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La revolución de los Cayetanos y los Joses

Un artículo de Censored Jules

La revolución de los Cayetanos y los Joses

Se veía venir. El periodo de confinamiento estaba transcurriendo con una extraña tranquilidad, pero la “antigua normalidad” ya ha comenzado a abrirse paso. En las primeras semanas tras decretarse el estado de alarma, los principales partidos de la oposición parecieron jugar un papel bastante pasivo, seguramente al entender que un movimiento erróneo, en una situación crítica e histórica como la que se estaba viviendo, podría tener graves consecuencias para ellos en los próximos años. El Partido Popular, dirigido por Pablo Casado (edición barba y gafas), decidió inicialmente elegir la interfaz de la “responsabilidad de Estado”, intentando suavizar el tono que venía mostrando contra el Gobierno los últimos meses y mostrando el apoyo “a pesar de”, “pero por España”. En Vox, las cosas no empezaron como les habría gustado. El positivo por covid-19 de su secretario general, Ortega Smith, y su asistencia al acto organizado por el partido en Vistalegre el mismo 8 de marzo –en el cual fue besando y abrazando a todo aquel con el que se cruzaba–, les obligó a tener que mantener una posición inicial calmada y a no poder utilizar en demasía la baza de criminalizar el 8M. Parecía que se hubiera producido una suerte de pacto de no agresión que a todos convenía en esos momentos iniciales.

Con el paso de las semanas, la presión sobre el Gobierno comenzó a subir. La cifra de fallecidos iba creciendo, la tensión en los ciudadanos –que veían pasar los días encerrados en sus casas– iba aumentando, y la derecha mediática comenzó a lanzar ataques cada vez más feroces contra el Gobierno de Pedro Sánchez, calificando a algunos de sus miembros como “asesinos” o “sepultureros”. En este periodo, el tertuliano Javier Negre lanzó su propio canal de Youtube en el que reunió a un elenco de políticos, economistas, youtubers, toreros y artistas en decadencia, para lanzar todo tipo de exabruptos contra la gestión del Gobierno y contra los propios miembros. Un Gobierno al que denominó como “el Gobierno del bulo”, utilizando esta denominación como una muletilla en cada una de sus intervenciones sobre el mismo. Llama la atención, por cierto, esta fijación de Negre por acusar al Gobierno de esparcir bulos, especialmente si tenemos en cuenta las distintas “experiencias judiciales” en las que se ha viso inmerso con motivo de su labor “periodística”, y que una de sus principales colaboradoras es Cristina Seguí, periodista de ‘okdiario’ experta en la propagación de bulos; pero este es otro tema que da para hilo de Twitter.

El huevo o la gallina. Los partidos de la oposición dando la orden a los medios o los medios de comunicación presionando a los partidos de la oposición. La única certeza es que las distintas circunstancias mencionadas anteriormente conformaron el caldo de cultivo para que se iniciasen las primeras protestas contra el Gobierno. La primera de ellas fue la “cacerolada” contra el vicepresidente Pablo Iglesias, orquestada a través de las redes sociales y difundida, entre otros, por el líder de Vox, Santiago Abascal, la cual fue seguida por una “manifestación online” a la que se unieron miles de personas y de bots. Camufladas como “protestas organizadas espontáneamente por ciudadanos anónimos”, las protestas de la extrema derecha continuaron organizándose y difundiéndose a través de políticos y periodistas afines, intentando calar un nuevo mensaje entre sus seguidores: “Se ha instaurado una dictadura”.

Y con el permiso para salir a dar un paseo y a hacer deporte, llegaron las “caceroladas” en las calles. Y pudimos verles las caras. Con la calle Núñez de Balboa como punto neurálgico y con la connivencia de quienes se deberían encargar de velar por la seguridad y la salud pública, comenzaron a reunirse decenas de personas en distintos barrios de Madrid para transmitir dos mensajes principalmente: “el Gobierno mata” y “el Gobierno nos ha quitado la libertad”. En cuanto al primer mensaje, más allá de la barbaridad de la acusación, llama la atención que, sabiendo que la mejor medida preventiva contra el covid-19 es la distancia de seguridad, la forma de protestar contra “las muertes del Gobierno” sea saliendo a la calle sin respetar ningún tipo de medida de seguridad en cuanto a dicho distanciamiento. Respecto al segundo mensaje, de nuevo es bastante llamativa la incongruencia del mismo con el propio comportamiento, ya que estas personas se están concentrando y lanzando sus proclamas en la calle, en pleno estado de alarma y con total tranquilidad, a pesar de que están poniendo en riesgo su salud y la de toda la ciudadanía. Curiosa “dictadura”.

Pues bien, estas protestas son las que han sido denominadas como “la revolución de los Cayetanos” y creo sinceramente que el término no recoge a la totalidad de personas que se han adherido a ellas. Hace unos días Sara Serrano publicaba una radiografía de la composición de clase de Vox en la que presenta perfectamente a estos Cayetanos de apellidos compuestos que suponen la cara más visible de estas protestas. Pero al igual que ocurre en Vox, en estas protestas también hay un grupo de personas que no son Cayetanos: los tradicionalmente llamados “obreros de derechas”. Personas con un nivel económico medio o bajo, que llevan toda la vida votando a partidos de derechas y que encuentran en las banderas y sus derivados, motivos suficientes para adherirse a partidos cuyas propuestas van dirigidas a perpetuar las diferencias económicas entre clases. Y esto es lo realmente trágico. Porque los Cayetanos son los listos que están ahí para defender lo suyo; pero los “Joses” solo están ahí para defender lo de los Cayetanos.

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