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Análisis

La performance de Ayuso

El Museo del Prado no existiría en este turbocapitalismo madrileño en el que sólo es útil el pelotazo

díaz ayuso

Ha llegado el día. Comienza la campaña electoral en la Comunidad de Madrid tras las guerras púnicas de las derechas y la disolución del Parlamento autonómico por Isabel Díaz Ayuso. La antigua comunity manager del perro de Esperanza Aguirre, asesorada por el aznarista Miguel Ángel Rodríguez, echó a los consejeros de Ciudadanos del Gobierno regional, tras la moción de censura presentada en Murcia por los naranjas y el PSOE, para echarse en brazos de Vox.

A pesar de que el relato oficial comienza con la moción de censura y la expulsión de Ciudadanos del Ejecutivo madrileño, Ayuso lleva acariciando la posibilidad de convocar elecciones anticipadas desde los días más duros de la pandemia en los que se le rebeló el exconsejero de Políticas Sociales, Alberto Reyero (Ciudadanos), quien se negó a firmar la orden de no derivar a las personas mayores de las residencias a los hospitales.

Aquello derivó en que el consejero rebelde perdiera sus competencias en materia de residencias. El resultado fue que los abuelos se murieron como perros en las residencias de la  Comunidad, recogidos por la Unidad Militar de Emergencia (UME), mientras que Ayuso confrontaba con el Gobierno de España en lo que ya era el principio de su campaña electoral. Los dos años que lleva la discípula de Esperanza Aguirre al frente de la Comunidad de Madrid se han saldado con una inexistente actividad legislativa.

Una sola ley, para dar carta libre a constructores y especuladores en el afán de llenar Madrid de hormigón, es toda la actividad parlamentaria de Ayuso. Una sola ley y una grandilocuente nave industrial al lado de la T4 del Aeropuerto de Barajas que ahora es la localización principal de la propaganda electoral de la campaña electoral.

En el medio, la nada. Los dos años de Ayuso se reducen en propaganda, propaganda y más propaganda que ha sido casi retransmitida en directo. Mientras Ayuso tiraba más de 100 millones de euros en la nave industrial del Zendal, en lugar de abrir las alas cerradas de los hospitales en manos de fondos buitres, los medios de comunicación hablaban de sus chascarrillos.

Maquiavelo decía que gobernar es hacer creer y a eso se ha dedicado Ayuso, quien no ha tenido tiempo ni dinero para ayudar a la hostelería, a otras empresas de la economía productiva o a las familias más vulnerables de la Comunidad de Madrid, pero no le ha faltado ni un recurso para hacer creer. Inauguración de la nave industrial incluida, con la ayuda de unos medios de comunicación afines y subvencionados que la han venerado como si fuera Juana de Arco. Nunca nadie con tan pocas luces llegó tan lejos.

El despotismo ilustrado de Carlos III en el siglo XVIII dejó en herencia a los madrileños el Museo del Prado, Ayuso deja el Zendal para la eternidad. Con sus goteras, sus facturas sin pagar, su propaganda. Las constructoras que financiaron al PP en los casos Púnica, Lezo o Gürtel se lo agradecen. Ayuso podría ser la Carlos III del siglo XXI, pero no es ilustrada. Sólo es déspota.

Las élites de antes presumían de ser ilustradas, porque era lo que les diferenciaba de las clases populares que tenían prohibido su acceso a la educación formal. A los ricos de ahora les sobra la ilustración porque ya no da dinero ni diferenciación de clase. Ahora los coches de alta gama no van conducidos por gente ilustrada, sino por ricos cuyo único mérito es la herencia y hacer ostentación de sus privilegios. Los libros ya no dan estatus. Carlos III no podría ser rey en el Madrid de Ayuso. El Museo del Prado no existiría en este turbocapitalismo madrileño en el que sólo es útil el pelotazo. La burguesía antes aspiraba a la belleza, ahora saca más beneficios en las cloacas.

Madrid es la comunidad autónoma más rica de España, gracias al efecto capitalidad del país, pero es la región más desigual de España, la que menos invierte en educación o en sanidad, la que menos centros de salud tiene por 100.000 habitantes, la que tiene el mayor número de universidades privadas, la campeona en conciertos con la educación privada, la que más alumnos matriculados tiene en la concertada, y por tanto menos en la pública, la que tiene menos residencias de ancianos de titularidad pública y donde menos impuestos pagan los ricos.

Si los ricos no pagan impuestos, la democracia es una performance. No hay democracia sin igualdad. No hay libertad sin igualdad. La libertad sin igualdad, que es lo que propugna el despotismo desilustrado del ayusismo, es violencia. En dos semanas se abren las urnas y se decidirá si los madrileños y madrileñas están dispuestos a seguir estando gobernados por un régimen corrupto, sádico y sin complejos que ha prostituido hasta el significado de la libertad a base de propaganda, propaganda y propaganda.

 

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