fbpx
Síguenos en

Búsqueda

LA ÚLTIMA HORA NOTICIAS

Inicio de sesión ¡Bienvenido/a de vuelta!

¿No tienes cuenta en LA ÚLTIMA HORA NOTICIAS? hazte socio/a ahora

Opinión

La gente, la puta gente y su naturaleza

"Que me den seis líneas escritas por la mano del hombre más honrado y hallaré en ellas algún motivo para ahorcarlo". (Cardenal Richelieu)

La gente Nega opinión

Cuando se levantó el confinamiento y tras visitar a mis padres en Paiporta, aproveché para quedar con un amigo y charlar, por supuesto la pandemia monopolizó la conversación. Me contaba mi amigo Ángel que uno de los primeros días de encierro había una cola enorme en la carnicería y que recordará siempre a la persona que había delante suya en esa cola del miedo: pidió 35 hamburguesas, 4 kilos de lomo, tres palés de embutido, etc. Mientras el pedido industrial del insolidario crecía, mi amigo sudaba pensando en que ese gilipollas iba a dejar a sus hijas sin carne. Pude haberle dicho que que les tendría que comprar legumbres y verduras pero no he llegado a ese punto (todavía). La anécdota terminó en un montón de lugares comunes propios de la misantropía más recalcitrante: es que la gente, joder cómo es la gente, la puta gente.

También durante lo más duro del confinamiento asistimos a la acumulación de papel higiénico de manera compulsiva (alguien tendrá que teorizar esa obsesión tan occidental de llegar al fin del mundo con el culete impoluto). Luego vinieron los policías de balcón (o gestapo de visillo) que se dedicaban a increpar a grito pelao a los «privilegiados» que tenían perro y podían salir o directamente insultaban a las madres de niños autistas durante sus paseos. Un comportamiento muy humano y demasiado habitual: si yo estoy jodido quiero que todos lo estén. Otra vez la gente, la puta gente.

Ahora durante la desescalada hemos visto que, pese a las recomendaciones de no salir si no es estrictamente necesario, las playas abarrotadas cerraban porque alcanzaban su aforo, infinidad de fiestas eran clausuradas por la policía e incluso nos hemos encontrado con bares que abrían para sus parroquianos en secreto y de manera clandestina al más puro estilo de la ley seca y una película de James Cagney. Por no hablar de botellones, pachangas de fútbol en el parque o manifestaciones magufas en contra del uso de la mascarilla y contra la vacuna. De nuevo la gente, la puta gente.

Lo has oído mil veces: «el hombre es un lobo para el hombre», «esto es una jungla» y mi favorita y la que nos atañe, «es que va en nuestra naturaleza». El egoísmo, el individualismo y el ponerse siempre el primero por encima de los demás, de alguna manera formaría parte de nuestro instinto y sería algo naturalmente innato a nuestra especie. Si hay guerras, hambre o injusticias en el mundo es porque, sencillamente, somos así. Cualquier antropólogo serio diría que es una memez como un castillo pero no importa, llevamos toda la vida escuchándolo. En realidad es propaganda para justificar el estado actual de las cosas y el orden económico y social que las sustenta: el capitalismo. De hecho lo natural ha sido siempre el argumento esgrimido por la derecha más reaccionaria para frenar avances y derechos: no es natural que dos personas del mismo sexo se besen o se casen, no es natural practicar un aborto, no es natural convivir sin estar casados. La grada incel critica la vestimenta de las mujeres porque van provocando y claro, no nos podemos contener porque va en nuestra naturaleza. Tampoco es natural que una persona cambie de sexo, etc. Los niños tienen penen y las niñas vagina, gritaba el autobús de la agrupación ultraderechista Hazte oír. Hablar de naturaleza cuando hablamos de animales es correcto: cuando una leona caza a una cebra y devora sus intestinos mientras la cebra sigue viva no lo hace por crueldad, lo hace por instinto. Carece de moral y hará lo que sea por sobrevivir y perpetuar a su especie. De hecho a veces la naturaleza nos resulta cruel porque la vemos con nuestros ojos: humanos y morales. Ahora bien, hablar de instinto y naturaleza en el ser humano es algo más complicado.

Tenemos laringe y las cuerdas vocales más desarrolladas del mundo animal, nacemos biológicamente preparados para poder hablar. Pero en la mayoría de los intentos que ha habido de introducir la capacidad del habla en la infinidad de niños salvajes (niños que han vivido en soledad durante un largo periodo o niños que sobrevivieron en un entorno hostil siendo cuidados por otras especies animales) con los que se ha intentado, han terminado en fracaso. ¿Por qué no consiguen hablar si están biológicamente diseñados para poder hacerlo? Porque no han socializado con los suyos, porque somos seres eminentemente sociales y culturales.

El 9 de octubre de 1920, dos niñas aterradas y sucias miraban espantadas a una multitud armada congregada entorno a ellas, siendo protegidas del gentío por una loba. La multitud, que suele embestir y no pensar, disparó contra la loba. Es el caso de Amala y Makala, las niñas lobo de la India, dos niñas criadas por una loba. Todo intento de socialización fue en vano, mordían y arañaban a las personas, gruñían, se arrancaban la ropa que les ponían, caminaban a cuatro patas y ambas niñas tendían a dormir durante el día y hacer vida nocturna. Era frecuente oírlas aullar durante la noche y parecían tener un olfato y visión nocturna algo más desarrolladas de lo normal. ¿Por qué no andaban sobre sus piernas como habían hecho sus ancestros durante miles de generaciones y estaban biológicamente creadas para tal fin? Porque no existe tal cosa llamada naturaleza humana. Porque, como dijo Simon de Beavour: «no se nace mujer, se llega a serlo». Y es absolutamente extrapolable a nuestra especie en su conjunto. Por la misma razón que, mientras un cervatillo se pone de pie nada más nacer, nosotros necesitamos cerca de 10 meses para lograr hacerlo.

Por todo ello, es lógico pero no natural que cuando llegue una crisis de estas características brote lo peor de nosotros mismos, no porque vaya en nuestra naturaleza o forme parte de algún instinto primario sino porque se nos ha socializado y educado en el individualismo y el egoísmo más atroz durante décadas y décadas. Un individualismo que parece haber permeado también a la izquierda: desde la asunción de las relaciones sentimentales como puras transacciones mercantiles a conceptos tan difusos como el ‘autocuidado’, que convierten en militancia a casi cualquier acción individual. Estoy en casa rascándome la barriga, estoy auto-cuidándome, ergo estoy militando. Y empoderándome. Y es como no mira, la militancia es otra cosa, es algo colectivo, se da intrínsecamente junto a otras personas. Y ver la tele tirada en el sofá no es feminista por muy feminista que tú lo seas. Ni tu paella del domingo es marxista por mucho que te hayas leído El Capital 500 veces. Apuntarse a yoga o al gimnasio tampoco es militancia por mucho que pienses que el orden social debe ser destruido hasta sus cimientos. Practica el yoísmo, anunciaba una conocida marca de cereales. En realidad es un síntoma de la derrota brutal en la que estamos inmersos: va todo tan deprisa y vivimos unos tiempos tan acelerados y delirantes que conseguir un poco de tiempo para uno mismo/a, es una victoria que hay que vender como militancia.

Y pese a todas esas chorradas neoliberales de corte malthusiano que fundamentan un sistema injusto, vimos cómo brotó la solidaridad por todas partes durante la crisis sanitaria: jóvenes voluntarios que bajaban a hacer la compra a sus vecinos más mayores, brigadas de vecinos que hacían colectas de alimentos para las familias más vulnerables del barrio, sanitarios que doblaban turnos o acudían al hospital en su día libre y médicos jubilados que se presentaban en las UCIS a ayudar en lo que fuera. Y sí, hasta el cansino de turno que se ponía a hacer chorradas en el balcón para animar (con mejores o peores resultados) a sus vecinos. De la misma forma que si lo natural y lo instintivo fuera comer carne no existirían los veganos, si lo natural fuera el egoísmo, no nos habríamos topado con todas estas muestras de solidaridad. Es algo maravilloso, casi un milagro que, tras décadas de individualismo salvaje fomentado desde todos los dispositivos, brote la solidaridad.

Arte y representación

 El debate naturaleza humana versus socialización/cultura es inevitable que salte a las manifestaciones y representaciones artísticas. ¿Qué versión debe representar el autor/a? ¿La realista-egoísta o la utópica transformadora? Dijo Mayakovski que El arte no es un espejo para reflejar el mundo, sino un martillo con el que darle forma. La frase, efectista y demoledora a partes iguales, tiene trampa. En muchas ocasiones basta con mostrar la realidad cruda para ejercer la denuncia, de hecho la invisibilidad es, en muchos conflictos e injusticias, el principal problema. Bajo la perspectiva del poeta ruso (y de gran parte de la izquierda), una película como Los olvidados de Buñuel sería reaccionaria por limitarse a mostrar una realidad tan dura y sin atisbo de esperanza alguna. Pero insisto, a veces basta con mostrar la realidad tal cual es (especialmente en un mundo tan mediatizado y corrupto) para remover las entrañas del espectador.

¿Es Yo, Daniel Blake de Ken Loach una película reaccionaria porque termina de forma trágica en lugar de terminar con los protagonistas organizando un sindicato de parias que logra tumbar el orden social y económico? ¿O la escena de la madre soltera devorando las latas en el comedor social puede ser más eficaz y remover más conciencias que un desfile de 100 banderas rojas?

En la muy recomendable película documental Disclousure (Netflix), se aborda la cuestión de la representación de las personas trans en el mundo del cine. Es interesante el caso de muchas películas: mientras que para algunas personas trans una película es maravillosa porque denuncia la crueldad con las que son tratadas las personas del colectivo (Boys don’t cry), otra persona trans critica la misma película porque no le gusta que la representación del colectivo siempre esté vinculada a la tragedia, la muerte, el conflicto, etc. Este ejemplo es paradigmático. ¿Debe el director/a mostrar la cruda realidad (como vehículo de denuncia) o debe transformar la realidad y evitar la tragedia y el conflicto y apostar por la normalización y el final feliz? ¿Sería realista una película con protagonistas trans sin conflicto, rechazo, drama, etc? ¿Queremos representaciones realistas o la realidad ya es demasiado cruda por sí misma? Bueno, yo creo que tiene que haber de todo y tiene que estar equilibrado, por un lado se debe denunciar el conflicto, el drama, la tragedia que sufre cualquier minoría o colectivo estigmatizado. Y por otro también, en ocasiones se debe huir de ello y normalizar, presentarlas –valga la redundancia–, en situaciones normales y con los finales felices palomiteros made in Holywood que tanto gustan a Pedro Vallín.

La función del arte puede –debe si se trata de una sociedad de clases–, ser la transformación de la sociedad. Para remover las conciencias e incidir en el imaginario colectivo el autor/a debe representar e imaginar mundos mejores, posibles y utópicos, abrazar nuestra mitad más solidaria y cooperativa, es absolutamente necesario que así sea. Pero a veces también, para remover las entrañas, basta con visibilizar determinados conflictos y poner encima de la mesa ese egoísmo que algunos venden como innato para que, sencillamente, el espectador diga: no quiero ser así. Y eso ya es una gran victoria.

La antropóloga Margaret Mead afirmó que el primer indicio de civilización fue el hallazgo de un fémur roto que se pudo curar. El motivo es obvio: un animal con un hueso roto no puede conseguir los alimentos necesarios ni agua, por lo cual hubiera muerto antes de sanar el hueso o en su defecto habría sido devorado por los depredadores. La existencia de un hueso curado significa que un semejante tuvo que esperarle, proveerle de alimento, de agua, cobijo, protegerle frente a los depredadores hasta que sanara. En otras palabras, aquello que nos hace humanos es la cooperación. Somos naturalmente sociales y culturales. Todo lo demás es propaganda de gente muy rica para no regular el precio de los alquileres.

Comparte esta noticia

QUEREMOS SER UN DIARIO DIGITAL SIN INGRESOS POR PUBLICIDAD.

Las noticias que lees cada día en los medios no son gratis, alguien las paga.

En LA ÚLTIMA HORA! queremos ser independientes, solo queremos depender de ti.

HAZTE SOCIO AHORA

Click para comentar

Queremos garantizar que los debates y comentarios que se generen en nuestras noticias sean de la calidad que cada una de vosotras y vosotros merece. Por ello, tan solo nuestras socias y socios tienen la posibilidad de interactuar de esta forma, ÚNETE AQUÍ y colabora con la información que no rinde tributo a intereses privados ni poderes económicos.

Si tan solo quieres leer los comentarios,
PUEDES REGISTRARTE COMO USUARIO/A

QUEREMOS SER UN DIARIO DIGITAL SIN INGRESOS POR PUBLICIDAD.

Las noticias que lees cada día en los medios no son gratis, alguien las paga.

En LA ÚLTIMA HORA! queremos ser independientes, solo queremos depender de ti.

HAZTE SOCIO AHORA