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Opinión

La política no es cuestión de mofletes

En el simplificado lenguaje propio de las redes que llaman sociales y quizá puedan llegar a ser o están siendo ya asociales o antisociales en muchos casos, según el curso que le den sus usuarios, se llama "zasca" a la contestación rotunda y contundente que da una persona con proyección pública a otra con motivo de una determinada discusión o debate entre ellos.

El secretario general y diputado del Partido Popular en el Congreso quiso anteayer presentarle unos números muy inflados a la vicepresidenta tercera y ministra de Trabajo, y tuvo la réplica que se merecía por parte de esta. Es de una gran torpeza manejar datos obsoletos sobre el desempleo, pero mucho más si estos se corresponden con la gestión de gobierno de su propio partido bajo la batuta de M punto Rajoy y estos son bastante peores que los registrados con el actual ejecutivo, al que se pretende criticar en la persona de su ministra de Trabajo.

A la torpeza unió García Egea ese talante desfachatado e insultante del que viene abusando el Partido Popular para asemejarse a quienes son sus socios ultramontanos, sirviéndose unos y otros de la crisis sanitaria como instrumento de presión para acogotar al Gobierno, tal como está ocurriendo de modo tan prolongado como disparatado y deleznable en la Comunidad de Madrid.

Creo que la respuesta de Yolanda Díaz merece la relevancia que se le dio como “zasca” por su rigor, concisión y expresión, propias de quien se ha tomado muy en serio el cargo que ocupa en una de las circunstancias históricas más adversas que ha vivido este país en muchos años. Si esta contestación tuvo lo que hay que tener en estos casos, no menos significativo me pareció la expresión del rostro de la ministra mientras escuchaba a don Teodoro. Esa expresión la conocíamos de antes, cuando un diputado de ese mismo partido evacuó en la tribuna uno de esos regüeldos machistas de rancia hechura biliar a propósito de una coleta.

Tanto en un caso como en el otro, tal como la señora Díaz glosó ese mismo día en El Intermedio, lo que reflejaba la expresión de su cara, medio oculta tras la mascarilla, era una mezcla de perplejidad, hartazgo y tristeza ante la reiterada, simple, falaz, gritona y faltona línea de oposición del Partido Popular, incapaz de salirse del manejo de la máquina del lodo que puso en acción desde que no supo admitir su derrota en las urnas y todo su objetivo fue y sigue siendo competir con la ultraderecha en una permanente y airada avidez desestabilizadora.

Es muy poco estimulante para el debate de ideas y proyectos en el que se debe basar una política parlamentaria constructiva, en una coyuntura tan adversa como la que vive este país desde hace un año con el azote de la pandemia contabilizando cientos de víctimas día tras día, tener el convencimiento de que el secretario general del principal partido de la oposición solo podría rebatir con solvencia a Yolanda Díaz aventando aceitunas con los mofletes hinchados de pundonor.

Por el contrario, este país podría ser el que no pocos queremos si la hija del sindicalista Suso Díaz  llegase algún día a La Moncloa.  

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Carlos Primero de los Míos

    18 de abril de 2021 11:40 at 11:40

    Es desesperante y a la vez vergonzoso saberse compatriota de esos individuos insultadores y poco o nada edificantes que tenemos en los partidos de la derecha española (que envidia de alemanes, por ejemplo).
    También voy a incluir a sus votantes, con los que convivo y sufro a diario, que han escogido el mismo camino como bocachanclas mentirosos y bastante tontunos. Un saludo republicano.

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