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Opinión

La habitual mendacidad de la ultraderecha heredera

“En una época de engaño universal decir la verdad es un acto revolucionario.”

George Orwell

La RAE define a la mendacidad como: “hábito o costumbre de mentir”. Casi nada puede añadirse a semejante contundencia. En psiquiatría se considera que, en la mentira patológica, el sujeto cree firmemente en ella y no tiene el carácter efímero de las confabulaciones. A los mendaces no les importan las ganancias materiales sino el papel en sí mismo. Son propias de los seudólogos fantásticos o personalidades mitómanas. Creen el papel que representan, aunque reconozcan a sí mismos que mienten. Recordemos las declaraciones de algún ministro enfrentado a los hechos.

A la oposición política, económica y filosófica, se le acaba el tiempo disponible para deponer al gobierno. Aunque la presión sea colosal. Desde todos los ámbitos se presiona para obstaculizar la gestión del gobierno. Inclusive desde algunas posiciones del propio gobierno. Cualquiera podría preguntarse cosas. Como que la Reforma Laboral no se deroga. La Ley Mordaza se mantenga. La edad jubilatoria se extiende. La discrecionalidad fiscal se mantiene. La opacidad de las contrataciones de armamentos continúa. Y se demora el pago de las ayudas por la crisis sanitaria.

Quizá por ello persista la mendacidad intelectual de la ultraderecha, más la ultra ultraderecha. Y algunos recursos que el poder económico tiene en el propio gobierno. Todo vale. Hasta la pasividad judicial frente a posibles delitos cometidos por miembros de la corona. Máxime si se compara con el entusiasmo advertido cuando de otros ciudadanos, en especial progresistas, se trate. Paradojas de la Transición. Las prácticas “del derecho al botín de guerra”. La historia que ocultó el genocidio franquista aún se puede escuchar, en villas y pueblos, en las conversaciones junto a los fogones del relato de los mayores. Los paseíllos. También en la falta de valor en levantar el veto a la publicación de los documentos del régimen producidos desde 1936 en adelante. Es una muestra de la mendacidad que las instituciones siguen manteniendo, probablemente intimidadas por el poder heredero. La devolución del Pazo de Meirás al Patrimonio Nacional, pese a haberse producido, está aún pendiente de posible recurso. Cabe considerar que, con la composición del Tribunal Supremo actual, su tramitación produzca alarma.

Es así que el Estado español recupera la propiedad del Pazo de Meirás. Esta casa señorial situada en el término municipal de Sada, en A Coruña, en 1941 se convirtió en una de las residencias del dictador Francisco Franco. Sus descendientes han decidido entregar el inmueble al Estado, pero de forma provisional y a la espera de que se resuelva el recurso que presentaron contra la sentencia que les obliga a devolver la propiedad al patrimonio público. Inquietante.

No en vano se han venido silenciando los desmanes económicos cometidos desde 1936 en adelante. Desde entonces se han empeñado en construir una realidad alternativa convenientemente diseñada para consolidar creencias erróneas. Por ejemplo, la del derecho a la apropiación de bienes de los discrepantes con los vencedores. En buena medida bajo el amparo de una concesión divina que aún hoy parece proseguir. Forma parte de un relato que contiene una visión de la vida profundamente patriarcal y, en esencia, violenta. Estos días, el Supremo absuelve de maltrato a un hombre porque “solo” pegó, vejó y amenazó a su pareja cuando iba bebido. Créase o no, esto es España 2020.

En ese contexto se observa la permisiva consideración que recibe el delito fiscal que hubiese correspondido al ex jede del Estado Juan Carlos. Así, por el caso de las tarjetas, queda exonerado. Parecen decirnos que, junto a este asunto, podremos dar posible cobertura a la corrupción en todas sus formas siempre y cuando proceda de los herederos del franquismo. Es lícito preguntarse si esa consideración abarca a las amenazas verbalizadas por sectores civicomilitares, con el amparo de púlpitos deseosos de apoyar cruzadas patrióticas. Los actuales silencios de las instituciones afectadas son constancia de ello.

Las portadas de la opinión publicada son prueba absoluta de que la construcción de los mensajes supone la creación de realidades alternativas. Por ello es tan importante llamar a las conciencias libres a que no se dejen engañar por la mendacidad que predomina.

Protégete de los mendaces. No son ejemplares.

 

 

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