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Opinión

Las burbujas de comunicación hacia el control del pensamiento

"El medio es el mensaje" Marshall McLuhan 

Las burbujas de comunicación aniquilan toda creación personal y tribalizan a una sociedad donde el entendimiento intergrupal resulta tan imposible como el debate transversal. En ellas, cada individuo debe permanecer en su lugar, pensar y hacer lo que se espera de él. Un mundo de posverdad, construido a medida de las burbujas sociales diseñadas para el control grupal. Además, es un modo de dividir y enfrentar colectivos, de manera de facilitar su manipulación y acatamiento a las consignas de su ideario. En realidad, es una manera de desactivar las sinergias sociales necesarias para que se produzcan los cambios que perfeccionan a una sociedad dinámica.

Si bien era conocido que las audiencias y lectores acudían a los medios que reafirmaban sus convicciones previas, la aparición de la web ha facilitado la creación de espacios que agruparon a los individuos con afinidades ideológicas en las burbujas informativas e ideológicas. Ello confirma que estas ya existían.

Antes de las publicaciones digitales vía web se leía el periódico que más se ajustaba a los valores que definían “nuestro mundo”. Del mismo modo, escuchábamos la los programas de radio que reafirmaban mejor nuestras creencias. Igualmente, se seleccionaban los contenidos televisivos y radiofónicos en función de cada gusto. Inclusive, se participaba en asociaciones y colectivos civiles que representaban los ideales de grupo. Se frecuentaban los espacios donde se sentía la comodidad del pensamiento común. Toda la vida personal se construía a partir de grandes burbujas. Esto confirma que las redes no son responsables de las burbujas informativas ni de la división social. Ambas ya existían antes de las redes. Pero, construíamos nuestra percepción de lo real en la soledad de nuestra burbuja

Según los actuales estudios, en el siglo XXI, las reglas del juego han cambiado. La información, o desinformación, llega de forma creciente a través de otro tipo de cámaras de eco. Se caracterizan por ser ruidosas, aceleradas y multitudinarias. Estas burbujas digitales no sitúan en un bando ideológico porque casi con seguridad los integrantes ya lo estaban antes su penetración en ellas. Aunque su efecto se centre en el refuerzo y la radicalización de las posiciones previas. Se fortalece de este modo el sentimiento de pertenencia a un grupo incrementando la distancia con los grupos contrarios. Se producen así universos sociales simbólica y efectivamente violentos. De confrontación. El consenso no es posible. Las burbujas digitales nos llevan hacia los extremos y cambian las formas de representación del mundo.

El activista Eli Pariser introdujo el concepto de “filtro burbuja” para explicar la construcción de nichos ideológicos en Internet. Los grandes gestores del Big Data filtran la información según los deseos que las actividades en redes detectan. Así, gran parte de las investigaciones sobre la desinformación se han dedicado a describir como estos usuarios de redes se encierran en estas “cámaras de eco ideológicas”. La tesis de Pariser, conocida hace años, define ya que desde 2009 vivimos en una nueva era de internet. Cuando Google “personalizó” los contenidos a ofrecer a sus usuarios.

Así, actualmente, las grandes empresas digitales como Google, Facebook, Netflix, Amazon, y otras, personalizan con cada vez más precisión los contenidos ofrecidos en función de las preferencias de cada usuario de dichas redes. Así, los algoritmos que utilizan en sus redes les permiten recopilar todos los rastros de información digital que va dejando cada usuario. Los sistemas van aprendiendo sobre los gustos y preferencias para ofrecer a cada uno, en tiempo real, una visión del mundo ajustada a sus preferencias. De este modo también consolidan creencias afines a intereses económicos, políticos o religiosos.

Un mismo término introducido por dos personas distintas en un motor de búsqueda no arrojará ni la misma cantidad ni los mismos resultados para una y para otra. Esto es, porque los adaptará en función de lo que conoce de cada una de esas personas, gustos personales, creencias, orientación ideológica, nivel de renta y otras. Esto lo define Pariser como el “filtro burbuja”, que no es otra cosa que una selección personalizada de la información que recibirá cada individuo. De este modo, sutilmente, le introduce en una burbuja adaptada a él. Así se encontrará cómodo y a la vez aislado de las de los demás. La imagen de una Net de numerosas fuentes de información objetiva para todos, queda diluida. Con ello, la capacidad crítica de los usuarios manipulados. El control del pensamiento se consuma.

Asimismo, cada burbuja digital llevará a otras burbujas que tienden a reproducir su mismo sesgo ideológico. Con mensajes diseñados por los llamados influencers que condicionan las actitudes. Esta es la dimensión de la guerra de la comunicación que se libra en estos tiempos. La de la postverdad. La de la mentira. La del control del pensamiento.

Sé consciente. Formas parte de ella.

 

 

 

 

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