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Opinión

La bilis negra o la melancólica despesperación de los honestos

“La melancolía no es más que una recordación inconsciente.”

Gustave Flaubert

Los fraudes emocionales no son infrecuentes en estos parajes españoles. Se derivan de la persistencia que manifiestan los traidores en llevar a cabo su cometido. Muchos se preguntan si desde posiciones del más puro neoliberalismo es aceptable consentir que la absorción de Bankia, un gran banco que pudo ser referencia en el mercado de crédito productivo, suponga concentrar aún más las opciones para los usuarios. Crear el oligopolio bancario es atender a un control del mercado desde los intereses del cartel financiero. De libre mercado nada. De transparencia menos. Maquillan un fraude financiero. Recordar que la idea de “fraude” es un engaño económico con la intención de unos de conseguir un beneficio, y con el cual otros quedan perjudicados. Todavía está fresca la operación del Popular.

Por ello, la mentira es una práctica indispensable para los operadores. Actúan con la sumisa aceptación de sus consecuencias, en un escenario que hace propicia la reiteración de las artimañas.

El estado melancólico es un sentimiento qué se caracteriza por un estado de profunda tristeza. Se manifiesta en los individuos como desánimo, abatimiento y apatía ante lo cotidiano y ante la vida en general. Este sentimiento supone una tendencia hacia los pensamientos tristes y pesimistas, una permanente sensación de minusvalía y una fijación constante en las carencias propias, así como la pérdida del interés por asuntos afectivos con su entorno cercano y social.

Para los honestos, esto es creado por no estar satisfechos consigo mismos y por la vida que les ha tocado vivir. Es una insatisfacción con la vida, como consecuencia de frustrar la satisfacción de necesidades generalmente elevadas que no pueden resolver. Ver que España se libra de corruptos, por ejemplo. Si eso no termina de ocurrir, es así que la melancolía tenga implícita una no aceptación de nuestro presente y una propensión a restar importancia y valor a los logros de toda una vida.

La palabra melancolía, como tal, proviene del latín melancholĭa, y esta a su vez del griego μελαγχολία (melancholía), que significa ‘bilis negra’ o ‘atrabilis’. Esta denominación tiene origen en la teoría de los cuatro humores, concebida por los antiguos griegos para explicar el origen de las enfermedades y los cambios de temperamento en los individuos. Los individuos podían clasificarse como sanguíneos (la sangre), flemáticos (la flema), coléricos (bilis amarilla) y melancólicos (bilis negra). En este sentido, era la bilis negra la que, en las personas, provocaba el comportamiento triste, abatido y apático que caracteriza a los individuos melancólicos. Una metáfora apropiada de los efectos de la corrupción política, judicial y económica.

Los operadores se forman en los salones y despachos de los centros económicos que los contienen y adoptan. Disponen de recursos ilimitados. Estas gentes deben aceptar las reglas y asumir el pertenecer a grupos de los que formarán parte, pero que nunca dirigirán. Sólo se les permitirá ser útiles bien remunerados en cargos específicos. Siempre hay patriotas dispuestos para ocupar esos puestos y demostrar que será inútil lo que se intente. La honestidad no cuenta.

Desde esos centros económicos, con retoques filosóficos, se deciden los derroteros de millones de personas honestas. Personas que pudieron preguntarse, por ejemplo, desde la oscuridad de una residencia de mayores, pudiendo ser un confinamiento carísimo, las razones del abandono al que las condenaron. Posiblemente sus pensamientos volaron hacia atrás para preguntarse acerca de los motivos de ese confinamiento solitario y desatendido. Preguntas que les aceleraron el pulso y sofocaron su respiración a medida que iban comprendiendo que la honestidad debe ser reprimida. Eliminada. Que es poco aceptable en un entorno de corruptos. Que tal vez por eso su muerte no se visibilizó. El archivo de las demandas es un escándalo. Pero, en esencia, lo que más ofende es que tomen por imbécil a la gente honesta a la que le roban.

No se lo permitas.

 

 

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