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Política

La derecha madrileña: pugna por el liderazgo en plena crisis del COVID-19

ayuso y ciudadanos

U.H.-"En lo que respecta a los consejeros sobre los que tengo decisión de nombramiento y cese, si tengo la certeza o seguridad de que ha habido negligencia, dejación de funciones, falta de interés, o errores evidentes, no tengo ningún problema (en pedir responsabilidades). Evidentemente hay que hacerlo”.

"No es momento de hablar de ceses. Hoy más que nunca, es momento de trabajar unidos. No es tiempo de reproches. Somos un único Gobierno y todos los consejeros merecen nuestro respeto. Es una deslealtad señalarnos unos a otros hablando de ceses".

Estas afirmaciones, pronunciadas respectivamente entre el domingo y el lunes de esta semana por la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, la primera y por dirigentes de Ciudadanos a la Agencias Europa Press la segunda, son un buen ejemplo del momento político que atraviesa la derecha madrileña en plena crisis del Covid-19.

Baste señalar que desde el inicio de la crisis los socios del Gobierno madrileño no han realizado ninguna comparecencia pública conjunta, para entender de lo que estamos hablando.

Así, mientras los medios de comunicación más afines a la derecha han pretendido divulgar una imagen de enfrentamiento y crisis en el seno del Gobierno de coalición, aprovechando para ello las lógicas diferencias surgidas a lo largo de estas semanas en los debates internos del ejecutivo estatal, la verdadera crisis ha explotado en el seno del Gobierno madrileño de Díaz Ayuso.

Después de que el 26 de Marzo Ayuso decidiera que la Consejería de Sanidad, en manos del PP, asumiera el control de las residencias de mayores de la Comunidad, apartando de su competencia al Área de Políticas Sociales, liderada por Alberto Reyero, de Ciudadanos, las hostilidades entre los socios del Gobierno se desataron hasta niveles que han acabado por evidenciar, cuando menos se necesita, la existencia de un ejecutivo totalmente partido en dos.

Uno de los episodios más graves, por inoportuno, de esta batalla interna, lo pudimos contemplar la semana pasada. Reyero criticó públicamente la gestión de Díaz Ayuso acusándola de que, pese a lo ya conocido al respecto, no se hubiesen medicalizado todavía las residencias. A estas palabras contestó el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, acusándole de "desconocimiento". Fueron la antesala del cruce de declaraciones, amenazas y acusaciones con el que hemos iniciado este texto.

Todo apunta a que, por incomprensible que pueda parecer, allí donde la mayoría de la sociedad está viviendo una dolorosa crisis, con unas cifras en las residencias madrileñas de 6444 personas fallecidas desde el inicio de la crisis, en los despachos de los principales partidos de la derecha madrileña hay quienes han visto la oportunidad perfecta para dirimir sus propias batallas políticas.

Cabe señalar aquí, por ejemplo, como Díaz Ayuso hizo desde un primer momento intento de posicionarse como una lideresa que copase no solo la gestión de sus responsabilidades en la Comunidad de Madrid, sino que abanderase al mismo tiempo la oposición de derechas, a nivel estatal, al ejecutivo español de PSOE y Unidas Podemos. Sus denuncias a supuestas trabas por parte de dicho ejecutivo para que las CCAA pudieran recibir material sanitario de urgencia, su desesperado intento de situarse a la cabeza de quienes traían al país tal material (con espectáculos tan bochornosos como el de los aviones comprados directamente a China que no terminaban nunca de llegar), sus reiterados usos de las Conferencias de Presidentes autonómicos para colocar grandes titulares en prensa, su permanente intento de confrontar directa y personalmente con el Presidente del Gobierno español, su campaña mediática y fotográfica permanente, dan buenas muestras de que su visión de esta crisis va mucho más allá de lo que se debería esperar de una presidenta de Comunidad Autónoma.

El 19 de Marzo, Ayuso enviaba una carta a Pedro Sánchez en la cual resaltaba la importancia de trabajar de forma coordinada entre administraciones. A una misma vez realizaba entrevistas en medios afines (EsRadio y COPE) acusando al Presidente de estar dificultando la llegada de material sanitario a la Comunidad de Madrid (y, por tanto, en general, de estar dificultando la acción necesaria para atender a las urgencias de la crisis en el conjunto de España). Ayuso afirmó entonces que en las últimas 48 horas no habían llegado mascarillas a la autonomía y acusaba al Gobierno español de bloquear estos envíos. Concluyendo con una afirmación demoledora que, de ser cierta, estaría suponiendo prácticamente un atentado del Gobierno contra la salud ciudadana: “Tienen retenido en las aduanas material de todo tipo”. El Ministerio de Sanidad se vio obligado a desmentir las acusaciones.

El 21 de Marzo, en cuarentena ya tras anunciar su positivo el lunes anterior, Ayuso no esperaba siquiera a que terminara la intervención de Pedro Sánchez desde Moncloa para volver a confrontar directamente con él a través de Twitter: "Sánchez no ha dicho ni propuesto absolutamente nada que no se esté haciendo en Madrid. Así que no acepto que la señale como la apestada en su mitin televisivo". El 9 de abril, a raíz de una de las comparecencias de Sánchez en el Congreso para debatir sobre el estado de alarma, la presidencia madrileña volvía a la carga, esta vez mediante un comunicado en el cual afirmaba que “es inadmisible que el presidente del Gobierno de todos los españoles ataque en sede parlamentaria a un Gobierno autonómico, como el de Madrid, en un momento de crisis sanitaria sin precedente”. El 12 de abril Ayuso aprovechaba la Conferencia de Presidentes autonómicos, a la que se incorporó dos horas tarde por tener que ir previamente a hacerse una foto al aeropuerto de Barajas, para situar de nuevo en la agenda mediática estas cuestiones: “¿En qué país del mundo, ante esta pandemia, su presidente ha eludido su responsabilidad atacando a sus Administraciones inferiores? No han respondido a mis cartas, mis peticiones de material, ni a las ayudas económicas que les hemos ido solicitando” (...) “Hubiera esperado una disculpa”. Ayuso ya había aprovechado previamente también la Conferencia de Presidentes del 28 de Marzo para cargar, acaparando titulares de toda la prensa afín, contra la gestión del Gobierno español en la recepción de material sanitario procedente de China.

Solo entre el 17 y el 27 de Marzo, según recogía el diario El País en una crónica sobre el comportamiento de la Presidenta, Díaz Ayuso protagonizó, desde su situación de confinamiento, al menos una docena de entrevistas; escribió 124 tuits; y envió dos cartas a Pedro Sánchez, resumiendo el principal argumento de todas sus intervenciones públicas: lo que le falla en Madrid es culpa del Gobierno central; lo que funciona es gracias a su labor.

En la mencionada crónica de El País ya se apuntaba entonces, en opinión de diferentes expertos, lo que ahora parece evidente: Ayuso estaba aprovechando la coyuntura de crisis para construirse un perfil de liderazgo que le permita salir reforzada, en su imagen y proyección pública, una vez haya pasado la situación actual. “Está asumiendo un papel a la vez de oposición y de liderazgo”, sugería Toni Aira, profesor del máster en Comunicación Política e institucional de la UPF-BSM. “Los actores políticos implicados en esta crisis son conscientes de la importancia que tendrá para su futuro la evaluación que los ciudadanos hagan de su gestión”, ampliaba Paloma Piqueiras, miembro del Comité Académico de la Asociación de comunicación política. Cierto para Ayuso, pero, ni mucho menos, según lo que estamos viendo en el conjunto de la derecha madrileña, solo para Ayuso.

Otro claro ejemplo de ello lo podemos encontrar en el intento del alcalde de Madrid, Martínez Almeida, por diferenciarse de la imagen que está trasladando el resto de su partido en la gestión de sus diferentes papeles en esta crisis. Desde el momento en el que alcalde apareció vestido de Rudy Giuliani para dar una rueda de prensa, el pasado 23 de Marzo, a las puertas del hospital de campaña montado en el IFEMA, Almeida dejó claro cuál iba a ser su papel en esta crisis. Almeida quería dejar de ser el desconocido alcalde que llegó al mando del Ayuntamiento madrileño casi por casualidad, para pasar a ser el “Alcalde de España”, esto es, un comprometido servidor público que antepone los intereses de la ciudad de Madrid y el cuidado de sus ciudadanos y ciudadanas, a cualquier otra consideración. Para ello Almeida ha tratado de evitar cualquier polémica con el Gobierno estatal, ha estado presente en los principales “puntos calientes” de la ciudad durante la crisis, ha acudido a diferentes barrios a ayudar en las tareas de apoyo ciudadano al combate contra la pandemia y ha tratado de tender puentes con la oposición para actuar con apariencia de responsabilidad compartida, proyectando una imagen casi antagónica a la protagonizada por Díaz Ayuso, Pablo Casado, y el resto de principales dirigentes del PP.

Y a juzgar por los resultados, parece que la estrategia le está siendo efectiva. El alcalde se ha ganado la simpatía incluso de buena parte de la izquierda del país. Empezando por Felipe González, que alabara públicamente su papel a una misma vez que atacaba la “inexperiencia” del Gobierno de coalición estatal, y terminando por los representantes de Más Madrid en el Ayuntamiento, además de la de su antecesora en el cargo, Manuela Carmena. Almeida, dicen, está siendo la sorpresa positiva de la derecha en estos momentos de incertidumbre.

Pero, ¿no parece acaso ser precisamente eso lo que el alcalde ha pretendido desde el primer momento?, ¿ser el nuevo Gallardón de la derecha madrileña para la izquierda progre española?, ¿ser la nueva Cristina Cifuentes, en lo que a esperanza blanca del PP se refiere, para la derecha moderada, harta de la crispación, el enfrentamiento político y los escándalos?, ¿ser el nuevo Feijoo, con acento de Madrid, como referente de una supuesta derecha responsable, justo en el momento en que el resto de representantes de la misma están embarcados en sus actitudes más insensatas e irresponsables?

El alcalde, no obstante, sigue trabajando en implementar su verdadera visión de la ciudad. Tal y como recoge el diario digital El Salto, la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid inició el pasado 26 de marzo una rebaja fiscal a los impuestos locales “con el objetivo de mitigar los efectos económicos negativos que se pueden producir en determinados sectores de la economía de la ciudad especialmente perjudicados por la pandemia de covid-19”, que deberá ser aprobada en el pleno de junio. Entre las actividades que se encuentran en el listado de empresas que se verán beneficiadas por esa nueva rebaja fiscal del PP madrileño, se incluye la agrupación de empresas de servicios recreativos y culturales, entre los que figuran las actividades de casinos de juego, juego de bingo y los salones recreativos. Una lacra que ha invadido los barrios populares de Madrid y que pone en riesgo la seguridad y la salud pública de tales barrios y sus habitantes. Porque, claro, para la derecha en lucha por el liderato, una cosa es ir a un barrio en un momento puntual a hacerse una foto trabajando con vecinos y vecinas en alguna actividad relacionada con la crisis del Covid-19, y otra muy distinta es hacer de verdad políticas que vayan contra los intereses económicos de determinadas empresas, a objeto de servir realmente a defender los intereses de los vecinos y vecinas de esos barrios.

Así, en definitiva, con Madrid a la cabeza de todas las cifras del estado en lo relativo a número de infectados y fallecidos, con la sanidad madrileña atravesando auténticos momentos de colapso generalizado, con la dolorosa explosión que estamos viviendo de las consecuencias vinculadas a la nefasta gestión realizada durante décadas por los sucesivos Gobiernos del PP de las residencias de mayores de la Comunidad, con la población responsablemente confinada en sus casas y los trabajadores y trabajadoras de los servicios esenciales poniendo el cuerpo, la derecha madrileña ha entrado en una batalla por la construcción de liderazgos y consolidación de proyectos personales y partidistas, que pretende dirimir con el contexto de la crisis del COVID-19 como decorado. Una batalla desde la cual cobrarán sentido las decisiones y actuaciones que vayan acometiendo. Sin importar realmente nada más que la batalla misma. Y para desgracia, claro, de la ciudadanía madrileña.

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