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Entrevista

La limpieza étnica en Myanmar ante el silencio internacional

Los trabajadores solidarios se han convertido en una herramienta vital para la supervivencia de los desplazados por el conflicto, personas que ponen en riesgo sus vidas a diario para que los afectados puedan sobrevivir

La limpieza étnica en Myanmar ante el silencio internacional

Aunque el pueblo rohingya es el más conocido, sigue habiendo otras etnias que también se están viendo obligadas a desplazarse, tales como los Karen, al este de Myanmar. Un grupo étnico que según afirma la red de apoyo a la paz Karen Peace Support Network, cuenta con al menos 8.000 miembros refugiados junto al río, esperando el momento oportuno para cruzarlo y huir a Tailandia. Sin embargo, tampoco es seguro que los militares tailandeses de la frontera acepten su entrada. Este es el pueblo con el que Carlos Jalón, colaborador humanitario español, está más familiarizado por su proximidad geográfica.

Se calcula que desde la represión militar de 2017 han huido más de un millón de personas, más de la mitad niños y niñas y han muerto más de 25.000 personas, llevando a la ONU a referirse al conflicto como “genocidio”. Cox Bazar se ha convertido en el mayor campo de refugiados del mundo.

Carlos vive en Chiang Mai desde el 2009, a unos 20 kilómetros de la frontera con Myanmar. Desde que llegó se involucró en proyectos sociales tanto en Tailandia, donde residen la mayoría de etnias minoritarias, como en Myanmar, en poblados de desplazados. Ahora están involucrados en el proceso de creación de una ONG llamada Eurasia Friends, ya que hasta el momento todos los proyectos han sido iniciativa de un grupo de amigos. En cuanto la organización esté operativa, financiarse será mucho más sencillo y podrán tener socios y recibir donaciones de terceras personas y empresas.

La limpieza étnica en Myanmar ante el silencio internacional

Hasta ahora las actividades que hacían las financiaban entre amigos, compañeros y familiares.  “Tuvimos un proyecto en el dimos casi 17.000 sets de comida, aunque hubo que cancelar porque con la escasa logística que teníamos resultó imposible mantenerlo a base de esfuerzo humano”.

La manera en la que colaboran es llevando alimentos, medicinas y algunos materiales para asegurar su supervivencia a los karen que huyen del ejército birmano y que están en la frontera con Tailandia, donde un río hace de frontera natural entre los dos países. Además, comenta que Tailandia no lo pone fácil y sólo admiten ayuda de organizaciones locales, “en el lado birmano están luchando el ejército birmano y guerrillas de diferentes etnias así que  cruzar el río implica poner en riesgo las vidas de las personas que van en los pequeños barcos”.  

En cuanto a una solución futura a la limpieza étnica que están viviendo en Myanmar, el colaborador humanitario no tiene una visión optimista de esta realidad: “es un conflicto crónico en el que la violencia oscila por etapas. Está enquistado”. 

Y si ponemos el foco en la situación de los refugiados karen, nos encontramos extremadamente lejos de que se encuentre una solución próxima: “Antes del golpe de estado de  febrero de este año su situación ya era dramática. Familias enteras viviendo sin nada y en mitad  de la nada. Los visitamos por última vez en enero de 2020 y ya entonces decimos echarles una mano. Cuando el golpe de estado se resuelva, habrá muchas miles de personas más en una situación dramática”. 

La limpieza étnica en Myanmar ante el silencio internacional

Nos encontramos ante un genocidio en pleno siglo XXI, y como ya han señalado varios periodistas: “corre el riesgo de convertirse en un conflicto generalizado, como en Siria”. El Premio Nobel de la Paz Desmond Tutu calificó el caso como “un genocidio a cámara lenta” y mientras tanto, pesa la visión de una comunidad internacional que se mantiene en silencio. Para Carlos, la razón de este olvido y abandono internacional se debe a que: “ni los vemos ni los sentimos cercanos, su dolor no resulta molesto a ningún país del primer mundo y tampoco tienen lazos históricos con estos países del primer mundo”.

Sobre cómo podemos nosotros ayudar con los medios que tenemos y aportar visibilidad al conflicto, Carlos afirma: “Informar de lo  que ocurre, no solo en Myanmar, sino en el mundo. Desplazados y refugiados hay en muchos  sitios y no se les presta mucha atención más allá de momentos puntuales. La segunda es  difundir lo que hacemos las ONG y las personas que trabajamos sobre el terreno. Más difusión nos permitiría obtener más financiación”.

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