fbpx
Síguenos en

Búsqueda

LA ÚLTIMA HORA NOTICIAS

Inicio de sesión ¡Bienvenido/a de vuelta!

¿No tienes cuenta en LA ÚLTIMA HORA NOTICIAS? hazte socio/a ahora

Opinión

La ideologización de la salud

La ideologización de la salud

“De esta saldremos mejores”, decían. Especialmente se repetía mucho en los inicios de la pandemia en España, cuando para los más optimistas el confinamiento podía convertirse en una especie de campamento familiar en el que los distintos miembros de la familia gozarían del tiempo necesario para llevar a cabo esos pequeños proyectos que durante tanto tiempo se habían venido postergando: pintar un cuadro, hacer ejercicio en casa o elaborar pan casero. Y por la tarde, todos a aplaudir a los balcones. Las personas normales ni siquiera reprochábamos a nuestros vecinos su maldita afición por hacer sonar el “Resistiré” cada día. Parecía que los españoles estábamos unidos en esto y que nada rompería esta unión.

Con el paso de las semanas fuimos tomando consciencia de que esto iba para largo, y lo que anteriormente veíamos como una ventana de oportunidades ahora pasaba a convertirse en aburrimiento, ansiedad y frustración. El sistema sanitario se encontraba cada vez más desbordado y las residencias de ancianos se convertían en el epicentro de la crítica hacia la gestión política. Los medios de comunicación, en general, habían adoptado inicialmente un rol bastante discreto, centrándose en informar y apartando la batalla política a un lado. Poco a poco fueron tomando posición y volviendo a su actividad política habitual. Vicente Vallés se convirtió en referente de la ultraderecha, El Mundo volvió a recordar al diario que acusó a ETA del 11M para favorecer al PP y un tertuliano de Antena 3 y Telecinco creó un canal en YouTube para difundir bulos contra el Gobierno y acosar a personas de izquierdas y extranjeras. Paralelamente, algunos españoles comenzaron a sacar la cacerola para protestar contra el Gobierno, y otros comenzaron a salir a la calle a manifestarse con el mismo objetivo, saltándose las medidas de prevención contra el virus y poniendo en riesgo sus vidas y las de quienes les rodeaban. A nivel económico se empezaban a notar en muchas familias las consecuencias del virus, especialmente, y como suele ser habitual en toda crisis, en aquellas con un estatus socioeconómico más bajo. Sin embargo, las protestas mencionadas anteriormente se llevaron a cabo principalmente en barrios acomodados y fueron enaltecidas únicamente por organizaciones de derechas.

Al son de las protestas, comenzó a extenderse entre gran parte de la población afín a estas organizaciones el mensaje de que vivimos en una dictadura, que el virus no existe o no es tan malo como nos cuentan y que el Gobierno está hundiendo la economía con las medidas de prevención contra la COVID-19. Tres pilares para un argumentario cuyo objetivo final no es el de tener más libertad ni el de mejorar la situación económica del país, sino el de derrocar al Gobierno mediante la oposición a cualquier tipo de medida que éste tome: si el Gobierno decreta confinamiento, protestas “porque nos roba la libertad y destroza la economía”; si el Gobierno da más libertad, protestas “porque está matando a mucha gente y no se responsabiliza”. Y qué mejor forma para mostrar esa oposición a la “dictadura socialcomunista” que acudir a una corrida de toros, a un concierto de Taburete o a una fiesta privada. Y la mascarilla, siempre que se pueda, bajada, para mostrar bien esa oposición y esa rebeldía.

Así ha evolucionado la sociedad en este periodo de pandemia, encontrándonos actualmente en un estado de polarización en el que se ha politizado todo lo relacionado con la COVID-19 y en el que hay quienes consideran un acto político el ponerse o no una mascarilla o una vacuna, o el respetar o no un confinamiento. Por supuesto, los comportamientos incívicos e irresponsables no son patrimonio exclusivo de la derecha –imbéciles hay en todos lados–, pero es muy triste –y problemático– que una gran parte de la población encare estos asuntos desde el frentismo, sin entender que la batalla más importante que tenemos en este momento no es ideológica, sino sanitaria, y que las muestras de oposición basadas en el incumplimiento de normas no dañan al Gobierno, sino a la sociedad. Porque el virus no entiende de ideologías, y después de la muerte ya no hay Gobierno al que criticar, ni economía que salvar, ni seres queridos a los que abrazar. Sin salud no hay nada.

Comparte esta noticia

TE NECESITAMOS PARA SEGUIR CONTANDO LO QUE OTROS NO CUENTAN

Si piensas que hace falta un diario como este, ayúdanos a seguir.

HAZTE SOCIO por 5 euros al mes

Click para comentar

Queremos garantizar que los debates y comentarios que se generen en nuestras noticias sean de la calidad que cada una de vosotras y vosotros merece. Por ello, tan solo nuestras socias y socios tienen la posibilidad de interactuar de esta forma, ÚNETE AQUÍ y colabora con la información que no rinde tributo a intereses privados ni poderes económicos.

Si tan solo quieres leer los comentarios,
PUEDES REGISTRARTE COMO USUARIO/A

TE NECESITAMOS PARA SEGUIR CONTANDO LO QUE OTROS NO CUENTAN

Si piensas que hace falta un diario como este, ayúdanos a seguir.

HAZTE SOCIO por 5 euros al mes