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Política

La primera gran ceremonia de Estado no religiosa en España

El Gobierno de coalición parece decidido a marcar distancias entre el Estado y la Iglesia católica, una asignatura pendiente desde hace unas cuantas décadas

La primera gran ceremonia de Estado no religiosa en España
Miembros del Gobierno de coalición y otras personalidades, durante la ceremonia civil de Estado de este jueves en Madrid

La solemne ceremonia civil en memoria de las víctimas de la pandemia de COVID-19 –organizada por el Gobierno de coalición, presidida por el jefe del Estado, Felipe VI, y que ha reunido a cerca de 400 personas este jueves en el Palacio Real de Madrid– no tiene precedentes en España, y es que se trata de la primera gran ceremonia de Estado no religiosa, al menos en lo que va de régimen del 78.

Según fuentes de la Vicepresidencia primera del Ejecutivo consultadas por LUH, el presidente, Pedro Sánchez, encargó a la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, la organización de una “ceremonia civil de Estado” tanto de “homenaje a los fallecidos y a sus familias” como de “reconocimiento a todos aquellos colectivos que han permitido que, durante el estado de alarma, siguieran funcionando el país y la ciudadanía”. Una ceremonia de la que “no había precedentes”, por lo que se tuvo que “partir de cero”, han informado las mismas fuentes, que han destacado que “todos los poderes del Estado” han estado este jueves en Madrid “rindiendo ese homenaje y ese reconocimiento”.

La Constitución de 1978 optó por la aconfesionalidad del Estado, una especie de fórmula intermedia entre el tradicional catolicismo del Estado español y el laicismo de la II República, aplastada por el golpe de Estado franquista con la estrecha colaboración de los nazis alemanes, de los fascistas italianos y también de los obispos españoles de la época, que apoyaron y llegaron a calificar de “cruzada” aquel golpe de Estado y el genocidio subsiguiente.

Franco murió en 1975 y lo sustituyó en la Jefatura del Estado Juan Carlos I, que tres años después promulgaba esa Constitución, cuyo artículo 16.3 establece que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”. No obstante, a continuación el propio artículo 16.3 otorga ya preeminencia a la Iglesia católica, al determinar que los poderes públicos “tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española” y “mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones”. Demás confesiones a las que ni siquiera se cita, sólo se cita a la Iglesia católica. Tras casi cuatro décadas de nacionalcatolicismo oficial, en 1978 la mayoría de la población del Estado español era católica, pero más de cuatro décadas después tanto los ateos y agnósticos como los fieles de otras religiones han ganado peso en la sociedad.

Todos menos Vox y Felipe González

Además del Ejecutivo en pleno, representantes de todos los poderes del Estado, de la UE y de otras organizaciones internacionales, todos los presidentes autonómicos, representantes de todas las fuerzas parlamentarias de ámbito estatal excepto Vox y todos los expresidentes del Gobierno central vivos excepto Felipe González, en la ceremonia de este jueves en Madrid han estado representadas diversas confesiones religiosas, entre ellas la Iglesia católica. Eso sí, como una confesión más. En la ceremonia de este jueves no ha hablado ningún obispo. Sí lo ha hecho el actor José Sacristán, que ha leído el poema ‘Silencio’, de Octavio Paz.

Hasta la abdicación de Juan Carlos I en su hijo Felipe VI en 2014, el Estado no dio a los presidentes, ministros y altos cargos del Estado que prometen o juran sus cargos en el Palacio de la Zarzuela la posibilidad de hacerlo sin la presencia de la Biblia y un crucifijo. Fuentes de la Casa Real explicaron entonces que se trataba de dar cumplimiento a lo establecido en la Constitución en materia de libertad religiosa, reconociendo tácitamente que hasta entonces –36 años después de la promulgación de la Constitución– no se había dado cumplimiento a lo establecido en la Constitución en materia de libertad religiosa.

A la ceremonia de este jueves en Madrid no ha asistido el presidente de la Conferencia Episcopal Española, el cardenal Juan José Omella; representando a la CEE ha estado su vicepresidente, el cardenal Carlos Osoro. Y es que a los obispos españoles no les gustó que el Gobierno de coalición enviara a su vicepresidenta primera, Carmen Calvo, –y no a su presidente, Pedro Sánchez– a la misa funeral católica, también en memoria de las víctimas del COVID-19, organizada por la CEE y concelebrada por más de 30 obispos el pasado 6 de julio en la Catedral de la Almudena de Madrid. A esa ceremonia no asistió Sánchez pero sí lo hizo Felipe VI, algo que, entre otras cosas por su cercanía en el tiempo con la ceremonia civil de este jueves, no gustó en el Gobierno de coalición, decidido a marcar distancias entre el Estado y la Iglesia católica, una asignatura pendiente desde hace unas cuantas décadas.

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