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Política

La cloaca mediática: amarillismo, bulos, sensacionalismo y acoso a políticos progresistas y sus familiares

La última víctima de este pseudoperiodismo, que ha roto todos los límites de la intimidad y que usa métodos del matonismo, ha sido Fernando Simón

Zamora. Abril de 2019. El padre de Pablo Iglesias sale como cada mañana a hacer la compra en un supermercado por el centro de la capital zamorana. Un reportero, que ganó fama en el Telemadrid diseñado por Esperanza Aguirre -a razón de 1,2 millones de euros por 70 programas que no superaron el 3% de audiencia- asalta a Javier Iglesias en plena calle y le pregunta que si se arrepiente de haber sido terrorista en su juventud.

El padre de Pablo Iglesias se ve obligado a protegerse en un establecimiento, desde donde llama a la Policía para que venga a frenar el acoso ejercido por el pseudoperiodista que usa el matonismo para conseguir un vídeo que al día siguiente será viralizado entre las huestes ultraderechistas, a través de los medios de comunicación que participaron directa o indirectamente en las cloacas del Estado y que tienen como principal función diabolizar a Podemos a base de fake news, bulos y manipulaciones. El Español, la web creada por Pedro J. Ramírez con la millonaria indemnización tras su salida de El Mundo, colgó el vídeo editado con el objetivo de transmitir la idea de que el padre de Pablo Iglesias perteneció a una banda terrorista cuando era militante antifranquista durante la dictadura.

Abril de 2018. Pablo Iglesias e Irene Montero, embarazada de mellizos, aprovechan para salir a dar un paseo por el campo del municipio de Rivas Vaciamadrid, en compañía de sus tres perros. La web de Pedro J. Ramírez, que ha llegado a hacer guardia en la puerta de la vivienda donde viven Iglesias y Montero, sigue el paseo y hace fotografías de un espacio estrictamente personal. Al día siguiente, titular y apertura amarillista.

Más recientemente, en junio, el vocero de las cloacas, Eduardo Inda, quien recibió 500.000 euros en 2015 de un préstamo blando del Gobierno de Mariano Rajoy para fundar una web desde donde atacar a Podemos, publica un artículo de opinión con el siguiente titular: “Pablo Iglesias, eres un delincuente”. En él acusa al vicepresidente segundo del Gobierno de España de ser “el mayor defensor de los etarras y sus satélites”, de “intentar imponer una dictadura bananera” o incluso de alegrarse cuando “patean a un policía”.

De todos los medios de las cloacas, Okdiario de Eduaro Inda es, sin duda, el que se lleva la palma por contravenir el código deontológico de la profesión sin que las asociaciones de la prensa hayan alzado la voz una sola vez para salir en defensa del derecho a la información y de los periodistas que cumplen con el reglamento ético de la profesión.

Entre las páginas más negras de este periodismo de cloacas, cuyo interés no es prestar un servicio público sino ser un medio para el odio, están la publicación de las ecografías de los mellizos de Pablo Iglesias e Irene Montero, las fotografías en el entierro del padre de la ministra de Igualdad o la sátira, publicada por El Español este fin de semana, en la que aparece Iglesias con una pistola dentro de la boca.

Otras víctimas

El periodismo de cloacas se ha cebado con Irene Montero y Pablo Iglesias, pero no son las únicas víctimas. En un panfleto llamado ‘El Matinal’ se publicó un bulo, atribuido a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, con el siguiente titular: “O ponen en libertad a nuestros presos políticos o destrozaremos a España y los españoles”. También se llegó a publicar en otra web similar que Colau se había manifestado a favor del cierre de la planta de Nissan en Barcelona. Ambas publicaciones eran noticias falsas pero fueron difundidas como si fueran ciertas por los medios de las cloacas.

La exalcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, también ha sido víctima de muchas fake news por parte de los medios de las cloacas. La última, publicada incluso por ABC, acusó a la exprimera regidora de la capital de España de tener 400.000 euros en una sicav que no había publicado en su declaración de bienes como alcaldesa.  La fake new obligó a Carmena a salir a desmentir la noticia, aclarar que no tiene una sicav y que notificó hasta el último céntimo de dinero que tiene.

La última víctima de este periodismo de cloacas, que ha roto todos los límites de la intimidad y que usa métodos del matonismo contra los líderes progresistas, ha sido Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad y al que la ultraderecha ha diabolizado durante el estado de alarma, dentro de la estrategia extremista de convertir el Covid-19 en una oportunidad para derribar al Gobierno. Fernando Simón ha sido fotografiado en una playa del Algarve portugués haciendo surf, instantáneas que han sido usadas por los medios de las cloacas para acusarlo de abandonar sus funciones y negarle su derecho a vacaciones.

Infolibre ha publicado un extenso reportaje sobre el acoso que llevan sufriendo Pablo Iglesias e Irene Montero en su casa por militantes ultraderechistas desde hace dos meses.  Jueces, consultados por este periódico, confirman que este tipo de manifestaciones no son escraches porque los manifestantes no reclaman derechos, sino  que es un acoso organizado contra adversarios políticos. El escrache está amparado por la legislación española, porque son actos pacíficos y es una extensión de la libertad de expresión, no así el acoso.

Silencios interesados

Mientras Podemos y sus dirigentes son blanco de todos estos ataques mediáticos, es llamativo observar cómo hay graves tramas de corrupción y poder que se silencian o tergiversan en los grandes medios. Quizá el ejemplo más representativo de esta doble vara de medir sea el ‘Caso Villarejo’, la operación de la Audiencia Nacional que investiga los negocios privados del comisario ya retirado, el blanqueo de los fondos que recibía como contraprestación, y sus múltiples espionajes a políticos y empresarios por encargo de la Policía política del PP. En definitiva, presuntos delitos de organización criminal, blanqueo de capitales, cohecho, extorsión y un largo etcétera.

En el caso están imputados, además de Villarejo y sus socios, mandos policiales como Enrique García Castaño –excomisario principal y jefe de la Unidad Central de Apoyo Operativo de la Policía- o Eugenio Pino –antiguo número dos de la Policía-; el que fuera secretario de Estado de Seguridad con Rajoy, Francisco Martínez; empresarios como Francisco González, expresidente de BBVA; y personajes como Antonio Asenso, exjefe de seguridad de Iberdrola, además de otros policías, empresarios, abogados y detectives.

Sin embargo, los grandes medios han venido obviando esta trama y su vinculación con la autodenominada ‘policía patriótica’ del PP, el grupo de agentes que, siguiendo órdenes del Ministerio del Interior de la época de Rajoy, obstaculizaron la investigación de los escándalos de corrupción que afectaban al PP, persiguieron a adversarios políticos e inventaron pruebas falsas en su contra. El caso Villarejo también tiene lazos directos con los grandes medios de comunicación españoles: sin ir más lejos, entre los imputados está el marido de Ana Rosa Quintana, para el que la Fiscalía pide ocho años de cárcel por presuntamente contratar a Villarejo para extorsionar a un antiguo socio.

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