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Opinión

La basura mediática y el retorno del pasado

“Gracias a ellos (los intelectuales), durante dos mil años la humanidad ha practicado el mal, pero ha honrado el bien”.  Julien Benda La traición de los intelectuales”

Cuando se habla de impasse nos referimos a “la situación en la que se encuentra un asunto o problema que no progresa, o al que no se le encuentra solución”. Es España quién parece no tenerla. Si fuese así, entonces debemos calificar así a la gestión del poder cuando transitamos una suspensión de la gestión efectiva de los grandes temas pendientes. Al mismo tiempo, las voces críticas se hallan bajo el fuego mediático y judicial del statu quo. Pareciera que el gobierno de coalición, al menos la parte neoliberal del mismo, se encuentra en un impasse. Al menos, según dicen, hasta el agotamiento del total de la legislatura. En el transcurso nos seguirán cociendo a fuego lento.

Esto no deja de sorprender, porque pese a la gravedad de muchas “situaciones” particulares de los ciudadanos españoles, estos aún no han recibido la satisfacción debida a consecuencia de las medidas pactadas en el acuerdo de gobierno. Al contrario, parece que están quedando en el camino las soluciones. Se crea impaciencia. Las organizaciones sociales se están rearmando.

En cualquier caso, la situación es dinámica. Para favorecer la comprensión, revisemos el término “situación”. Por tal, suele entenderse al “conjunto de circunstancias que rodean a alguien o algo y determinan su estado”. En este punto, y luego de los últimos indicadores de crecimiento económico y de la pobreza derivados de la pandemia, todo indica que se presentarán cotas inaceptables de desigualdad y merma en la calidad del desarrollo humano de la sociedad española. No obstante, los grandes grupos siguen beneficiándose, como el caso de la banca. Por tanto, podríamos afirmar que al menos hay tres “situaciones”, según quién las describa.

Una, la del gobierno de coalición. Todo está por hacerse según quién, dentro del consejo de ministros, haga el diagnóstico de la situación. Otra, la de una parte significativa del parlamento constituido, que no tiene ese diagnóstico, sólo busca la destrucción del gobierno. La tercera, es que, pese a este “impasse”, algunos aspectos del compromiso de coalición para ajustar las condiciones de vida, estas no se han alterado como se esperaba.

Los corruptos, corrompidos y corruptores, siguen campando a sus anchas. Los excluidos siguen incrementándose. La Justicia sin medios y sin interés especial, un sector importante, en combatir la corrupción. La Fiscalía General del Estado ni se la nota en su defensa del interés general. La UE se deshumaniza cada vez más, a pesar del fondo de reconstrucción. Es decir, el desconcierto cunde. El desgaste se alimenta de la impunidad de las tarifas de las energéticas y del enroque del Consejo General del Poder Judicial. También se observa la probable presión de una parte de la Justicia que no se siente en “impasse”. Tal vez debe de haber incurrido en el error de creer que este término significa “un compás de espera”, lo que induce a que se entienda que es una “detención temporal de un asunto”. España no puede admitir una “situación” de este tipo. La indolencia debe dejar paso a la gestión de los difíciles problemas por los que atravesamos. En concreto, a la renovación del Consejo General del Poder Judicial que no representa a la voluntad de la ciudadanía expresada en las urnas.

El escenario de la comunicación es pura basura. La opinión publicada ya no tiene a Pablo Iglesias como víctima propiciatoria para ocultar las institucionalizadas redes de corrupción. Paradójicamente Pedro Sánchez tampoco. En especial, con la presunta candidez, es ironía, demostrada por el presidente en materias referidas al oscuro pasado de España. Han venido a llegar desde la UE mensajes de reconvención acerca de la ola neofranquista que se expande. Me pregunto si Pedro Sánchez ha cedido al ala neoliberal del PSOE, la misma que lo derrocó, para que intente regresar al bipartidismo soñado por los cachorros del dictador. Eso no ocurrirá a pesar de los esfuerzos de los patrocinadores de Errejón.

En tanto, se suprime la continuidad del programa “Las Cosas Claras” en TVE, única alternativa informativa equidistante, gracias a la cómplice abstención de los consejeros socialistas en el medio público.

En cualquier caso, no habrá más un absolutismo parlamentario fruto de una mayoría. En definitiva, mejor que no la haya. Entonces, parece oportuna una frase de José Luis Rodríguez Jiménez, que resume de manera precisa la situación por la que atravesamos siempre que sí hubo mayoría:

“Cuando no hay adversarios no existe la competencia, pero aumenta la ineptitud y la indolencia.”

De eso, el PSOE sabe mucho. Creo que debería retomarse el rumbo inicial del “Pacto del Abrazo”. Porque el pasado se nos está acercando con los cuchillos afilados.

 

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