba pasear sin prisas o sentarse en un velador de la Plaza de la Corredera, el centro del mundo para los cordobeses.

A pesar de su carácter huraño, enemigo de la política espectáculo y “comunista de orden”, como dicen de él en Córdoba, capaz de decirle que no le apetece firmar un autógrafo a dos jóvenes que lo acaban de escuchar atentamente durante dos horas en una charla. Cuesta trabajo encontrar en su ciudad, en la que cuando él tomó la vara de mando había barrios sin alumbrado público, sin alcantarillado, sin recogida diaria de basuras y barrios obreros de chabolas inmundas, alguien que no profese devoción por el político comunista y que no admita que ha sido el mejor alcalde que ha pasado por Capitulares, plaza donde está la sede del Ayuntamiento cordobés que él mismo mandó construir durante el primer mandato democrático con el objetivo de modernizar los servicios municipales.

El gran error político de Julio Anguita fue llegar demasiado pronto, decir lo que nadie quería escuchar, pensar que llevar razón es sinónimo de victoria. El que fuera el alcalde de Córdoba más votado de la historia democrática reciente, con 17 concejales comunistas en un pleno de 27, al que incluso admitían votar gente de derechas porque se fiaban de él, se le quedó pequeña la política local e incluso el Partido Comunista de España.

Nunca fue Anguita un líder político que viviera de la nostalgia y de la identidad, para él los partidos tenían utilidad en la medida que servían para cambiar la vida de la gente. En 1988 sustituyó al asturiano Gerardo Iglesias al frente de la secretaría general del PCE y desde ese lugar pilotó la operación, hasta entonces, más importante por conformar un espacio político que superara el Partido Comunista y aglutinara a los sectores descontentos y castigados con un PSOE de Felipe González asolado por la corrupción y que privatizaba empresas públicas y hacía reformas laborales como cualquier otro líder europeo de derechas.

Referéndum de la OTAN

Antes, en 1986, ensaya en su tierra esa confluencia amplia que supera las paredes del Partido Comunista y funda el espacio de confluencia Convocatoria por Andalucía, aglutinando a movimientos sociales, uniendo a todos los partidos a la izquierda del PSOE y a la masa social que había hecho campaña por el no a la entrada de España en la OTAN, en un histórico referéndum convertido en un plebiscito contra Felipe González, donde la derecha de Alianza Popular pidió la abstención y en el que la postura contraria obtuvo un meritorio 43,15% de apoyos frente al 59,42% de lo defendido por Felipe González.

Esta primera experiencia confluyente crea un movimiento político y social en Andalucía que consigue 19 diputados, el segundo mejor resultado hasta la fecha de la izquierda en la Cámara andaluza, 11 más de los que obtuvo la bancada comunista cuatro años antes, aunque fue incapaz de evitar una nueva mayoría absoluta del entonces todopoderoso PSOE andaluz, liderado por Rodríguez de la Borbolla, ideólogo del susanismo y ahora situado en las posiciones más conservadoras dentro del partido del puño y la rosa.

En 1989, fijándose en la experiencia andaluza, se funda Izquierda Unida, coalición de la que será coordinador general hasta el 2000 y con la que consigue obtener los mejores resultados electorales de la formación en 1996, 21 diputados y más de un 10% de votos, lo que sirvió para que el PSOE y sus medios de comunicación afines, con el Grupo Prisa a la cabeza, encendieran el ventilador contra el líder de izquierdas y lo acusara de hacer “la pinza” junto con el PP para impedir que gobernaran los socialistas.

Adversario de Felipe González

Julio Anguita ya decía en la época de los 90 el discurso que veinte años más tarde se escucharía en la Puerta del Sol en boca de los indignados. Se opuso firmemente, sin paños calientes, a la destrucción industrial que el PSOE llamó “reconversión” y que ha significado que España se convierta en un país de servicios de la periferia europea con sueldos bajos, alta precariedad, escaso valor añadido y muy dependiente del monocultivo del turismo y la construcción.

Fue también contrario a los procesos de privatizaciones de los sectores estratégicos, llevados a cabo primero por Felipe González y luego por José María Aznar, y advirtió de que el Tratado de Maastricht era la entrega de la democracia española a poderes económicos y financieros incontrolables por el poder político, anticipándose a la crisis europea de deuda de 2008 y al desastre social de la austeridad y los recortes al que se opone con fuerzas el 15M, del que Anguita fue un referente ético y moral.

Referente ético y moral del 15M

Con el 15M, ya jubilado, su figura vuelve a cobrar protagonismo y se convierte en referente de la generación que se politiza con la revolución de los indignados. “Todavía no son conscientes del todo el valor y del ejemplo de su acción; todavía no han caído en la cuenta de lo que apuntan, de lo que han empezado a entreabrir y orear. Tienen la ingenuidad y la imprudencia de todos aquellos que se han atrevido a decir que el rey está desnudo y que la farsa es eso, una farsa”, dijo el 20 de mayo de 2011 en un artículo de opinión, publicado en las cabeceras andaluzas del Grupo Joly, saludando con fervor las acampadas quincemayistas.

Su compromiso político seguía intacto, aunque sus únicas obligaciones ya fueran la de pasear, leer y llevar una vida tranquila . Confesó que a él le hubiese gustado conseguir lo que consiguió Pablo Iglesias, mirar de tú a tú al PSOE y abrir los candados de la Transición.

Su gran pecado

El gran pecado político de Julio Anguita fue nacer muy pronto, anticiparse a un tiempo político y parecer antipático por decir las verdades de un sistema que, dos décadas después de que él lo vaticinara, se abrió en canal y mostró todas las vergüenzas que él señalaba. Dice su amigo Pepe Larios, histórico militante ecologista con el que compartía mesa de velador en la Corredera, que durante la cuarentena le dio con más ahínco de lo debido a una bicicleta estática que se compró y con la que suplía los paseos diarios que antes se daba por el centro de Córdoba y la ribera del Guadalquivir, para después pararse con sus amigos a tomar algo en la Corredera, la plaza más bonita de España si estuviera en Madrid o en Sevilla.

En Córdoba, donde nació el filósofo Séneca, se practica el senequismo, el dominio de las pasiones que tan bien representó la vida política y personal de Julio Anguita y que, aunque no le valió para ganar las elecciones generales, al menos le ha valido para morir teniendo razón, que no deja de ser un epitafio triste de una carrera política brillante en un país lleno de necios. “Murió teniendo razón aunque nunca se la dieron”, podrá escribirse en su lápida del Cementerio de la Salud.

 

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