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Jürgen Klopp: el genio de izquierdas mal afeitado con gorra de béisbol

Jürgen Klopp (Sttugart, 1967) es un ex futbolista y entrenador alemán. Su fama internacional llegó de la mano de las victorias y el juego punzante del Borussia de Dortmund. También de su vistosa personalidad. Con el Liverpool ha alcanzado dos finales de la Champions y ha ganado una. Ahora, a falta de siete jornadas, se ha hecho con una Premier para el Liverpool por primera vez en treinta años. Se dice pronto.

Me da miedo escribir un perfil sobre un entrenador, Klopp, sobre el que ya se han dicho tantas cosas. “Con Klopp hacemos igual que con nuestro viaje del verano: siempre lo resumimos del mismo modo. Es como si no supiéramos admirar al alemán desde otro ángulo. Su simpática pose. Sus explosiones de júbilo. Su facilidad para poner un estadio en pie. Sus celebraciones sopapeando el aire. Su ascendencia sobre los jugadores, a los que mima, protege y finalmente alborota para que acaben rindiendo incluso por encima de sus posibilidades”, escribía hace dos años Marcel Beltrán en la revista Panenka. La Panenka es un medio tan bien hecho que puedes disfrutarlo tanto si te encanta el fútbol como si te la resbala. 

Jürgen Klopp (pero también Marcelo Bielsa, Michael Robinson o Pep Guardiola) son como la revista Panenka. Tan buenos en lo suyo que, además de marcar épocas y crear escuela, son capaces de trascender fuera del ecosistema del balompié.

Podríamos, pero no lo haremos, recrearnos, por eso, en el dominio apabullante del Liverpool de ‘The Normal One’, que es como se presentó el técnico en comparación directa y mordaz con el egocentrismo autoritario de José Mourinho. Podríamos, pero no lo haremos, hablar de que ha conquistado, a falta de siete jornadas, la primera Premier red en treinta años. Podríamos, pero no lo haremos, admirar su juego eléctrico, intensísimo, del que ya nos dejó sobradas muestras en el Borussia de Dortmund.

Vamos a fijarnos, más bien, en el Klopp que no solo es entrenador. Y para eso tenemos que remontarnos al año 2004. En ese momento era un desconocido para la mayoría de los mortales. Entrenaba al Mainz, equipo al que dirigió de 2001 a 2008. Era una entrevista para la revista Taz, un medio cooperativo que, como ha reconocido uno de los fundadores de El Salto, Pablo Elorduy, es una referencia para ellos. Allí Klopp declaró: “No me considero muy político, pero si me pregunta: claro que soy de izquierda. Evidentemente, más a la izquierda que al centro”. “Algo que nunca haría en mi vida sería votar por la derecha”, abundó, por si no había quedado claro.

Sin embargo, Klopp, que se sabe buscado por los focos y afectado por esa manía que tenemos los periodistas de pedirle peras al olmo, no quiere convertirse en un referente social. Preguntado por un tema que, por otra parte, le afectaba plenamente (la posible suspensión de la competición), no dudó en llamar a la reflexión. “Lo que no me gusta es que la opinión de un entrenador de fútbol sea relevante para un tema tan serio. Realmente no lo entiendo. Si yo te pregunto a ti (en referencia al periodista), estás exactamente en el mismo lugar que yo”. En resumen: zapatero a tus zapatos. 

El problema es que este tipo de declaraciones consiguen lo contrario de lo que pretenden. Generan respeto, interés y curiosidad extra futbolística por el tipo que las pronuncia. Contribuyen a agrandar su aura y, también, las ganas de que siga chapoteando en charcos que no le conciernen.

No es importante lo que diga la gente famosa. Tenemos que hablar de estas cosas de la manera adecuada, no gente que no sabe nada de eso como yo. La gente que sabe del coronavirus hablará de él, dirá a la gente lo que tiene que hacer y todo estará bien, o no. No entrenadores de fútbol, eso no lo entiendo. Política, coronavirus... ¿por qué me preguntáis a mi? Yo llevo una gorra de béisbol y voy mal afeitado”, se preguntaba.

¿Es revolucionario que en estos tiempos de tertulianos ‘sabelotodos’, de humanistas fakes y de bocachanclismo gratuito un entrenador pida que le pregunten solo sobre fútbol? ¿O lo es más que cruce las barreras de la corrección neutral y defienda que es de izquierdas y que nunca votaría a la derecha? ¿Son ambas cosas, en difícil equilibrio, compatibles? Es difícil responder. Seguramente, él preferiría no pronunciarse. Le dejaría ese debate a los sociólogos, a los filósofos, a los politólogos y a los periodistas que le preguntan.

Sin embargo, y aunque él lo deteste, no sobra nunca inquirirse por este alemán, que lleva una gorra de béisbol y va mal afeitado. “Soy muy poco de ídolos, soy muy poco de referentes, pero Jürgen Klopp creo que es el referente más grande que tengo en estos momentos por todo lo que hace tanto dentro del campo como fuera de él”, ha comentando, en un vídeo, el videoblogger Miguel Quintana. Klopp ha pedido que no le erijan una estatua. En esto se parece a otro JK, el cantautor Javier Krahe. Será que todo es vanidad

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