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Economía

La pandemia del teletrabajo

Teletrabajo es el nuevo palabro neoliberal para seguir aumentando sus ganancias

Raúl Solís.- El COVID-19 ha metido la actividad laboral en la casa de un 34% de los trabajadores y trabajadoras españolas, según un estudio publicado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, sobre todo aquellos que trabajan en el sector servicios, muy por encima del 5% que antes de la pandemia ejercían su tarea laboral desde los hogares.

El teletrabajo, vendido como un favor a los trabajadores, en realidad es un gran favor a las empresas. Un trabajador telemático no crea vínculos con el resto de compañeros, en lugar de tener jefes tiene autoexigencias, los cuadrantes laborales desaparecen y, como por arte de magia, aparecen las jornadas interminables que se comen la separación de las ocho horas para trabajar, las ocho para estar con la familia, amigos y conciliar y las ocho restantes para dormir.

Desde el punto de vista de los derechos laborales, el teletrabajo disocia también a los trabajadores de sus derechos y le niega la posibilidad de establecer lazos afectivos y de camaradería con el resto de la oficina. Por si fuera poco, el teletrabajador no tiene la capacidad de reclamar casi nada porque no existe una legislación sobre el trabajo desde casa que acote los deberes y obligaciones tanto de los empleados como de los empleadores. Un teletrabajador tiene ansiedad en lugar de conflictos laborales y se tiene que buscar un psicólogo ante la desaparición de la sindicalización.

Millones de trabajadores solos, aislados en sus casas, fáciles de deslocalizar y de convertir en falsos autónomos, que mezclan vida privada y laboral con una naturalidad pasmosa, donde la cuchara para remover el potaje del día se confunde con el teclado del ordenador y en el que tú te pagas la conexión a Internet, la luz, el agua, el mobiliario de la oficina, los elementos de protección de la salud, el alquiler de la oficina y hasta las terapias con el psicólogo cuando petas porque toda tu casa, tu familia y tu vida se han convertido en un universo único de obligaciones laborales.

Teletrabajar es el nuevo palabro que el neoliberalismo ha encontrado para seguir aumentando sus ganancias a costa de la explotación de las personas trabajadoras.Sin darnos cuenta, ya antes de la crisis sanitaria y gracias a los móviles, los nuevos lunes eran los domingos por la tarde. La robotización ha aumentado el beneficio empresarial, a pesar de que la tecnologización de los sistemas productivos ha sido sufragada con el dinero público de los Estados, pero las jornadas laborales siguen siendo tan intensivas como en el modelo fordista.

A España lo que le hace falta no es la extensión del teletrabajo, sino un cambio de modelo productivo que convierta al sector primario en protagonista y se reindustrialice de nuevo nuestra economía para tener que evitar comprar mascarillas en China porque en España sólo tenemos tiendas de venta con escaparates monísimos y sueldos bajísimos.

Es ilógico que se recolecte el algodón en un pueblo sevillano del Bajo Guadalquivir, enviarlo luego a Asia para su transformación en prendas de vestir y que vuelva a recorrer millones de kilómetros, con su huella de carbono y derechos laborales pisoteados por el camino, para ser vendidos en grandes centros comerciales o en una central de venta de Amazon.

Ninguna crisis ha sido superada pensando en cambiar las relaciones laborales, sino modificando la forma en que producimos y transformamos las materias primas. La crisis postcoronavirus no se solucionará enviando a todo el mundo a casa a trabajar, sino creando un tejido productivo tan esencial y competente que sea imposible producir desde un rincón del salón. Cuidado con soñar el teletrabajo porque es el sueño mojado del neoliberalismo y sus ideólogos, quienes quieren un universo laboral de individuos desconectados entre sí, sin derechos, sin sindicatos que los defiendan y ansiosos por el estrés de no saber en qué momento del día o lugar de la casa toca el ocio o la obligación.

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