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La Arabia Saudita de Juan Carlos I, las mujeres saudíes y su “príncipe azul”

El admirado príncipe reprime brutalmente toda oposición y otorga libertades con una mano, mientras aprieta las riendas con la otra. Además, está íntimamente relacionado con Juan Carlos de Borbón

Arabia Saudita príncipe rey Juan Carlos
José Juan Pacheco Ramos

Toda España se pregunta cómo es Arabia Saudita, ese reino retrógrado capaz de corromper con 100 millones de euros a todo un Juan Carlos de Borbón, según las evidencias conocidas hasta hoy gracias a Corinna Larsen y a la justicia suiza.

Esta monarquía absoluta donde el rey concentra en su persona los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, que se rige estrictamente por la ley islámica de la Sharia y por el Corán, donde nunca ha habido elecciones y donde no existen los partidos políticos, ese aliado principal de los Estados Unidos y amigo íntimo de los Borbones.

El año pasado habían sido decretadas una serie de libertades para las mujeres, impensables hasta entonces. Ellas, que antes sólo podían salir a la calle vistiendo la ‘abaya’ o el ‘niqab’, largas túnicas que las cubrían completamente, con un ‘hijab’ ocultando sus cabellos e incluso con velo facial, ahora pueden ir de compras o a la oficina con los cabellos descubiertos. Por primera una cantante pudo dar un concierto y por primera vez mujeres pudieron asistir a un partido de fútbol en Jeddah. Ellas ahora pueden manejar autos y ya no necesitan permiso de su mentor masculino –esposo, padre, hermano o hijo– para viajar al extranjero.

La temible policía religiosa, los Mutawas, que controlaban que las mujeres siempre estuviesen vestidas según su rígida lectura del Corán, han perdido también mucho poder, y es notoria la incorporación de mujeres al mercado laboral.

El 'príncipe azul'

Impulsor de estos cambios es el joven y admirado príncipe heredero Mohammed bin Salman, más conocido por sus iniciales ‘MbS’, quien ejerce el poder real detrás del trono de su padre, el rey Salman bin Abdulaziz, enfermo de alzhéimer e íntimo "amigo" y "benefactor" de Juan Carlos de Borbón.

Su programa ‘Visión 2030’ apunta a diversificar la economía saudí a través de inversiones en sectores no petroleros, incluyendo la tecnología y el turismo. Arabia Saudita es un país joven, con el 40% de su población menor de 25 años, que a través de las redes sociales conocen y envidian la libertad de sus pares en otros países y a quienes se dirigen las medidas del joven MbS.

La economía ante todo

La explicación de tan repentina "bondad" hay que buscarla en la economía. Los ingresos del país disminuyen permanentemente debido a la caída de los precios del petróleo, pero la población crece continuamente, el gobierno no puede financiar programas de ayuda a la juventud actual –como lo hizo con las generaciones anteriores– y el desempleo juvenil alcanza un 25%. La apertura de la sociedad, los cines, los conciertos pop, las zonas de entretenimiento juvenil, en resumen todos estas concesiones, configuran la antigua receta del "panem et circences" para adormecer a la población y prevenir cualquier futura rebelión.

Represión

Sin embargo, este mismo admirado príncipe, Mohammed bin Salman, reprime brutalmente toda oposición y otorga libertades con una mano, mientras aprieta las riendas con la otra. Desde hace dos años, varias activistas por los derechos de las mujeres como Lujain al-Hathlul permanecen encarceladas injustamente con dudosas acusaciones, como denuncia Amnistía Internacional. Castigos bárbaros como decapitaciones y azotes públicos son el pan de cada día.

En Yemen está librando una guerra espantosa en la que diez mil civiles murieron bajo las bombas sauditas y tres millones de personas fueron expulsadas de su tierra natal, mientras siete millones de personas mueren de hambre y un millón enfermaron de cólera, bajo la benevolente mirada de Trump y el cómplice silencio de las Naciones Unidas.

Pero donde más se nota el verdadero carácter del "liberal" MbS es en el tema del periodista opositor Jamal Khashoggi, columnista del "The Washington Post", brutalmente asesinado el 2 de octubre de 2018 en el consulado saudí en Estambul. Sigue sin saberse lo que sucedió exactamente ni la identidad de los responsables, pero según informaciones filtradas por los servicios secretos turcos, Khashoggi fue decapitado, descuartizado y sus restos disueltos en ácido.

Cinco de los dieciocho imputados fueron condenados a muerte el junio pasado, pero MbS, señalado como el responsable de este crimen, no fue ni siquiera imputado, mientras los gobiernos occidentales cerraban hipócritamente los ojos para no poner en peligro sus ventas de armamento a Ryad.

Desde entonces, para la opinión pública internacional, MbS ya no significa el nombre del príncipe sino, más acorde con la realidad, "Mister Bone Saw" ("Señor Quebrantahuesos").

"Dime con quién andas y te diré quién eres" reza un conocido refrán español. ¿Nadie se lo dijo nunca al ciudadano Juan Carlos de Borbón?

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