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Madrid

Las comparaciones son odiosas (al menos para Ayuso)

Utilizar la crítica como arma arrojadiza solo contra el Ejecutivo del color que menos nos guste es más una estrategia política que un pensamiento razonado y crítico

comparaciones odiosas

“Todos los días hay atropellos y por eso no prohibes los coches”. Una de las tantas declaraciones de la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Díaz Ayuso, que nos podría servir para resumir cuál ha sido su papel en la crisis sanitaria del COVID-19. Declaraciones que la han posicionado como uno de los actores políticos más discrepantes contra el Gobierno central, contra el que confrontó desde el primer momento.

Es evidente que, ante una amenaza como esta contra la que estamos luchando, no había ningún manual, y que pilló a prácticamente todas las Administraciones del mundo “en calzoncillos”, hablando mal y claro. Estados Unidos, un país que cuenta hasta con un protocolo detallado de actuación para el avistamiento de OVNIS en el cielo, no supo actuar a tiempo y, de hecho, todavía continúa sin tomar muchas de las medidas ya extendidas en muchos otros países como España.

De ahí que la crítica de la falta de planificación y de previsión ante un problema como este, del cual ya nos venían alertando muchas y muchos expertos, sea una cuestión generalizada a prácticamente la totalidad de los Gobiernos, sean de este país o de otro. Utilizar esta crítica como arma arrojadiza solo contra el Ejecutivo del color que menos nos guste es más una estrategia política que un pensamiento razonado y crítico.

No obstante, con el avance de la pandemia y las pruebas-error de los distintos Gobiernos, sí podemos empezar a trazar ciertas comparaciones entre algunos de ellos, en función de cómo se han ido adaptando a esta crisis con el paso del tiempo. Una comparación que no puedo evitar hacer es la del Gobierno madrileño de Díaz Ayuso (por su sobreexposición mediática) con la del Gobierno de mi comunidad, la Generalitat Valenciana. Y ya os adelanto que el gobierno valenciano sale muy bien parado de estas comparaciones.

Por ejemplo, en educación, todos los territorios de nuestro país han tenido que tomar medidas a raíz de la llegada del SARS-CoV-2 en España. En un momento en el que no conocíamos nada del virus, se vio apropiado mandar a las y los estudiantes a sus casas para tratar de frenar la expansión ya descontrolada del virus entre la ciudadanía.

La primera en hacerlo fue la Comunidad de Madrid, si bien lo hizo de forma descoordinada del resto de territorios, provocando problemas de conciliación familiar. ¿Solución? Que Telepizza reparta a todo el alumnado madrileño el menú diario de comidas. No fueron pocas las y los nutricionistas que salieron, junto a madres y padres, a criticar esta medida adoptada. Evidentemente no todos los días había pizza para comer (solo faltaba), pero esta empresa no es conocida por tener una amplia gama de productos saludables entre sus ofertas, por lo que variedad no es sinónimo de calidad, en este caso. Si esta medida te parece mal, no te entiendo. ¿A quién puede dejar insatisfecho las explicaciones de Ayuso, cuando afirma que “al cien por cien de los niños les encanta la pizza”? Jaque mate, rojos modernos. Lo del healthy food son tonterías posmodernas.

Mientras tanto, donde se encuentra lo que ellos mal llaman “el levante”, la Generalitat Valenciana, que también terminó cerrando los colegios, ofreció bonos y vales de descuento en comidas a las familias beneficiarias de la ayuda del comedor. Un total de 3.500.000 € para comprar en la cooperativa valenciana Consum aquellos productos elegidos por las familias de cerca de 60.000 alumnas y alumnos. Y, oye, que si querían comprar una pizza, podían hacerlo. Solo que en este caso también tenían una amplia gama de productos saludables a su disposición.

En materia de vivienda, ¿recordáis el turbio caso de Room Mate en la Comunidad de Madrid? No se ha vuelto a hablar mucho de ello. Os pongo en contexto: una cadena de hoteles y apartamentos ofrece durante los primeros días de la pandemia medicalizar 2 de sus establecimientos para permitir que las y los sanitarios que lo requiriesen pudieran descansar en sus habitaciones y así no convivir con nadie en casa, frenando el riesgo de contagio. Hasta aquí parece que todo bien. “Colaboración público-privada”, lo llamaba Ayuso.

Ahora bien, el término “colaboración” empieza a ponerse en duda cuando semanas después aparece en el Portal de Contratación de la Comunidad de Madrid un contrato con Room Mate que fue manipulado hasta 4 veces, apareciendo en cada una de ellas un importe distinto, de los 275.000 euros iniciales hasta los 240.000 euros adjudicados (parece) finalmente, pasando por el presupuestado de 806.000 euros y por el publicado “erróneamente” de 565.000 €. ¿Colaborar o vender sus servicios? Se dijo, o como mínimo se dio a entender, que esos hoteles serían una especie de “donación” de Room Mate y su dueño Kike Sarasola. No fue así, hasta el punto que la propia Ayuso alquiló 2 de sus habitaciones durante su cuarentena. Pagando, claro.

Y hasta aquí las medidas en materia de vivienda por parte de la CAM durante la pandemia (y menos mal que no tuvieron más ocurrencias de este tipo). ¿Qué ha hecho la Generalitat Valenciana? Pues un plan sumamente más ambicioso: la Vicepresidencia Segunda y la Conselleria de Vivienda, lideradas por Rubén Martínez Dalmau, ha aprobado un innovador decreto de tanteo y retracto en materia de vivienda, otorgando a la Administración valenciana la potestad de quedarse viviendas subastadas por impago de hipoteca, transmitidas por dación en pago o edificios que se vayan a vender, permitiendo que se aumente así la flota de viviendas públicas de la Comunitat Valenciana, facilitando el acceso a las personas que, hoy más que nunca, lo tienen muy difícil. Una norma que ha sido calificada como “histórica”, con la que se espera movilizar 20.000 viviendas para aumentar la oferta y que se reduzcan los precios que hay en la actualidad.

Alguien podría decirnos que hemos escogido aquellas políticas que mejor nos venían para comparar. Uno de los defectos de este tipo de artículos es que tienes que condensar mucha información en muy pocas líneas. Hemos tenido que seleccionar unos pocos ejemplos de los que hemos trabajado, aquellos que nos parecían más interesantes para el lector. No obstante, como hemos indicado, a este artículo lo precede un completo trabajo de investigación de casi una veintena de políticas que nos ha llevado a afirmar la tesis de este texto: el Gobierno valenciano ha sabido adaptarse con mucha mayor rapidez y solvencia a la crisis del coronavirus que el Gobierno madrileño. Medidas que hemos estudiado de ambos gobiernos autonómicos en materia de sanidad, de educación, de vivienda, de empleo, de protección social y de prevención y concienciación, así lo demuestran. Si algún lector cree que no es así, invitamos a que se genere un debate. Tenemos la suficiente información para demostrar que no mentimos.

¿Por qué, pues, Ayuso ha decidido mantener ese perfil tan alto de confrontación contra el Gobierno estatal? El debate está encima de la mesa, pero lo que está claro es que ha querido aprovechar esta oportunidad para crearse un perfil político fuerte que estuviera en disposición de enfrentarse contra el Ejecutivo nacional.

Ha preferido utilizar la pandemia para conseguir rédito político que para aunar fuerzas contra el virus, al contrario que su compañero Martínez Almeida, que encarnó un perfil mucho más moderado. Durante muchos meses la hemos visto aparecer mucho más que al líder de la oposición, Pablo Casado, algo motivado por la escasa actividad parlamentaria durante los primeros momentos de la pandemia. Ayuso tomó las riendas de la oposición popular. Es aquí donde las especulaciones toman forma: ¿lo hizo de motu propio para encauzar una carrera en la política nacional, enfrentándose al Gobierno, o lo hizo por petición propia de Pablo Casado, consciente de su bajo impacto mediático en ese momento?

Lo cierto es que si a alguien ha premiado el líder de los populares hace poco, no ha sido a la Presidenta, sino al Alcalde de Madrid, nombrado recientemente Portavoz nacional delPP, con unas formas y actuaciones mucho más moderadas. ¿Estará Ayuso pensando en una carrera hacia la Moncloa o fue solo una estrategia defensiva para tapar su “mejorable” gestión en Madrid? Solo el futuro puede acertar esta pregunta. Y, lectoras y lectores, puede que ese futuro no esté tan lejano.

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