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La historia de Rodolfo Moreno, muerto a los 21 años en un cuartel de Valladolid

Convencido de que su hermano “se enteró de algo” sobre el 23-F y de que su muerte, hace 39 años, está relacionada con ello, Raúl detalla los últimos días de Rodolfo con la esperanza de encontrar a alguien que coincidiera con él en su servicio militar obligatorio y pueda “hablar sin miedo”

La historia de Rodolfo Moreno, muerto a los 21 años en un cuartel de Valladolid
Rodolfo Moreno

Miembro de una familia “humilde” y capaz de valorar “lo más mínimo”, el Día de Reyes era uno de los más felices del calendario para Raúl Moreno y sus cinco hermanos, pero hace ya 39 años que el 6 de enero dejó de ser una jornada de alegría para él y su familia, y es que Raúl perdió a Rodolfo, su hermano y padrino, la víspera del Día de Reyes de 1982. Treinta y nueve años después, Raúl ha decidido contar todo lo que rodeó la muerte de su hermano Rodolfo y lo ha hecho este miércoles en su perfil de Twitter, a través de un hilo que se ha vuelto viral.

Un año antes de su muerte –en las Navidades de 1980/81–, Rodolfo posaba, sonriente y lleno de ilusión, brindando junto a sus padres y hermanos en una foto que su hermano Raúl ha compartido en la red social. Rodolfo acababa de terminar Maestría Industrial en la rama de Electricidad, tenía varias ofertas de trabajo y planeaba casarse con su novia, pero antes habría de realizar el servicio militar obligatorio, y le tocó hacerlo en Valladolid.

Apenas dos meses después de aquellas Navidades de 1980/81 –en febrero de 1981–, se produjo el intento de golpe de Estado del 23-F, un episodio que cuatro décadas después sigue rodeado de sombras y que, según Raúl, marcó el principio del fin de la vida de Rodolfo.

Diez meses después del 23-F –en diciembre de 1981–, Rodolfo volvió a Madrid de permiso para pasar la Nochebuena con su familia, pero lo hizo “asustadísimo, más bien aterrorizado”, rememora cuatro décadas después Raúl, que recuerda también a sus padres y a su abuelo pidiendo a Rodolfo que por favor les contara qué estaba pasando y a su hermano respondiendo que no podía contarles nada. No obstante, también le escuchó decirles, antes de volver al cuartel, “por favor, haced algo cuanto antes; me van a meter en el calabozo”.

Raúl recuerda que su padre había sido, durante su servicio militar obligatorio, asistente de un general de División “muy importante” cuya hermana, “una mujer excepcional”, era asistente social en Cáritas, y a ella recurrieron sus padres para ver si podía hacer algo.

El 2 de enero de 1982, la madre de Rodolfo llama por teléfono al cuartel y logra hablar con su hijo, que “sigue nervioso” y vuelve a pedir ayuda a su familia. Dos días después –tras las “gestiones” de la hermana del general de División–, la madre de Rodolfo vuelve a llamar al cuartel, pero esta vez no consigue hablar con su hijo. Y es que una llamada anterior –la del general de División– no había sentado “bien” en el acuartelamiento, recuerda Raúl. Al día siguiente, es el propio Raúl quien coge el teléfono de su casa a las siete de la mañana:

–¿Es la casa de Rodolfo Moreno?
Sí, es aquí–, respondió Raúl, que cree que el comunicante no se dio cuenta de que la voz que acababa de contestarle era la de un niño.
–Llamamos para comunicarles que ha tenido un accidente.

En ese momento, su madre le arrebata el teléfono y lo siguiente que recuerda Raúl es “el grito más desgarrador” que ha escuchado en su vida.

Un Star Z-70

Aquel mismo 5 de enero, los padres de Rodolfo salen para Valladolid y cuando llegan al cuartel reciben la noticia de que su hijo está muerto tras haber sido tiroteado por un Star Z-70, el entonces subfusil reglamentario del Ejército español. Primero no les dejan ver el cadáver –sólo lograrán hacerlo tras las interminables súplicas de la madre–, que reposa en una camilla, amortajado con el uniforme de soldado del Ejército de Tierra. Después no les dejan ni tocarlo.

El 6 de enero –Día de Reyes–, el cadáver de Rodolfo es introducido en un ataúd “de plomo, sellado y envuelto en la bandera de España” que será escoltado por militares desde el cuartel de Valladolid hasta el madrileño Cementerio de la Almudena “para que a nadie se le ocurriera hacerle una segunda autopsia”, recuerda Raúl. El Estado paga la tumba y el entierro, y “esa fue la tasación de la vida de mi hermano”, añade. Después, los padres de Rodolfo –que tenía sólo 21 años de edad cuando murió– cogen la agenda de su hijo e intentan llamar por teléfono a cada uno de los amigos que Rodolfo había hecho en el cuartel, pero todos ellos les responden, “asustados”, lo mismo. Nadie sabe nada.

Cuarenta años después de aquellos hechos, Raúl sigue convencido de que la muerte de su hermano estuvo relacionada con el 23-F, pues de su cuartel de destino salieron varios de los oficiales “implicados” en el intento de golpe de Estado. Y sigue convencido de que su hermano “se enteró de algo”, de que “lo amenazaron con dañar a su familia” si lo contaba –de ahí su silencio durante la Nochebuena de 1981– y de que la llamada del general de División no sólo “no ayudó” sino que “precipitó su asesinato”.

El hermano mayor de Rodolfo y Raúl escribió cartas al entonces presidente del Gobierno español, Leopoldo Calvo-Sotelo, e incluso al entonces periodista del diario ‘El País’ Miguel Ángel Aguilar, pero ambos le respondieron que todo era “muy delicado” y que era “mejor” que la familia no lo removiera.

Raúl ha contado este miércoles en Twitter los últimos días de la vida de Rodolfo con la esperanza de encontrar a alguien que estuviera en su mismo cuartel por las mismas fechas y cuatro décadas después por fin pueda “hablar sin miedo”. Para facilitarlo, ha aportado los datos correspondientes al servicio militar obligatorio de su hermano:

RODOLFO MORENO RODRÍGUEZ
Destino: Regimiento Acorazado de Caballería El Farnesio Nº 12 (Valladolid)
R/ 80- 5° Lltº.
(1/9/1981-5/1/1982)

Aunque posteriormente lo negó, el teniente general Ángel Campano, capitán general de la VII Región Militar –con cabecera en Valladolid–, se mostró dubitativo ante el intento de golpe de Estado del 23-F; tanto, que diversos medios de comunicación publicaron entonces y diversos historiadores siguen manteniendo ahora que durante su largo silencio oficial intentó apoyarlo pero no pudo hacerlo, debido a la oposición de algunos de sus subordinados. Y es que todo apunta a que en Valladolid, aunque no sólo en Valladolid, pasaron cosas que aún no han sido del todo aclaradas.

El regimiento al que Rodolfo Moreno fue destinado para realizar el servicio militar obligatorio es uno de los del Arma de Caballería, considerada una de las más conservadoras del Ejército español y cuya academia es uno de los símbolos de Valladolid, donde sigue teniendo su sede.

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